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Zaperoko – Llorarás.mp3

Hace diez días, más o menos, el video de una orquesta del Callao burlándose de un chico gay en el Aeropuerto Jorge Chávez reinó en internet. Straights, gays and in-betweeners por igual expresaron su opinión a viva voz. Yo… no. Ese día no quise detenerme en los comentarios de gente idiota que “entiende que es broma” y acusaba a la víctima de exagerar. Tampoco quise interactuar demasiado con Los Gays™ que, comprensiblemente, querían prenderle fuego al hombre en cuestión. No quería dejarme llevar por la pena y la rabia que, por supuesto, siempre me dan estas situaciones. De hecho, esa tarde almorcé con unos amigos y les pedí que no hablemos del tema.

Ese día puse esto en Twitter, intuyendo que con un poco de distancia podría aportar algo más útil a la conversación que “homofóbico de mierda, ojalá que [ inserte su peor deseo ]”:

Hubo algo que reconocí en el video, algo que había visto antes en otro contexto, y a ello me refería cuando dije que adelantar una opinión sin reflexión sería un desperdicio de recursos. Sí, créanlo o no, este individuo nos obsequió un recurso bastante didáctico para entender el aspecto más insidioso de la homofobia y la discriminación en general, pero no era el momento de mencionarlo. ¡Y cómo saber que, además, con el paso de las horas, este hombre se convertiría en the gift that keeps on giving! Primero, con sus “disculpas” públicas y luego con la separación formal de la orquesta, ¡sendas oportunidades educativas para la población!

Primero lo primero. ¿Qué fue lo que vi?

¿Por qué es importante?

Porque es exactamente lo mismo que esto:

No necesito explicarlo. Las imágenes hablan por sí solas.

El mundo ENTERO entiende por qué el segundo gif es increíblemente ofensivo. A nadie se le ocurriría defender a este señor por mofarse públicamente de un reportero con una condición congénita que afecta sus articulaciones. Nadie diría “ay, qué exagerados” y trataría de justificarlo como un chiste. De hecho, nadie dijo “qué gracioso es Donald Trump” en ese momento. NADIE. La condena fue súbita y unánime. ¿Por qué, entonces, todavía estamos tratando de sostener que con los gays es una broma? ¿En qué se diferencia el gif número 1 del número 2? En nada, señora. Es. Lo. Mismo.

Todos entendemos (o decimos entender) qué es la discriminación en abstracto, pero VERLO, in action and full swing, es otra cosa. Por eso me encantó que este ~caballero~ actuara para la cámara e hiciera exactamente lo que tenía que hacer: demostrar que una burla no es una broma, es un insulto. Pretender ridiculizar a una persona por ser gay, de color o de capacidades diferentes, puede ser muchas cosas –  agresivo, mezquino, repulsivo, mal intencionado – pero jamás un chiste.

Históricamente, además, las personas LGBT+ tenemos una relación muy particular con el insulto. Marcel Jouhandeau decía que “ser insultado es ser marcado en el hombro con hierro candente (…) Dejamos de ser lo que pensábamos de nosotros mismos. No somos más la persona que conocíamos, sino la que otros creen conocer, la que otros asumen así o asá (…) El insulto me informa que no soy como los otros, que no soy normal” (On Abjection, 1939).

En “Insult and the making of the gay self“, un excelente libro de Didier Eribon, el insulto es definido como el signo de vulnerabilidad social y psicológica que moldea las relaciones que uno tiene con los otros, con el mundo y consigo mismo. Qué clase de relación podemos tener las personas LGBT+ con el mundo que nos rodea si, “a través de la fuerza del insulto y sus efectos, descubrimos que somos personas sobre las que algo puede ser dicho, personas a quienes se les puede decir algo, alguien que puede ser observado o discutido sin posibilidad alguna de poseer eso que se dice”.

“Es como si la página de un libro se sintiera siendo leída en voz alta sin ser capaz de leerse a sí misma” – Sartre.

El insulto me mira de arriba a abajo y me quita lo que soy, dejándome lo que otro quiere imponerme en pos de dominarme. El insulto no me dice nada de mí mismo, es un poder que alguien quiere ejercer sobre mí. En primer lugar, el poder de herirme y luego, el poder de reducirme a una cosa, de ubicarme en una categoría inferior. No se equivoquen. ESE es el mundo en el que hemos vivido los LGBT+ desde que la Tierra es redonda. “Un mundo de insultos, rodeados de un lenguaje que nos delimita y nos señala”. ¿Pensabas que este chico exageraba al sentirse ofendido cuando le gritaron “tómatela toda”? Think again.

El lenguaje, amigos, importa. Nunca es neutral. Denominar algo tiene efectos sociales. “Es por y mediante el lenguaje que la dominación simbólica opera; a través de la definición – e imposición – de formas socialmente legítimas de percibir al y representar el mundo. Y en el insulto, es nuestro inner sanctum lo que se ve amenazado, nuestro corazón de corazones”.
And if you didn’t, now you know. 

Esto me lleva al siguiente regalo que nos dio este sujeto: las disculpas públicas.

Cuando vi el video de estos señores en Facebook, quedé tan impactado que tuve que reiniciarlo para tomar nota de la cantidad de idioteces que estaban diciendo. Desde “ha habido un malentendido” hasta “jamás quise ofenderlo”, pasando por “lo hice con la mejor intención”, mi favorita personal “yo pensé que estabas grabando porque te gustaba la joda” (¡insólito, csm!) y la infaltable “estamos contra la homofobia, tenemos muchos amigos, familiares…”.

Empiezo por esta última y quiero aclarar que los puntos suspensivos ni siquiera son míos. Los huevones dijeron esto TRES VECES antes de poder completar la oración y decir en voz alta que esos amigos y familiares eran, in fact, gay. Eh, no sé qué opinen ustedes, pero yo creo que si no puedes NI PRONUNCIAR la palabra “gay”, tienes algún tipo de problema con los gays. Y ni qué decir del resto de las letras de la comunidad.

Abro con esto porque quiero destruir de una vez por todas este maldito mito de que si tienes amigos gay no puedes ser homofóbico. BITCH, si hasta los gays pueden ser homofóbicos (googlee usted “homofobia interiorizada” y edúquese), ¿qué diablos te hace pensar que tú, por obra y gracia de conocer un gay, no puedes serlo? Newsflash: no hay que ser “matacabros” para ser homofóbico. La homofobia no es sinónimo de asesinato sino de discriminación… y la discriminación es más sofisticada e insidiosa que “vas a morir, maricón“.

La pseudo disculpa de este grupo incluía frases como “lo he hecho con la mejor intención”, “hemos estado en una chacota” y “los que nos conocen saben la forma en que nos bromeamos”. Perdón, ¿cómo te burlas de alguien con la mejor intención? ¿Cómo es insultar a un tercero una ~chacota~? (qué palabra repugnante). Peor, ¡¿CÓMO ES UNA EXCUSA decir que la gente que te conoce sabe que tu sentido del humor consiste en ofender a una minoría?! Esto, amigos, en tanto denigra a una persona homosexual, la reduce (o lo pretende) a algo y no alguien, la transforma en un COSA que puede ser comentada y discutida, es homofobia. Punto.

Si pienso en cómo podría invertir la situación, señores de Zaperoko, para que sientan en carne propia lo horrible que es ser discriminado por ser quien uno es, no se me ocurre otra cosa que la siguiente bajeza (y me disculpo sinceramente por la asquerosidad que voy a escribir). Imagínense que yo soy un racista de mierda. Que soy tan ignorante que con una mirada asumo que deben ser afro-descendientes y, al verlos esperando su avión hacia Arequipa, empiezo a rascarme las axilas, hacer ruidos de mono y reírme con mis amigos, ¿no se sentirían insultados? ¿No estoy acaso discriminándolos y ridiculizándolos por tener la piel más oscura que yo (algo que no solo es absurdamente normal sino que, además, escapa de su control)? Si se acercaran a cuadrarme y uno de mis amigos respondiera “pero si él también es negro”, ¿no se sentirían profundamente ofendidos e impactados por el desparpajo con el que soltamos algo tan aberrante? ¡Por supuesto que sí! Con toda razón.

