Archivos Mensuales: febrero 2015

[Project #642] Subject 102

Task: Start a story with the line
“When I confronted him, he denied that he’d ever said it”





Cuando lo confronté, negó haberlo dicho nunca. Había pasado casi dos años desde aquel incidente y tres desde que nos dirigimos la palabra por última vez. Supongo que era mucho pedir que recuerde cuán hijo de puta había sido dos años atrás. No obstante, inmediatamente después se excusó. “Y si se lo dije, fue porque estaba dolido”. ¡Dolido! ¿Él estaba dolido? That’s rich. Yo era un niño, tenía diecisiete cuando lo conocí. Nunca había besado a otro chico antes, mucho menos me había enamorado de uno. Estuvimos juntos intermitentemente por dos años, durante los cuales arruinó sistemáticamente mi vida, dándome migajas de lo que pensé que quería para quitarme a raudales lo que él necesitaba. Me tuvo atado a sus pies cuando nadie más lo soportaba y me soltó la correa cuando quiso tener las libertades de las que yo me privaba. “Dolido”. Qué hijo de puta.

Puede que sea solo mi experiencia, así que les pregunto… ¿los cortes del primer amor son siempre tan profundos y violentos? The first cut is the deepest? Try the nastiest. No hubo nada limpio en esa incisión. Dos años perdidos. Nunca volví a ser tan feliz de nuevo o sentirme menos miserable después. Eres una herida que cicatrizó mal y ahora estoy obligado a llevarte a todas partes. I am now 85% scar tissue and nothing feels quite the same. Deslizo las manos por donde has pasado y se siente… áspero, irregular, mal soldado. La primera vez que Efraín me dijo que me amaba, se fue a casa con una puta de mierda que conoció en esa misma discoteca. Me lo dijo a oscuras, bajo la escalera, lejos de todos. Me dio un beso y se fue. Cuando me reincorporé, ya estaba levantándose a una cojuda para guardar las apariencias. Me hubiera gustado decir que me fui y ese fue el final, pero me quedé.

Efraín era cinco años mayor que yo y había tomado la decisión consciente de dejarme ganar algunas batallas pero no la guerra. Sabía desde el inicio que solo jugaría conmigo, porque ser maricón “no era parte de su plan”. Yo lo descifré rápidamente; pero tan pronto como descodifiqué el código, lo deseché. Como quien había visto trazada la ruta de su propia muerte. ¿Por qué querría saber esto? ¡No, no, déjenme volver al resguardo de mi esperanza ignorante! Quiero volver a creer en que es posible que llegue a la misma conclusión que yo, que ser gay en Lima es una mierda, pero que nosotros podíamos hacerlo funcionar. Que era cierto que nos conocimos mucho antes, de niños, en el hospital, cuando nos peleamos por unos caballos de plástico y me hizo llorar. Un recuerdo nebuloso que ambos compartíamos sin explicación alguna y me hacía creer que era mi destino. Why can’t we just go back to that?

Cuando lo conocí, yo también estaba en el clóset. Me había admitido a mí mismo que era gay, pero a nadie más. No había hecho nada al respecto, nunca lo había dicho en voz alta y temía las consecuencias de hacerlo. Pero yo era un adolescente, recién salido del colegio y aún menor de edad. El tenía 22 años, estaba a un año y medio de terminar la carrera, era jefe de práctica, según yo un adulto a todas luces. So really, what’s his fucking excuse? A la mañana siguiente, después del primer beso, yo estaba listo para gritarlo por las azoteas; ¿por qué él no? Me había quedado a dormir en su casa y luego de conversar por horas, como muchas noches antes, apagó las luces y se fue acercando, hablando cada vez más suave, más despacio. De pronto las palabras se arrastraban de sus labios acariciando los míos. “Creo que es evidente lo que va a pasar”, susurró directamente en mi boca. Lo que sucedió después se asemeja más a una guerra o un exorcismo que a un beso. The violence of it, the rage, it wouldn’t stop ‘til morning. ¿Cómo podría no quererme después de algo así?

Pero así era. No me quería. Lo sentía en ese nudo en mis tripas que se retorcía más y más cada vez que lo veía llegar y partir sin que nada cambie realmente entre los dos. Para cuando cumplí 19, entre idas y venidas, lo tenía claro. Le presenté las opciones, tal cual las veía yo. Puso un disco de heavy metal a todo volumen sobre mis palabras y eso fue todo. Pantera se tragó mis planes. Su rugido ahogó mi voz. Me fui del departamento y no lo volví a ver. Hasta ese día, tres años más tarde, cuando me enteré que al año de dejarlo, tomó lonche con mi madre una tarde. Yo había pasado la mayor parte de ese año de intercambio, intentando entenderme nuevamente. No había hablado con mi madre del tema. Él lo hizo por mí. “¿Por qué ya no te vemos, hijito?”. “Es muy incómodo, señora. Su hijo estaba templado de mí y yo no soy así. Se molestó y dejó de hablarme”. Qué hijo de puta. Lo peor de todo es que cuando lo confronté, negó haberlo dicho nunca.


