Archivos Mensuales: abril 2015

[Project #642] Subject 245

Task: Write a story that ends with the line
“And this is the room where it happened”.

 

 

 

 

 

 

“No sé por qué lo hago”, me dijo. “¿No te ha pasado que has avanzado tanto en una dirección que sientes que simplemente es imposible regresar? ¿Que el sólo pensarlo es agotador?”. Claudio continuó lamentando la ausencia de sus padres por casi veinticinco minutos. Ridículo, pensé. Los tiene ahí, están vivos y prestos a escucharlo. Sé por la propia señora Oviedo que lo extraña a rabiar y busca cualquier excusa para llamarlo y escuchar su voz. No puedo sentir lástima por él. “Lo peor de todo”, concluyó peleando con las lágrimas en sus ojos, “es que sé que pronto estarán muertos y será demasiado tarde. Aún así, no puedo dar mi brazo a torcer”. Como una persona que perdió ya a ambos padres, escuchar a alguien que los tiene a la mano decir que “no sabe cómo dar marcha atrás” me resulta extremadamente irritante. Así sea mi mejor amigo. “No nos tocábamos, ¿sabes? No éramos una de esas familias que se tocan”. Cry me a river, you goddamn brat. Ahora, sentado en Brasil, no puedo creer que así haya pasado mi último día en Lima.

La noche era cálida en Sāo Paulo y los viejos sistemas de aire acondicionado temblaban al lado de edificios polvorientos. Dream Café estaba cerrado cuando llegué, una nueva pinta adornaba el portón metálico. Nueva para mí al menos. Habían pasado varios años desde la última vez que pisé está ciudad. Me senté a tomar una cerveza en el restaurante del frente mientras esperaba a Paloma y vi a los muchachos guapos pasar. Los conductores en este lugar están todos locos. No podría vivir aquí de nuevo. Tal grado de desprecio al peatón se me hace inconcebible in this day and age. Cada vez que regreso a Sudamérica siento que es peor de lo que recordaba; sin embargo, me siento siempre muy en casa. Me pasa lo mismo con Lima. Es un viaje en el tiempo a una era oscura. Los curas bien podrían estar quemando libros en la plaza Mayor. Inmediatamente extraño Nueva York y me pido otra cerveja Original. Honestamente, sabe a mierda, pero me queda una hora más de espera y pocos reales.

He olvidado todo el portugués que sabía. Cuando mi madre dejó a mi padre, yo tenía aún catorce años. Cuando mi madre dejó el Perú, ya tenía quince. Cuando dejé a mi padre para vivir con mi mamá, estaba apunto de cumplir dieciséis. Aprendí un portugués fugaz para acabar la secundaria. Debí haber terminado entre los peores de la promoción; sin embargo, mi español e inglés eran excelentes y gané varios concursos para el colegio. Digamos que después de eso fueron bastante… uh, flexibles conmigo. Un año más tarde, me defendía pero no era suficiente para mí. Alguna vez alguien me dijo que la ventana para aprender bien un idioma se reducía considerablemente a partir de los trece años. Yo empecé el inglés a los ocho y español desde siempre, un año de portugués en mis late teens no me permitía ser excelente en ello. And you know me, si no voy a ser el mejor, I’m not going to play at all.

Paloma y yo nos conocimos en la escuela y nos hicimos amigos de inmediato. Ambos veníamos de hogares rotos, de países hispanohablantes y, en lo que a nuestros compañeros competía, de una genética cuestionable. Déjenme decirles algo sobre nuestro colegio: everyone was fucking gorgeous. Uno creería que fue fundada por Derek Zoolander, porque todos eran ridículamente hermosos. ¿Quién dijo que la adolescencia era una etapa difícil? No en este laboratorio de súper modelos. Jamás le vi un grano a nadie, un mal corte de pelo o un bigotillo ralo. Las chicas se acostaban y levantaban con melenas fabulosas, y los hombres pasaban de no tener un pelo a tener la barba perfecta. Perfectly-blown beach hair and five o’clock shadows all around. Paloma, la colombiana, y yo, el peruano, éramos los únicos que no parecíamos adultos de dos metros. We actually looked our age. Una buena mierda cuando vas a una escuela que tiene pasarelas en lugar de pasillos. Pero no nos compadezcan, eventualmente tuvimos nuestros respectivos levantes. And scoring in our school meant fooling around with gods.