“Ha habido un mal entendido”, declaró Mr. Sabroso. “Jamás quise ofenderlo”. Indeed, aquí hay un malentendido. Dos, de hecho, pero no los que él cree. El primero es que este señor honestamente cree que todo fue una broma. Pesada, quizá, pero broma al fin. Espero que quede claro, después de lo expuesto hasta este momento, que lo que hizo fue cualquier cosa menos una broma y sí quiso ofenderlo. ¿Por qué otra razón lo haría? Lo que no quería – y no esperaba – era que lo cuadren, que lo dejen en evidencia. Después de todo, no hay nada peor para el perro que ladra que que lo encaren y revelen que no muerde. Nada le duele más al “machito peruano” que quedar en ridículo y en ridículo quedó. Oh well! Llorarás.mp3.

El segundo malentendido llega por cortesía de sus compañeros de banda y es el último regalo que nos dejó esta vergonzosa situación. Tras la abrumadora respuesta de la gente, que obviamente no aceptó una disculpa tan estúpida, la orquesta – que horas antes lo respaldaba al cien por ciento – de pronto se sintió en la obligación moral de expectorar a Mr. Sabroso. Esto es, literalmente, un malentendido porque estoy SEGURO de que no entendieron por qué merecía ser expulsado. Seamos sinceros, lo sacaron para apaciguar a las masas. Lo botaron para no tener que enfrentarse a más escándalos públicos que sin duda les tocarían los bolsillos. No fue porque “están en contra de la homofobia”. No lo están, how could they be! Ni siquiera saben qué es. Lo demostraron con sus risas y complicidad cuando este sujeto hacía su show.

En mi opinión, es excelente que estas tres cosas hayan sucedido, una tras otra, exactamente como sucedieron y que, encima, ¡haya material audiovisual! Son sendas oportunidades para educar a la población sobre lo que constituye un acto homofóbico, una micro-agresión (aunque ni tan micro) impulsada por el prejuicio. Más importante aún, aclarar por qué esto no es, no puede ser y nunca será “solo una broma”. ¡Pero este es el Perú! No podía faltar el cuarto acto, donde todo se va a la mierda.

Al “Wasap [sic] de JB”, o como se llame ese programa, no se le ocurrió mejor idea que hacer una broma de la broma que no es broma. Esta insensatez me rebasa de tal manera que ahora sí casi, casi me quiero reír. Sé que Latina recibió una carta a prueba de bestias explicando por qué no debían transmitir este absurdo, pero como no sé nada de este programa, ignoro si salió al aire o no. Por mi salud mental, me abstendré de googlearlo y asumiré que no ocurrió. Que los directivos del canal comprendieron que es su responsabilidad detener  – o por lo menos no ser cómplices de – la normalización de la homofobia. ¡Y que entendieron que no 👏🏿 es 👏🏾 una 👏🏽 puta 👏🏼 broma! 👏🏻

Si llegaron hasta aquí, queridos amigos, agradezco su dedicación y espero haber logrado articular mi discurso al nivel que prometí en ese tweet del 30 de noviembre (y que les sirva de algo). As A Gay™, entiendo lo frustrante que es ver a este tipo de gente hacer idioteces una y otra vez, impunemente. Igual que ustedes siento la tentación de rendirme al odio y decir cualquier barbaridad. No obstante, como dije líneas arriba, el lenguaje importa. Si queremos que nos VEAN por quienes somos (fellow human beings, por si no quedó claro) y que entiendan que estas actitudes son ofensivas y potencialmente peligrosas, no podemos gritarles “¡homofóbicos de mierda!” y esperar que se resuelva. Lamentablemente, nos toca ser pacientes y educar.

Tipo, si no entienden ni el concepto de broma, mucho menos van a entender qué es homofobia…

Now that was a joke.

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Gravedad

Agosto y Setiembre se perdieron en la deformación del tiempo-espacio que causó el súbito agravamiento de mi alma. Honestamente, pensé que perderlo todo me haría más ligero, pero no fue el caso. La gravedad de la circunstancia fue tal que los últimos meses no ocurrieron, cayeron en el hoyo negro del que siempre he bromeado pero que, ahora, puedo confirmar como un fenómeno real. Si el tiempo pasó por mí, y la lógica me dice que debió ser así, no me dejó nada. Ni la voluntad del recuerdo vago.

El horizonte de sucesos, como suele ser el caso, estaba claramente identificado desde hacía mucho. Todos sabíamos dónde estaba el límite del abismo, cuándo empezaría la desgracia, and yet llegado el día, nadie estaba más sorprendido que yo. La densidad de mi miseria se trajo todo abajo, a una profundidad que no recordaba, una oscuridad que quizá no conocía y contra la cual el fulgor de mi pasado no podía competir. La luz resultó no ser lo suficientemente rápida para recorrer la monstruosa distancia que mi depresión cavó en segundos. No, Agosto y Setiembre se perdieron en la oscuridad para siempre y quizá es lo mejor.

Ahora estoy fuera del hoyo, pero también del tiempo. Hasta cierto punto, incluso del espacio. Heme aquí una vez más. Nueva York, yet again. Con la terquedad que me caracteriza he retornado a una ciudad que parece rehusarse a amarme como yo a ella. Tenía algo mucho más elaborado que decir al respecto pero nunca lo pude escribir. La pérdida resultó demasiado amarga para continuar mi trilogía sobre La Pérdida. Curiosidades de la depresión. Pero ya está, estoy aquí otra vez, si tan solo con el propósito de incomodarme lo suficiente para querer irme de verdad. O cuando menos, para aceptar que esto no va más.

Me gustan las certezas, he descubierto. No, miento, esto ya lo sabía. Lo que he descubierto es que no me importa en qué polo del espectro se ubica mi certeza en tanto se manifieste, sólida e incuestionable. Me haría igual de feliz decirles que mi experimento funcionó y me siento tan desplazado e incómodo que no puedo esperar para largarme como decirles que fue un fracaso y me sentí – perdónenme la frase burda – “como pez en el agua” no bien puse un pie en la ciudad. Resulta, lamentablemente, que experimento ambas sensaciones constantemente y a la vez. Estoy cansado de ir de casa en casa porque la mía no existe más, pero si me ofrecieran extender este couchsurfing por meses, estoy seguro que tendría un Excel abierto antes del final de la oración. I’d manage, I’d make it happen, contra todo pronóstico. Lo sé.

Entonces, persisto en esta especie de limbo portátil. Lima, Santiago, Nueva York, da lo mismo. Estoy fuera del continuo. Viendo personas de ayer en lugares que ya no ocupo o jamás ocupé. Imposibilitado de hacer planes, de comprometerme, de explicarme. Es agradable y espantoso a la vez, como arrancarse las costras o pasarse la lengua por los dientes que duelen. El sentido del humor de los Powers That Be, además, no puede pasar desapercibido. Sabiéndome en los márgenes del tiempo-espacio, han decidido jugar con mi timeline personal y liberar a los fantasmas of boyfriends past sobre este tablero. Gente que no vive en Nueva York, que ni siquiera conocí aquí, que en teoría no tendría por qué estar acá, ¡y que no obstante aquí está! En el preciso momento en el que yo, que tampoco tengo por qué coño estar aquí, estoy. What the fuck, Universe.