[Project #642] Subject 001

Task: What can happen in a second.

 

 

 

Pocas cosas son tan versátiles como un segundo. Puede parecer que no alcanza para nada, que no dura lo suficiente o, todo lo contrario, que se extiende por siglos y no termina jamás. En este momento, alrededor del mundo, los segundos están haciendo de las suyas. Alguien está en una incómoda primera cita, rompiéndose la cabeza para encontrar algo interesante que decir y, literalmente, viendo bailar los segundos, agarraditos de la mano, alrededor de la mesa. Alguna madre está escuchando “¡te odio!” por primera vez de alguno de sus hijos, which also only takes a second, pero cuyo efecto devastador dura, por lo menos, el resto del día (hasta que te convences que un niño no sabe lo que dice para dejar de llorar). Alguien más está descubriendo que perderá su vuelo porque no puede comprar una maldita tarjeta para el air train del JFK. Muy probablemente su banco le ha congelado la tarjeta por error… ¡está tan cerca y tan lejos del terminal a la vez! “¡No tengo tiempo para esta mierda!”. Llama al banco, hace un escándalo y pasa el resto del tiempo, segundo tras segundo, pensando “voy a perder mi maldito vuelo”. Until they do. Or don’t, who knows.

¿Saben qué es lo que puede pasar en un segundo? Todo. Ellos lo saben. Tienen todo el poder. Al final del día, un segundo es lo que toma darse cuenta, descubrir algo, para bien o para mal. En la primera cita, un segundo es lo que toma saber que no hay química; la madre odiada solo tarda un segundo en descubrir que la etapa mágica se acabó; para el tío en JFK, el segundo en el que la pantalla le bota “error” es todo lo que necesita para saber que a) hay cosas fuera de su control, b) debió hacer caso y salir más temprano, o si es un poco estúpido, c) no es su día de suerte. The list goes on. En un accidente de tránsito, asir el concepto de tu propia mortalidad con ambas manos solo toma un segundo. ¡Y vaya si lo agarras! Con tanta o más fuerza que el volante. En sueños, un segundo es la diferencia entre la tranquilidad y la pesadilla. En un segundo, sin advertencia, la textura de un sueño placentero se corrompe, se vuelve pesada y asquerosa, como cartón mojado, como algo que no debería ocurrir pero ocurre, and it’s all downhill from there.

En un segundo, si tienes suerte, te llega el amor. El amor a primera vista existe, pero no es la ridiculez que a una le quieren hacer creer. Es tan solo intuición, es algo más grande y viejo que tú. Es algo que debía suceder and you know it in your bones. Yo lo supe en cuanto lo vi, en la esquina de Bushwick y Grand, esperándome. Una cita a ciegas que se transforma en amor a primera vista. Estoy segura que hay infinidad de simbolismos metidos por ahí. Lamentablemente, que exista no significa que dure para siempre, which it didn’t. No lo lamento, que terminara no lo hace menos especial. Nada es para siempre. Ni él, ni yo.

De hecho, si tienes aún más suerte, en un segundo también te llega la muerte. ¿Pero y qué conmigo? ¿Por qué la muerte no me extendió esa cortesía? Sentada en la oficina del doctor, en un segundo, morí en vida. “Laura, hemos encontrado una protuberancia, nos gustaría hacerle algunos otros exámenes y otra resonancia para descartar algunas cosas”. ¡Cómo hablan los médicos! Deben ensayar. Incluso cuando saben perfectamente lo que quieren decir, y lo dejan entrever para que tú lo sepas también, se lo guardan hasta el último segundo. El inevitable. El que no es de autodescubrimiento sino de sentencia de un tercero. Cuántos sinónimos para tumor o cáncer sabrá este doctor, me pregunté toda la tarde. By the time we’re done, I will know them too.

Los segundos… de pronto se me hacen más largos ahora que temo tener tan pocos. Es casi gracioso. La paradoja de no saber qué hacer con mi tiempo tras descubrir que, muy probablemente, no me quede nada. ¿Qué hago con esta noticia, con esta espera? El tiempo no pasa, dios mío. Un segundo para terminar con mi vida y el resto de mi vida para morir. “Vas a escuchar un ruido muy fuerte, un martilleo constante. Es normal, no te asustes. Así suena la máquina. Lo más importante es que estés muy quieta para que salga bien la imagen, ¿ok?”. La resonancia durará cincuenta minutos.

Uno, dos, tres, cuatro…

 

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