Cuando volví a Perú, nos escribimos cartas físicas cada semana por un año antes de rendirnos al email. De hecho, durante los últimos meses, nos enviábamos emails entre carta y carta y finalmente decidimos que la inmediatez era más importante que ser románticos y diferentes. Quisimos mantener nuestro periodo Beaches para siempre, pero la modernidad nos ganó. Sin mencionar que el correo en ambos países dejaba mucho que desear. Nos visitamos sólo un par de veces durante los años, pero nos mantuvimos siempre al tanto de todos los hitos que habíamos de conocer. La última vez que nos vimos fue cuando cumplí mi primer año en Nueva York y fue a visitarme. It’s been three full years. Ahora soy profesor universitario y ella está apunto de casarse. Empecé a sentirme algo nervioso hasta que la bulla de la mesa de al lado me recordó que alguna vez viví aquí. “Passei todo o fim de semana na praia!“, gritó el más gordo de la mesa. No sé por qué, pero me calmó de golpe.

Estaba terminando mi tercer vaso de cerveza cuando llegó Paloma. “Claudio Oviedo me dijo que te vio anoche, antes de tu vuelo a Sāo Paulo”, fue lo primero que salió de su boca. “Ugh, ni me lo recuerdes”, respondí sin perder un segundo. “Hola, ¿no?”, continué mientras me paraba de la mesa con los brazos extendidos. Paloma me dio un fuerte abrazo y me tocó el culo. “Todo en su lugar, muy bien”, guiñó el ojo derecho. “Los gomelos  no tendrían nada que hablar si le vieran”. Sonreí. “¿Ya pagó o pensaba hacer conejo?”. Me tomó un segundo recordar lo que eso significaba. “Vives en Sāo Paulo hace quince años y te vas a casar con un alemán, ¡explícame cómo mantienes intacta tu jerga colombiana!”, reí. “Ay, chato, hay cosas que no se olvidan. Venga, vamos para la casa”.

El departamento que Paloma compartía con su prometido estaba en un pequeño condominio en Frei Caneca, a unas cuantas calles del departamento que yo le conocí cuando era soltera. Cruzamos dos portones antes de llegar a la puerta del edificio, ninguno parecía poder abrirse remotamente. “¿Siempre tienes que bajar a abrir la puerta?”, pregunté. “Sí, ¿puede creer? Estos manes no han remodelado ni medio metro del edificio. Pero lo mantienen bien y los ascensores andan perfecto aunque sean antiguos, eso sí. Pero ni citófono ni nada”, rodó los ojos. De pronto caí en cuenta de lo que me había dicho cuando llegó. “¿Qué diablos hacías hablando con Claudio?”, indagué. “Me escribió por Facebook, a mí también se me hizo raro. Solo me dijo que habían estado juntos y ‘que se diviertan’ y todo eso. ¿Se acostaron?”. “Come off it, jamás”, un ligero escalofrío se disparó en mi espalda. “Pues no sé, ustedes son bien raros”. “Cambiemos de tema”, le rogué.

Al ingresar a su nuevo hogar, tuve la sensación de haberlo visto antes. “¿Sabes que creo que me he acostado con alguien en este edificio? Se me hace muy familiar”. Paloma estalló en carcajadas, dado que había pasado mucho tiempo desde la última vez que yo había puesto un pie aquí. “Por supuesto que se pichó a alguien acá, cómo no”, me dijo. Me alcanzó un vaso con agua y me hizo el gran tour del departamento. Definitivamente había estado en alguna de estas unidades antes. ¿O quizá todos los departamentos en Frei Caneca se parecían? El nombre de la calle also rang a bell for me. “¡Tiene que ver la vista del estudio!”, gritó emocionada. “Solía ser el cuarto de Kellen antes de que yo me mude, pero me molestaba el ruido así que pasamos el dormitorio al otro lado del departamento”. La vista. La vista. ¡La vista! Una llave en la cerradura. “Oi, querida“, se escuchó desde la entrada. “Oi, estou aqui com Patrick. Venha!“, respondió Paloma. Incluso antes de ver a Kellen, lo supe. I had been here before. Esto, efectivamente, no era un estudio, sino el cuarto de un alemán desquiciado muchos años atrás. La cama estaba ahí. La mesa de noche, ahí. Nuestra ropa, aquí, al pie de la cama. La pipa llena de yerba, junto a la ventana. Empecé a sudar. Esta fue la pared contra la cual me arrojó, tomado del cuello. Aquí estaba la silla con la que me golpeé el dedo gordo del pie tratando de reincorporarme. Esa fue la única vez que realmente tuve miedo mientras alguien me besaba, and this is the room where it happened.

 

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