La artificialidad de esta pausa es tan ridícula que, si fuera más egocéntrico, juraría que The Truman Show es real y yo soy Truman. Solo puedo describir la escena como “montada”, demasiado perfectamente ejecutada para ser real. La lluvia paró, las nubes se partieron y el sol brilló – quemó – directamente sobre nuestros cuerpos en la cama. Él y yo, espectros de hace siete años, mirándonos a los ojos, confesándonos que nos hemos pensado todo este tiempo. Él y yo, tirando cuatro veces seguidas, recordando la última vez que nos vimos, cuando también tiramos cuatro veces seguidas. Y Shakira sonando en mi cabeza, “cuando te guardabas el anillo dentro del bolsillo, dejarlo pasar”. Volví a tropezar con la misma piedra que hubo siempre. Hasta la suite era la 16, csm.

Son las tres de la mañana y voy en el tren. Un lugar inusual para escribir pero es la G. Si conocen la G, saben que tengo tiempo de sobra para terminar. Ya es domingo. Hoy voy a ver al siguiente fantasma, que también lleva ese maldito nombre, y ya no sé en qué plano estoy viviendo, en qué tiempo, ni para qué. Lo bueno es que, a diferencia del último fantasma, este otro es bastante… unreliable. Estoy absolutamente convencido de que no me escribirá y continuaré aquí, en el margen de mi propia vida, mirando hacia atrás. “Nunca me sentí tan fuera de lugar, nunca tanto se escapó de mi control”.

Ah, la estación al fin…

Hangin’

By the time you read this I will have reached my destination, but for now I’m on a plane. Love, Simon is playing in this bullshit airplane with no personal screens and old-school outlets that don’t work. No one around me is really watching it – nobody’s got their earphones on – but that kiss is coming and that ought to catch an eye or two. I’m low key excited to see how the old farts sitting next to me will react, although they’ll probably pass out before it happens. Ugh, who the fuck cares, my whole life is in shambles. Literally left on the side of the curve. I’ve kept it together thus far, but as reality sinks in so do I. Deep.

Departing from Dallas rather than directly from New York has helped a bit. I don’t give a shit about Dallas so watching it unfurl below me feels… like nothing at all, like no place at all. And I was in too much of a hurry to even notice I’d left New York in the first place. Dismantling my life took longer than anticipated and it was touch-and-go for a minute. I spent the whole car ride to the airport kicking myself for leaving shit ‘till the last minute, panicking I’d miss my flight. Panicking is exhausting! When I finally did make my flight, I passed out almost immediately.

I came to somewhere over Texas, just in time for a sip of sparkling water and the stale cookies American Airlines consider an appropriate complimentary snack. All I wanted to do was get off the plane, fix my hair in the men’s room and maybe get a drink before my connecting flight. I did my hair first, then washed my hands compulsively. More often than not, whenever I have to handle luggage – and pockets and zippers and locks a million times a minute –, my fingers bleed from the cuticles. The nail folds get swollen and rip, it’s painful and mildly gross. This was such a time.

Blood had dried on my middle finger and it hurt too much to thoroughly rub it off so I had to quit after a few attempts. I walked out of the restroom and through Dallas/Fort Worth International Airport only to realize I’d have to take a train to reach my gate, which meant I was, again, already late. My mom always hassled me about leaving things ‘till the last possible moment, but that is quite literally my nature – and at least partially her fault.

I was supposed to be born on September 4th, 1984. If anyone here knows when my actual birthday is, you’ll know I definitely held out for as long as I could. “I was born two weeks late, is that why I hesitate”. I wonder if Gwen Stefani was also a C-section baby. Although I guess that’s not being born as much as it is being forcefully removed from the premises. And my birth was the equivalent of an eviction where authorities are called.

My mom had birthed my older sister with considerable ease and, although growing impatient with my free-loading ass, she figured I’d perform the same and she could wait it out. But the weeks rolled around and so did I, finding new and exciting ways to prevent my delivery. See, the circumstances surrounding my birth are so ridiculous and dramatic I like to believe these were conscious choices I made. I can absolutely picture myself using all that extra time on my tiny hands to come up with this gruesome plan.

They say it’s quite common for umbilical cords to loop around babies’ necks, once or maybe even twice, without compromising their safety upon delivery. Of course, for that to happen, the baby would need to come out as most babies do: head first. I however wrapped that sucker around my neck three times, effectively creating a noose, and stood on my mother’s vagina for gallows. Think you can kick me out? I will literally hang myself, mother!

Alas, being a fetus and all, I was unaware that she could call someone to come in and get me, which on the morning of September 19th, they did. But it’s still a cool story. I love that I’ve been threatening to kill myself since birth. It’s just like me! And it makes the actual recurring fantasy less menacing. Because truth be told, I always think about it. It’s the very first place my head goes to when shit gets rough. But fret not, because I also think I could never go through with it. Not necessarily for fear of pain or the unknown – both very loathsome dreads to me –, but merely because I’m too damn stubborn to quit.

So now, as I face the inevitable return to a city I’ve only ever wanted to leave, this story keeps me slightly amused and safe from self-harm. Although I’m still on a plane. There really isn’t all that much I can do here, is there…

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Sé muy bien qué día es hoy

Estoy aquí hace ya once días y he pasado casi todo ese tiempo oculto entre sábanas y colchas de tigre de casa materna (ustedes saben cuál). Realmente creo que, si me esfuerzo lo mínimo, podría calcular con total certeza el número de horas que no he estado en mi cama. En parte porque a) hace un frío del hoyo y no me provoca salir; b) aún no había visto Luis Miguel La Serie; pero, más que nada, c) porque salir de mi cueva significa ver gente y ver gente significa responder preguntas¹. Cómo estás, cuándo llegaste, qué vas a hacer. Mi gato, el único otro ser vivo que comparte este bunker, no hace tales preguntas. Sabe apreciar que esté aquí con él sin cuestionar por qué ni por cuánto tiempo. Entiendo la curiosidad de todo el mundo, pero lamento que los gatos sean siempre como la gente y la gente no sea siempre como los gatos.

Entre las muchas cosas que he perdido – la imagen de mis muebles dejados por muertos en una vereda en Brooklyn se manifiesta clara y cristalina y, como el cristal, corta –, he perdido bastante peso. Todas mis ganancias musculares han sido confiscadas por la depresión, lo cual me enfurece. Me parece además haber envejecido tres años de golpe, los tres que estuve allá, mas puede que esto solo esté en mi cabeza. Anoche fui el único al que le pidieron DNI para entrar al Sargento, so I got that going for me². Pero de lo primero no tengo duda. He comido poco y mal desde que llegué y no he hecho ejercicio en semanas. ¡Si apenas me he parado de la cama y, cuando lo he hecho, ha sido para beber! Porque nadie hace demasiadas preguntas cuando estás brindando.

Tengo mucho que decir y pocas ganas de hablar, es una situación particularmente terrible. No quiero que se me muera todo adentro, pero tampoco quiero aflojar mucho la soga porque no tengo nada positivo que compartir. Por ahora no, al menos. Cuando el polvo deje de revolotear sobre las ruinas de lo que alguna vez fue mi vida y sea momento de reconstruir, hablaremos un poco más. Por ahora, considérense afortunados de que esta entrada sea tan corta. Las pocas personas que me han visto en vivo – que no tuvieron la previsión de emborracharme inmediatamente, that is³ – se han visto expuestas a niveles de toxicidad que cierran mineras. Literal, doy cancer.

Pero hay una cosa que necesito decir hoy: sé perfectamente qué día es. A esta hora, hace tres años, estaba manejando de mi depa en Miraflores, donde me despedí de mis roommates y del chico con el que salía, a la casa de mis papás, quienes me llevarían al aeropuerto. Esta noche en el 2015 me fui de aquí. En un universo paralelo donde todo sale bien, esta noche estaría viendo a Shakira – por primera vez, csm – en Madison Square Garden. Pero esta noche, en la realidad, “estoy” viendo el brillo de la pantalla en la oscuridad en la casa de mi madre, tratando de convencerme a mí mismo de que tres es un buen número. Que fue bastante, ¡no! Suficiente.

Escribo “estoy” porque realmente lo cuestiono. ¿Estoy, en serio?
Apenas.

 

¹ Después de haberme explayado jodido en inglés durante los últimos posts, me pregunté si podría escribir algo totalmente en español. Es decir, cero spanglish. Conversé de esto con Cali ayer y me dijo “es que tú hablas así”, resaltando que yo pienso en los dos idiomas a la vez, which is true. Este fue mi intento de usar el inglés lo menos posible y descubrí que me disgusta terriblemente.
Por ejemplo, en este caso, yo iba a poner “field questions” en lugar de “responder preguntas”. Si bien esa es la traducción, no es exactamente lo que yo quería decir. “To field questions” implica que yo no quiero responder esas preguntas, que son difíciles, que quizá preferiría evitarlas pero no lo hago. En rigor debería decir “lidiar con preguntas”, que se asemeja más, ¡pero tampoco es exactamente lo que quiero decir!
Podría decir “torear”, ¡pero fielding questions no es evadir respuestas! Torear implica, de alguna manera, que salgo bien librado y que quizá no dije toda la verdad. Ergo, pongo “responder preguntas” pero no tiene el color que yo quería and I hate it.
² Para parafrasear a Liz Lemon, “comencé a hacer this but then yo gave up”. Cómo puedo decir esto en español, ¿”así que tengo eso a mi favor”? ¡Qué horrible, pues! De nuevo, la frase en español no tenía el tinte que yo quería darle así que yo gave up y lo puse en inglés. Sue me.
³ Supongo que esto sería “claro está” pero, no sé, me suena muy formal. O menos gracioso. ¿Es mi prejuicio de pensar que el inglés es light y el español es muy duro? (No pude ni poner “ligero”, tuve que poner light. ¡Light es más ligero que “ligero”! UGH).
Bueno, Cali, traté… y me generaste una crisis de identidad, jaja.

Pt. 2: Pride-atory behavior

We need to talk about #Pride Sunday. As I previously mentioned, this little ditty’s been ringing in my ears for weeks now, seeping all the way into my dreams. Sadly, I’ve missed my self-imposed deadline. It was my wish to release this before the end of Pride month, the time when we (supposedly) reflect on our struggles and celebrate our triumphs as gay people. But much like that Tiffany Pollard meme, the gays™️ too are, um, versatile. Yes, much was accomplished in recent years, which calls for celebration, but in reality the vast majority just wanted to shake our scantily-clad asses. I’m sure guilty of it. The thing is, gays, if we keep neglecting our own toxic by-products, they will run rampant – my Pride Sunday was prime example.

If you recall, I’d said this entry was basically drafted in its entirety within 24 hours of it happening. I have scratched most of it now. Turns out I’d bitten more than I could chew. I tried to cover too much ground and the results were clunky. I’m cooling my ambitions and keeping it simple. I’ve been having the same discussion in some shape or form over and over again through the years. I’ve often let it slide or dismissed it or plain forgotten. But in light of recent events, I feel compelled to address my thoughts on the matter. If I can’t reach a satisfactory conclusion, at least I want to make more sense of it. And you know me – I gotta see it in print.

My lesbian friends and I had been poking fun around “gay culture” at an impromptu Pride brunch we cooked up over a hurried phone call. The centerpiece of that discussion was this straight-by-default girl I’d met the night before, who had said she wanted to hook up with girls but thought her advances were not being taken seriously. “They think I’m being friendly ‘cause girls compliment each other all the time and it’s no big deal”, she’d told us. To this Lauren, my friend’s girlfriend, replied with the utmost confidence “oh, girls hate the idea of being that predatory lesbian”.

I am well aware of what she meant by “predatory lesbian”. Although, from what I gathered, it appears to be more of a staple in lesbian culture than I had known. My friend Mariana shadily pointed out I actually used to be friends with one. Maybe you know one, too! She’d be that pushy lesbian friend of yours who slides into your other lesbian friends’ DMs, even though you’ve never introduced them and she’s never met them. The kind who, if seen in the wild, is reluctant to take no for an answer and hovers over girls longer than necessary – sometimes awkwardly, sometimes confidently, always unwelcome.

That last bit sounds very familiar, though, doesn’t it? Sounds like… well, a man. Men obnoxiously hanging around women, puffing their chest and fumbling at gallantry is a tale as old as time. So you probably think this annoying predator is definitely a straight man. Could maybe, possibly also be a woman, a gay one! But never a gay man, right? Because gay men have either both been signaled as predators or somehow managed to avoid the label altogether under the assumption that two men hitting on each other are operating under equal conditions. Let me tell you about Pride Sunday, and you can tell me whether that is in fact correct.

After brunch, we proceeded to further celebrate our homosexuality. Went to the parade, had some drinks in the West Village, crashed a block party with bodega-procured beers, talked to strangers and had a gay ol’ time. I left the Village in high spirits and made my way home to Brooklyn, where I was to see Years & Years. I got there after doors, so if there had been a line I missed it. It wasn’t crazy packed by then, though. I wormed my way to the front, looking for friends (more lesbians!) who later informed me via text they were actually in the back. I wasn’t about to give up a good spot to see my baby Olly, so I stayed by myself. Shortly after, a gay couple, who were chatting up another gay guy and some girls, welcomed me into the fold. It was a very standard, Pride-infused neighborly situation and I was very much there for it.

The guys were buff, scruffy and loud, had a pubescent sense of humor and kind of resembled each other. You know, a gay couple. The other gay guy was skinny and had a quiet, slightly awkward vibe. However, he seemed very friendly or at least eager to make friends for the night. So when the guys kept rubbing his arms, stroking his hair or requesting he’d take his tank top off, he’d just smile and shake his head and try to change the subject. “Boys will be boys” and whatnot.

When I arrived, their attention shifted to me and what I was wearing: a black lace romper. Hey, I already fessed up to wanting to show ass. It was Pride and I wanted to unapologetically feel my oats! They made me spin to “appreciate” my outfit and did the (gay? male?) lewd joke thing. “Why are you wearing underwear, you should run to the bathroom and take them off”. I laughed it off and declined, they let it go. Pretty standard. I thought nothing of it and took it all in stride. It actually didn’t bother me at all, I took it as intended. And perhaps emboldened by my reaction (and slightly see-through lewks), they decided to return to skinny gay guy and push, hard. Before they’d even finished saying “take your shirt off, it’s Pride”, they had already taken half his top off. Way past tipsy from my day-drinking, I egged Skinny Gay on. He lifted the one remaining arm and was soon shirtless.

I’m sure you can infer what my stance on public shirtlessness is given what I was wearing. I didn’t think anything of it. That’s literally how you go to the beach or how some dudes go jogging or ride their bikes. I certainly didn’t think the least risqué thing in the world would make this guy uncomfortable. Mostly because, in my head, if something really bothers you, you simply don’t do it. And there he was, without a shirt.

When those guys asked me to go commando under my romper, I wasn’t uncomfortable because I didn’t take them seriously. I felt safe in my conviction that there was zero chance I’d ever do it. I wasn’t about to be bare-assed, junk a-swinging at a fucking concert! I could never be coerced into something so ridiculous and I knew they knew that too, which is why in my head they couldn’t have been for real. That’s just “how things are” with the gays, I thought, and they dropped it as quickly as they’d suggested it.

I would’ve been pissed if they had actually pushed for it, of course. That would’ve been straight up harassment, but they didn’t. And I think maybe that is how things are with gay men. A sort of unspoken agreement to push very far, but only so far. To introduce the sleaziness and see how the other party responds; to, let’s say, gauge interest. But it would’ve been certainly a lot easier to coerce Skinny Gay into taking off his shirt than it would’ve been to pressure me to take my briefs off. And it was. That is exactly what they did. They pushed beyond the checkpoint. Hell, they pretty much did it for him.

Regardless of how firmly on the ground my feet were on the subject, it was physically impossible for them to force me the way they did him. And yet I brushed it off because, in my drunk head, what they asked of him was nowhere near as crazy or overtly sexual as what I had been asked to do. It was tame, it was nothing, and he accepted! Pause, rewind. Did he? It all came down on him fast and from every angle. He was visibly hesitant, yet we all interpreted it as shyness. And you know what they say: “shyness is nice, and shyness can’t stop you from doing all the things in life you’d like to”.

But he wasn’t shy, he was reluctant. And neither one of us could see it. Sure I was liquored up, but I still encouraged him. I had a hand in it, even if not as literally as the guy whose hands actually undressed him. And I did so based on the same mistake I often make when it comes to other gay people: I assume their experiences and outlook must be somewhat similar to mine. I thought he’d be game because in my state, I probably would have. But he was indeed uncomfortable, he just didn’t want to alienate us. He wanted to hang out and be friendly and, without warning, found himself in a grievous situation he couldn’t back out from. Until somebody very familiar with such circumstances pulled him out.

“Can you please stop? He’s uncomfortable, just stop”. A woman standing next to us sternly addressed the more obnoxious gay guy, the one who had undressed him, and it felt like curtains falling heavy to the ground. Suddenly the ugliness was crystal clear. It was a music venue right before a show, it was loud as fuck, but you could not hear a thing other than her words bouncing off the walls. She killed the problem dead, shot it right in the head. Actually, she shot it in the balls.

Upon being called out, the guy was impossibly hurt. He was mortally wounded. He loudly argued with his boyfriend, who was begging him to let it go, for the entire time he was there, which wasn’t long. I couldn’t pick much of it up, but I could tell from his wide gestures and the very few things I overheard that his argument was, unsurprisingly, “she doesn’t know how it is (with gay men)”. I can imagine him saying things like “he was just messing around”, “he was being friendly”, “it’s just a shirt”, “it’s not like he grabbed him by the pussy” (you know, like presidents do). At one point he did yell at his boyfriend to “tell her!”, which made me safely assume I was right – and that the guy probably agreed with his beau.

The idea that men are more sexual than women has always been accepted matter-of-factly because science! Supposedly, the average Joe thinks about sex nearly twice as many times a day as regular Jane does. I know, as a man, that applies to me one hundred percent. I think about it a lot. However, not being a woman or any other man but myself, I can’t corroborate the data. I do know quite a few women, both gay and straight, who are very sexual and lead rich, sex-positive lives. Conversely, I know quite a few guys who are not as sexually-driven or as carefree with their bodies and hearts as we sluttier gays are.

And maybe that’s the disconnect. Perhaps it’s not about being sexual, but about our sexuality being… well, kinda sleazy. I’m probably not venturing too far from facts in saying that the average gay man is sleazier than any woman. All people (or most of us) have the joy of consensual sex in common, but the gays engage in some rather “questionable” activities. And we high key like it. That’s perhaps where the whole “women don’t understand us” thing comes in. We know that, more often than not, it’s gonna be a whole lot of sex with a bunch of people, and while you’re bound to stumble across a prop or ten, a single feeling will likely not be found.

The odd thing about it is, of course, #notallgays. The level of immodesty varies from gay to gay and straight people are not your best tool when navigating such situations. No tea, no shade, but straights are huge fans of the binary. They may talk about “gray areas” but that’s because they still see things in black and white. “He cheated on you? Call off your gay wedding!” Uh… how about we define what cheating is within this specific relationship, Brenda? Surely nobody’s into being lied to, but some people are into welcoming others to their marital bed. This is a discussion to be had, like any other. You gotta make sure you see eye to eye on fundamental shit like this. Just like you would ask your man if he wants to be a daddy before getting engaged, Susan!

I recently talked to a dear friend about his impending divorce. He was still rattled by the reality of it, and kept going back to the very first time things went sour. He suspected his fiancé, now soon-to-be ex-husband, had a threesome with another married couple before their wedding, after being explicitly told not to. His fiancé denied it (and does to this day). Right on cue, his straight female friends advised him not to go through with it. I didn’t know any of this, but had I known, I probably would’ve just asked if an open marriage was something he’d be willing to consider. ‘Cause what the hell do I know, he might be! You can’t ever be too quick to judge gay relationships because you
simply
never
know.

In my friend’s case, he tried and discovered to his own surprise that he couldn’t make it work. It turned out to be a bigger issue than he’d wanted it to be. Meanwhile, his partner was merrily involved in physical and emotional affairs. Shit got very ugly. “Is it me? Am I uncool for not being able to be as open as he is?”, he asked me. I assured him that, at the very least, that wasn’t his fault. People want different things. You need to find the one (or two or three, whatever) whose needs match your own. And while I think it’s commendable to try to make things work, when you know it’s not working, you need to get the fuck out. They plowed through at the expense of their mental and physical health. They suffered greatly for it and the ending remained the same. Although, as far as I’m concerned, if you keep under wraps for years what a big whore you truly are, you rip what you sow. Por mosca muerta.

My point is I couldn’t have told him what to do, no one could. Arrangements are made and you have to assume everyone is happy with their choices. If they’re not, only they know and they will deal with it in their own time, on their own terms. For instance, I had another friend who was in a relationship where they could only sext with other people, but never actually sleep with anyone else. Their relationship gradually opened up to allow others in in sensible numbers. And later they discovered that while they loved each other dearly, it wasn’t working and amicably parted ways. All this I knew. What I didn’t know was that, before they opened the relationship, my friend wasn’t actually having sex. His boyfriend was kind of asexual. This is why you can’t chime in willy-nilly, you just never know what truly goes on in someone else’s love life. He had made his choice to be with just him, regardless. Then changed it to let others in, then changed it again and let himself out.

If women don’t “know how it is between gays” it’s because not even the gays know what the fuck is going on. We have been influenced by both heteronormative culture and queer counterculture. We’ve been told to model our relationships after mommy and daddy and, within the same breath, been scolded for letting the punk within the gay die. “Yay, gay marriage! Ugh, gay marriage?” It’s fucked up… and low key hilarious. However, whether women understand the gays or not, they most certainly know a thing or two about harassment! And this heroic bitch spotted Skinny Gay’s distress like a fucking hawk. Only a woman could possibly recognize what that particular brand of mortification looks like and, on that Pride Sunday concert, one did.

Later, the injured party did something that puzzled me, though. He thanked the girl for stepping in, thus confirming what only she knew and we all ignored. But then, without skipping a beat, apologized to the gay couple “for making things awkward”. The one guy said something along the lines of “it wasn’t you” and left almost immediately after. I didn’t get it. Was Skinny Gay not all that uncomfortable then? I decided against unfairly questioning the validity of his comfort-level and instead asked myself why anyone would so earnestly apologize to their tormentors for being tormented.

The best I can come up with, after this long ass entry, is this: two men interacting with each other are not always operating under equal conditions. There are predatory gays and it appears they have written the playbook. Gay male culture might be gay, but it’s still very much male. It’s wired around this “boys club” mentality in such a way that Skinny Gay actually felt he had to apologize. Because he “understood the code”; he knew they didn’t mean any harm nor were they an actual threat, but it didn’t make him feel any less uncomfortable. When he allowed this woman to label them as predators, he “broke the code” and he knew it. And it doesn’t seem to matter – to them or even to him – that he wasn’t okay with the code to begin with, that the code doesn’t speak to him, it doesn’t include him. Not only did he fall victim to it, but saw his own status as victim immediately invalidated by it, all in one swift swoop. In hindsight, what impresses me the most is how unremarkable it all seemed as events first unfolded. In reality, it was all very, very dark. Until a girl saved the day.

 

Pt. 1: Pride-less

We interrupt the ongoing Loss series to bring you a special, two-part #Pride event I was not planning to make. It takes a hearty serving of gloom-and-doom to produce the second and third parts of Loss. Recent developments, however, briefly pushed me in the opposite direction. That’s over now, surely enough, so they still may or may not come. But this entry, on the other hand, could not be stopped – bile seldom can be.

I originally meant to release a mea culpa about the dark side of the rainbow and my participation in it, first. That’s still coming, since it was drafted nearly in its entirety right after Pride Sunday. [Update: it’s here!] But I saw something today that enraged me in such a way that it walloped my introspective lens outward, toward the realest of enemies. Know right now I wrote this in the deepest of ires, so it’s an ugly rant. I tried to bring the heat down in editing, but I’m far too angry still.

This is what I saw:

Hi. I’m @AlbertoBelaunde and this is what I frequently get for being gay. [pictures of homophobic slurs and death wishes via retroactive terrorism and/or AIDS!]

Seeing this, I feel no fucking pride in being from this cess pool of a country. None. You can particularly take your World Cup bullshit and shove it up your god-fearing assholes. I had been trying distinctively hard not to shit on your delusional parade, but as far as I’m concerned this racist, classist, homophobic, woman-beating place deserves not a second of joy.

Why am I so livid, beside the obvious? Because I have been away from that toxic swamp for three years and am a better man for it. I suspected little or nothing would change in my absence in regards to LGBTQ+ rights, or even human rights, but being confronted by reality unchanged feels very, very different. It cuts even deeper now that I know I’ve run out of options and time. I may be in New York but it is still Trump’s America. Want it or not, they’re still under his children-caging thumb. Under this administration, the likelihood of me finding a job in the US has gone from “difficult” to “miracle-adjacent”. I’m too much of a hassle now, experience be damned. Fuck my drag, right?

If you got a little lost in my rant, let me confirm that, yes, I did say I am going back to Peru. I hope to return to New York as soon as humanly possible, but for the time being, this is it. I still can’t bring myself to book that flight just yet, though. I’ll probably just do it over the weekend when I’m good and drunk. We’ll see. However, knowing this bullshit is what I have to look forward to makes me wanna jump off the Greenpoint Avenue bridge. That doesn’t sound very dramatic ‘cause it’s a small, lesser known bridge, but it’s right here. I will not be inconvenienced by my own suicide. What would be the point.

I am aware there are good people in that marsh; all of my gay friends fighting the good fight, all of my straight friends raising better children. You will all be a sight for sore, bloodshot eyes. But I’m not an optimistic person by nature, I have to squint harder to see the glass half full. And right now all I see is you’re a crystalline drop in a mop bucket and it crushes my soul. Here, I am a double minority – and this city’s not without its homophobes or racists, but “the people” have your back. Not just your people, but all people.

No one has ever harassed me in any way here, but I’ve seen it happen and each time there’s been a far larger and louder chorus shutting that shit down. Assholes are the real minority when you can trust a multitude of total strangers to stand up for you, for what is right. Reading those tweets my friend – an openly gay congressman, for fuck’s sake – received, reminded me what being a minority truly feels like. No chorus behind you, a few scattered voices if you’re lucky. The assholes are impossibly crueler and louder in Peru.

I wrote this in English because I’m sick of hearing about the strides #Peru has made. Oh, the food! Oh, the culture! Oh, the economy! Oh, how they’ve turned themselves around! They have not. I have never publicly contradicted anyone saying good things about my country, because I don’t wanna be that bitter bitch, but you know what? I will be that bitch today. Food’s great and Machu Picchu is as impressive as ever, but it is still the home of wife-beaters, female reproductive rights-deniers, horror movie-level femicide (with a side of presidential ignorance, so you can gauge just how backwards it all is), toxic/idiotic masculinity and this fucking bitch:

Whaaaaat? Tire yourself already, faggot, and quit your shit. God created man and woman, the rest are hybrids. You latch on to such a sad tragedy to try and impose your degeneration.

[edited for clarity because she’s an illiterate piece of shit. One comma and it’s in the wrong place, FML]

If you’re wondering why I single this monster out, my answer is threefold. One, I expect this from chauvinistic, toxic males. But I am always especially sicken when it’s a woman spouting their trash. Two, the contrast between her smiling grandma avatar and the sewage in her tweet. Three, she revealed strategy and hope in a single line: tire yourself already. This is what they do, they oppose resistance so we, the faggots, get tired. They’re an unmovable mass we, the faggots, must keep pushing for the right to live. And it stroke a deep chord in me BECAUSE I DID GET TIRED. Thirty years of this bullshit, I GOT TIRED AND I LEFT AND I’VE BEEN MY HAPPIEST, GAYEST SELF AND NOW I HAVE TO GO BACK TO SEE YOUR FUCKING FACE, YOLI, AND HEAR YOUR FUCKING BULLSHIT ECHOED IN ALL THE OTHER HOMOPHOBES THAT GOT YOUR BACK AND NEVER MINE.

Oh, but watch out, bitch.
Unless this post substantiates my petition for political asylum, I am coming.
And. I. Am. PISSED.

What had happened was

Ok.

Es la una y diez de la mañana. Estoy sentado en el mismo escritorio de IKEA que me ha sostenido por más de dos años. No sé si lo han visto en mi instagram. Solía tomarle ene fotos, mostly para documentar la incontenible progresión de mi OCD. Es pequeño y bastante simple, pero su color me encanta. Es el mismo marrón chocolate que mi cama y cajonera. En este instante me provoca describirlo como cremoso. Solo porque el otomano de cuero falso que descansa al pie de la cama, donde guardo las toallas y ropa de cama y MI TÍTULO DE NYU (porque me falta espacio pero no vergüenza), también es marrón chocolate… pero no es cremoso. Usualmente editaría un detalle tan estúpido pero, as I type this, decido en tiempo real que esta noche la censura no procede.

Tengo meses borrando y reescribiendo esta maldita entrada. En parte porque no encontraba las palabras, en parte porque las cosas seguían cambiando. El borrador sobre el cual estoy trabajando, por ejemplo, es del 7 de enero. Se llamaba Gay Interrupted y era un texto terminado. En él hablaba sobre sentirme alejado de mí mismo, viviendo vidas prestadas en una ciudad que no es mía. Aún quiero hablar de esto porque, hasta cierto punto, aún es verdad. No obstante, el texto que ustedes leen hoy se llama What Had Happened Was y cuenta con algunos cambios fundamentales, entre ellos:

Mi novio, pobre, no entiende qué me pasa. Cree que él no es suficiente y me da mucha pena verlo triste por mí. Pero es difícil explicarle que, para compartir mi vida con él, necesito tener una vida, que sea mía y solo mía. En este momento, no siento que la tenga. Siento que él conoció a una persona que no es enteramente yo y no sé cómo solucionarlo. Dudo que volver a Perú sea la respuesta – though I may have no other choice. Ugh, todo es tan fucking difícil. Todo lo que tengo son 33 años de falsos comienzos y ene textos de mierda sin terminar.

Mi novio y yo nos separamos a fines de febrero.

No voy a continuar de inmediato con este tema. I will circle back to it, pero por ahora dejémoslo aquí. Sepan que cuando escribí eso, el 7 de enero, I meant it. Pero hoy, 19 de marzo, sé que nuestros problemas eran otros.

Gay Interrupted fue el fruto de mi primer mes de terapia, hence the iconic reference. Entonces aún no sabía cómo me sentía al respecto; ahora no sé cómo voy a sobrevivir sin Megan. De hecho, he ~transicionado~ al tipo de persona que empieza sus oraciones con “mi terapeuta dice que” y me doy vergüenza y orgullo a la vez. En esas primeras sesiones, describí Nueva York de la misma forma que un ex amigo la describió para mí en el subway, citando a un autor que no recuerdo: “Nueva York es como un escultor que va quitándote lo que no sirve, lo que sobra, y te acerca poco a poco a la mejor versión de ti mismo. El problema es que nunca para de tallar. Si te quedas demasiado tiempo, te empieza a destruir”.

Mi gran preocupación entonces era haber cruzado inadvertidamente esa línea. Temía que la ciudad estuviera carcomiendo piezas que realmente necesito. Temía que me estuviera desdibujando.

Have I overstayed my welcome? Aún me encanta vivir aquí, pero no sé qué vida estoy viviendo. Mi trabajo es un favor, básicamente. No tiene nada que ver con mi carrera, la cual se siente cada vez más extrasolar. Ahora solo escucho de “estrategias” o “briefings” o “planning” como un eco del espacio exterior, en entrevistas de trabajo que no se concretan o de amigos con mejor suerte que yo. Me divierte lo que estoy haciendo, es fácil y paga muy bien, pero no creo que sea algo que pueda hacer por siempre. Corrección:  que no es algo que pueda hacer por siempre, este es el último semestre en que la universidad puede emplearme. No estoy acreditado para enseñar de por vida, no es mi carrera, no tengo el cartón. Tampoco sé si lo quiero.

Siempre he creído que uno no es lo que hace, pero el trabajo que elegimos informa nuestras vidas. No sabía cuánto hasta que llegué aquí y tuve que hacer algo que no elegí. No me malinterpreten: he amado cada segundo y estoy muy agradecido, pero fue circunstancial. Hay decenas de personas que me han conocido en los últimos dos años y todo lo que saben de mí es que soy profesor de NYU. Eso significa algo y ese algo no soy del todo yo.

Obvio que suena regio decir que uno es profesor de NYU, ergo lo que estas personas piensan de mí no me quita el sueño. El punto era que YO me estaba rayando, viviendo de identidades prestadas. Suena súper ridículo, lo admito. But that’s how I felt a month into therapy. Miraba hacia atrás y veía trescientas líneas truncas, running every which way.

El punto es que antes era otra persona, y antes de eso era otra, y cada iteración se siente más lejana de mí. Siempre he vivido vidas semi prestadas en esta ciudad. En 2014 cuando trabajaba en Publicidad y estaba con Michael, viviendo mi mejor vida en Williamsburg patrocinado por la agencia. En 2015-2016 cuando estaba en la maestría y todo era alegría con Camila y mis amigos y mis salientes, no tenía responsabilidades reales y vivía en una burbuja (ubicada, for the most part, también en Williamsburg). Luego empecé el OPT y me fui acomodando en este rol – prestado – de profesor universitario, sabiendo que no estaba construyendo mi carrera en lo absoluto, que la gracia se me acabaría más temprano que tarde y que, encima, me iría quedando cada vez más solo, as all my friends started to leave.

Pero mi ansiedad no tenía nada que ver con mis “vidas prestadas”, sino con el hecho de que todas tenían fecha de caducidad. Ninguna me permitía hacer planes, entablar relaciones reales, establecerme de verdad en esta ciudad. Ni siquiera podía adoptar un puto gato, que me habría hecho mucho bien. Quiero estabilidad, maldita sea, ¡tengo 300 años! ¿Saben lo agotador que es cumplir un sueño y vivir bajo la amenaza de perderlo todo el tiempo? Me siento en All Stars, csm. En cualquier momento la vida me saca el lipstick y boom, soy Shangela.

Pero hay algo más… and this is where I address that Facebook picture with Olly Alexander, whose caption haunts me to this day. Como dije antes, fue un momento de suma debilidad. Lo borraría, pero el daño está hecho. Contexto: Acababa de terminar con mi novio, venía de solucionar la renovación de mi depa solo para quedarme sin roommate, y ninguno de los trabajos a los que postulé me había llamado (they still haven’t). Decir que estaba teniendo una semana, quincena, mes o año de mierda would be an understatement.
Enter Olly
.

Además de tener el privilegio de escuchar parte de Palo Santo, pude hablar un rato con él. El evento era para gente “de la industria” y yo era el único infiltrado, así que me porté muy decente y esperé pacientemente mi turno. Por supuesto, tres copas de vino blanco más tarde, me sentí súper empoderado. Había esperado suficiente. Le dije “debo ser la única persona aquí que no trabaja en medios”. Me respondió “get out”. Nos reímos. Creo que estábamos hablando de sus ideas para el tour cuando recordé algo que genuinamente le quería preguntar: quién está manejando la campaña de Palo Santo en redes. “WMA”, dijo.

No bien dije ~redes~ sentí que había resucitado. No recuerdo la última vez que tuve una conversación seria sobre lo que yo solía hacer. Hablamos del rollout en Facebook Messenger y lo mucho que me había impresionado. Me dijo que él también había quedado complacido con el trabajo creativo de la agencia. Fue bacán. Le dije que justamente estaba buscando volver a trabajar en agencias (recordemos, tenía tres copas encima y él me sirvió una cuarta… rumbo al hoyo, lento pero seguro). Me preguntó qué hacía ahora y le dije que enseñaba español en NYU.

Something snapped.
That’s not what I came here to do.

Estuve extremadamente feliz de conversar con Olly, pero horas después, cuando subí la foto a Facebook I realized exactly what I was mourning: I had failed. Terminé la maestría, tengo el cartón and straight As, pero nunca escribí nada. Dejé de trabajar por casi tres años y no publiqué nada. Para qué hice todo esto entonces, si ni siquiera me ayuda a conseguir trabajo ahora. Suddenly it hit me: I had come to New York to write and I never did. I failed. Por eso mi diploma está escondido en el otomano. Con qué cara.

Alguna vez conversando con Pepa sobre la maestría, le dije que me sentía como en Drag Race. Ahora cuando pienso en el asunto, literal escucho a Aja en mi cabeza: “I was like ‘oh yes, I got this!’ And then the challenges and the runways came along and I was like, I don’t look that good, I’m not doing that good, I’m not feeling that good… and then I went home”. Honestamente, no me fue mal. Nunca recibí críticas terribles y efectivamente estaba de acuerdo con casi todo lo que me decían. Pero el programa no me ayudó a corregir mis errores. No sé si es injusto exigirle más, quizá debí exigirme más a mí mismo. Como sea, me habría gustado más input de los profesores y menos bla-bla-bla de los alumnos.
And I definitely could’ve done without the snobbish assholes, but I guess that’s unavoidable in that world.

En el caption de la foto con Olly dije que estaba decepcionado de mí mismo y las decisiones que había tomado. Creo que exageré porque estaba triste. Tenía una idea muy específica de lo que sería estar aquí, haciendo lo que quiero hacer, estando con quien quiero estar y cuando nada resultó, me deprimí. Mi relación (told you I’d circle back) también era parte de este sueño y, de algún modo, sentía que fue otro fracaso. Pero he cambiado de opinión.

This is running a little long, so I’ll keep it brief y esto será todo.

Siempre me ha ido pésimo en el amor, pero nada ha sido más duro que esto. Amar a una persona, genuinamente y por quién es, y tener que aceptar que no es para ti es, literal, lo peor. I had to break his heart and my own, pero estoy convencido de que es lo mejor. No somos lo que el otro necesita ahora y no podemos seguir ofreciéndonos en sacrificio. It shouldn’t be so hard.

Amo a mi ex novio. Lo amo. Se merece a un huevón que quiera lo mismo que él y se lo deseo, en serio. “I realize we won’t be able to talk for some time (…) We were together during a very tumultuous time in our lives. I will always have your back and be curious about you, about your career, your whereabouts…”

* plays harmonica *

Prueba de vida

Déjenme empezar esta pequeña nota diciendo que me arrepiento terriblemente de haberle puesto un caption tan deprimente a mi foto con Olly. Fue un momento de debilidad. Subir una entrada titulada Last Words inmediatamente después probablemente tampoco ayudó, jaja.
For what it’s worth, they weren’t MY last words!

¡Amigos, duh, obvio que estoy vivo! Sé que no he estado muy activo en redes o en el blog, pero ha sido un invierno duro para el alma. A lot has gone down and important things have been lost. Así que aquí estoy, rumiándolo todo bajo la nieve.
Pronto, estoy seguro, llegará otra primavera y saldré como Shakira o el sol or both.

Una entrada* más larga sobre todo esto está en el tintero, pero necesito masticarla un rato más.
Por ahora, ofrezco esto como prueba de vida.
You haven’t seen the last of me.

*While I find the words to put that entry together, I will be posting a series called “Crap I wrote that I never finished”.
Join me in this journey through my failures! 🖤

Last words

Morning unzips the dark

giggles down the street.

If he’s okay wakes me up first thing.

Finds me nestled still in the curlicue of a long night’s neck.

Leave me alone stretches my palms

open. I grieve

for all that exceeds my grasp.

I don’t want to see you sits within the periphery.

Only stepping into focus to jag from time to time.

Twilight slashes the sky again

nightfall spurts out.

Somebody maybe will go to work.

 

Dolores

Cuando murió Bowie hace un par de años, lloré toda la madrugada hasta quedarme dormido. Desperté con la incontenible necesidad de visitar su edificio en Nueva York, despedirme de alguna manera. Puse Five Years en repeat a todo volumen mientras me preparaba para salir. Escuché Heroes en la plataforma del subway y lloré un poco más. A una cuadra del edificio ya podía ver un sinnúmero de cosas en el suelo. Flores, ilustraciones, fotos, vinilos, velas y cartas de personas que excedían a las diez o doce que estaban ahí cuando llegué. Pertenecían a los que habían desfilado también durante la madrugada y la mañana. El espacio era pequeño y seguiría acumulando cosas durante el resto del día. Pusieron un guardia de seguridad a cargo del pequeño altar. Con el paso de las horas se hizo evidente que alguien debía asegurarse de que la gente circule y sus ofrendas no se derramen por todo Lafayette.

Busqué flower shop near me en Google Maps – quizá mi feature favorito del app – y caminé hacia una florería en Mulberry. El lugar, Shu’s Flowers, era hermoso. Me quedé un rato viendo los arreglos y las macetitas de cristal. Cuando sonó Lazarus en mi playlist, Bowie eligió su flor. Era una orquídea negra, que abierta bien podría ser a black star. Perfecto, me la llevo. Me dieron una tarjetita en la que escribí “You were a hero every day. Thank you, Starman” mientras caminaba de vuelta al edificio. Coloqué mi flor en el suelo – curiosamente, al lado de un papel que decía “PERÚ” escrito con lapicero –, respiré profundo y me despedí de alguien a quien jamás conocí. El aire helado se sintió bien al entrar y salir. Todos los huérfanos de la vereda se miraban unos a otros con cariño y compasión, como si nos conociéramos. No creo haber hablado con nadie, solo intercambiado miradas y esas no-sonrisas con labios apretados que uno suele compartir con gente que sufre la misma suerte que uno.

Here’s the kicker: nunca fui tan fan de la música de Bowie. Algunas me gustaban, otras no y la gran mayoría ni las conozco. Las que me gustan, me encantan; pero cualquier fan real podría desenmascararme como un falso fan en tres patadas. Qué pasó, entonces. ¿Pose? No realmente. La importancia de Bowie para mí va más allá de los dos o tres discos que me encantan. He was a fucking weirdo  – and a revered, successful one at that. Era, además, la encarnación de queer. No era gay o bisexual o straight, era todo el espectro en sí mismo. Tampoco era un activista LGBT pero su mera existencia era contestataria y facilitó ese activismo. Era un puente entre puntos diametralmente opuestos, un idioma común entre poblaciones irreconciliables. La influencia de Bowie es tan incalculable que es imposible pensar en él como un ser humano. O lo era hasta que su muerte nos recordó precisamente que no era solo un ícono, también era mortal. Pocas cosas son tan tristes como que se apague una estrella de ese calibre, así fuera una que solo veías ocasionalmente y desde muy, muy lejos.

Dolores, sin embargo, es otra cosa. Bowie siempre estuvo en el cielo, ella estaba en mi cuarto. Entiendo que pueda sonar ridículo para muchas personas que uno llore la muerte de un artista, que sienta tal afinidad por alguien que nunca ha conocido. A esto, respondo: que jamás nos hayamos conocido no la hace, en lo absoluto, una extraña para mí. Hace casi cinco años, en este mismo blog, describí mi relación con los músicos of my formative years como amistades por correspondencia. Sigo pensando exactamente igual. Estas son personas que se han abierto de par en par y han expuesto ante el mundo lo que realmente piensan y sienten en un momento dado. Those are called lyrics. Yo, como millones de personas, he recibido ese mensaje y he dicho “oye, yo también”. Those are called fans and we all have that in common. Quizá no puedo decir esto de las letras de, no sé, Britney – a quien amo por motivos diferentes y dios mío por favor no te la lleves –, pero puedo definitivamente decir esto sobre Dolores.

Estamos hablando de 1996, cuando tenía doce años. Not a girl not yet a woman and, actually, a boy. A gay boy. No puedo recalcar lo mierda que es tener doce años y saber que eres gay en el Perú de mediados de los 90. Tenía amigos del colegio, sí, pero no los veía mucho realmente y no podría decir que me conocían. No sabían lo que pensaba o, específicamente, lo que temía. No podía confiar en ellos. No podía confiar en nadie. No tenía “amigos del barrio”, which I always heard was a thing. ¿Cómo podía entablar amistad con los chicos del parque? ¿Qué tenía en común con estos niños hetero que jugaban fútbol o montaban skate o lo que sea? Absolutamente nada y saber que me podían descubrir en el intento me generaba una ansiedad terrible. ¿Habría otro niño gay por ahí? De hecho lo había, pero no lo conocí hasta mi adultez (¡hola, princess!). A esa edad, no lo sabía y asumía que todo el mundo era hetero y yo era el único raro.

En mi cabeza, estaba solo. En la práctica, también. Me pasaba los días en mi cuarto, con la puerta cerrada, con el mejor regalo que me dieron mis papás: uno de esos equipos que parecían una olla, con la casetera al frente y el reproductor de CD “en la tapa”. No tenía a nadie, pero tenía a Dolores. Tenía mi cassette de To The Faithful Departed (con algunas canciones sueltas de No Need To Argue). Ella entendía. O yo pensaba que ella entendía con el inglés básico que entendía yo. Esa es otra cosa, y nunca había reparado en ello hasta hoy, ¡pero Dolores O’Riordan perfeccionó mi inglés! Ella y Alanis. Porque bajé las letras de internet, busqué traducciones para lo que no pude descifrar por mí mismo, memoricé todo y practiqué mi pronunciación cantando, sin darme cuenta. A ella le debo que hoy tanto gringo idiota se sorprenda de que sea peruano y me diga “but you speak so well!” (ugh).

No tuve la suerte de conocerla en persona. Vi a The Cranberries dos o tres veces en vivo, pero jamás la conocí. Pensé que quizá el 2017 sería mi año. Tenía mi entrada para setiembre en Terminal 5, unos días antes de mi cumpleaños. Cuando la fecha estaba muy cerca, la banda canceló. Dolores estaba mal de la espalda. Prometieron reprogramar la gira cuando se recuperara, pero nos devolvieron el dinero. En ese momento no pensé nada al respecto. Ahora que Shakira me ha hecho lo mismo, pero no me ha devuelto un sol, me doy cuenta que significa “queremos reprogramar pero quién sabe cuándo sucederá”. Ahora no sucederá nunca. Shakira, por cierto, puso fecha para agosto. Mismo venue y mismas entradas, por eso no devolvió nada.

So I do mourn her. I am genuinely saddened by her passing. No solo porque sé que ya no la voy a ver, que no habrán más conciertos, más “visitas”; sino porque ni siquiera habrán más cartas. Estaban grabando de nuevo, ahora todo eso se perderá probablemente. O lo lanzarán póstumamente, que es igual de triste. “No habrán más cartas”. Lo leo y me da más pena aún. She made a lonely kid less lonely and that to me is a friend. Me gustaría poder haberme despedido como con Bowie, but no such luck. Quizá algún día la pueda visitar en Irlanda y darle las gracias personalmente. Adiós, queen.

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