Archivos Mensuales: diciembre 2018

Zaperoko – Llorarás.mp3

Hace diez días, más o menos, el video de una orquesta del Callao burlándose de un chico gay en el Aeropuerto Jorge Chávez reinó en internet. Straights, gays and in-betweeners por igual expresaron su opinión a viva voz. Yo… no. Ese día no quise detenerme en los comentarios de gente idiota que “entiende que es broma” y acusaba a la víctima de exagerar. Tampoco quise interactuar demasiado con Los Gays™ que, comprensiblemente, querían prenderle fuego al hombre en cuestión. No quería dejarme llevar por la pena y la rabia que, por supuesto, siempre me dan estas situaciones. De hecho, esa tarde almorcé con unos amigos y les pedí que no hablemos del tema.

Ese día puse esto en Twitter, intuyendo que con un poco de distancia podría aportar algo más útil a la conversación que “homofóbico de mierda, ojalá que [ inserte su peor deseo ]”:

Hubo algo que reconocí en el video, algo que había visto antes en otro contexto, y a ello me refería cuando dije que adelantar una opinión sin reflexión sería un desperdicio de recursos. Sí, créanlo o no, este individuo nos obsequió un recurso bastante didáctico para entender el aspecto más insidioso de la homofobia y la discriminación en general, pero no era el momento de mencionarlo. ¡Y cómo saber que, además, con el paso de las horas, este hombre se convertiría en the gift that keeps on giving! Primero, con sus “disculpas” públicas y luego con la separación formal de la orquesta, ¡sendas oportunidades educativas para la población!

Primero lo primero. ¿Qué fue lo que vi?

¿Por qué es importante?

Porque es exactamente lo mismo que esto:

No necesito explicarlo. Las imágenes hablan por sí solas.

El mundo ENTERO entiende por qué el segundo gif es increíblemente ofensivo. A nadie se le ocurriría defender a este señor por mofarse públicamente de un reportero con una condición congénita que afecta sus articulaciones. Nadie diría “ay, qué exagerados” y trataría de justificarlo como un chiste. De hecho, nadie dijo “qué gracioso es Donald Trump” en ese momento. NADIE. La condena fue súbita y unánime. ¿Por qué, entonces, todavía estamos tratando de sostener que con los gays es una broma? ¿En qué se diferencia el gif número 1 del número 2? En nada, señora. Es. Lo. Mismo.

Todos entendemos (o decimos entender) qué es la discriminación en abstracto, pero VERLO, in action and full swing, es otra cosa. Por eso me encantó que este ~caballero~ actuara para la cámara e hiciera exactamente lo que tenía que hacer: demostrar que una burla no es una broma, es un insulto. Pretender ridiculizar a una persona por ser gay, de color o de capacidades diferentes, puede ser muchas cosas –  agresivo, mezquino, repulsivo, mal intencionado – pero jamás un chiste.

Históricamente, además, las personas LGBT+ tenemos una relación muy particular con el insulto. Marcel Jouhandeau decía que “ser insultado es ser marcado en el hombro con hierro candente (…) Dejamos de ser lo que pensábamos de nosotros mismos. No somos más la persona que conocíamos, sino la que otros creen conocer, la que otros asumen así o asá (…) El insulto me informa que no soy como los otros, que no soy normal” (On Abjection, 1939).

En “Insult and the making of the gay self“, un excelente libro de Didier Eribon, el insulto es definido como el signo de vulnerabilidad social y psicológica que moldea las relaciones que uno tiene con los otros, con el mundo y consigo mismo. Qué clase de relación podemos tener las personas LGBT+ con el mundo que nos rodea si, “a través de la fuerza del insulto y sus efectos, descubrimos que somos personas sobre las que algo puede ser dicho, personas a quienes se les puede decir algo, alguien que puede ser observado o discutido sin posibilidad alguna de poseer eso que se dice”.

“Es como si la página de un libro se sintiera siendo leída en voz alta sin ser capaz de leerse a sí misma” – Sartre.

El insulto me mira de arriba a abajo y me quita lo que soy, dejándome lo que otro quiere imponerme en pos de dominarme. El insulto no me dice nada de mí mismo, es un poder que alguien quiere ejercer sobre mí. En primer lugar, el poder de herirme y luego, el poder de reducirme a una cosa, de ubicarme en una categoría inferior. No se equivoquen. ESE es el mundo en el que hemos vivido los LGBT+ desde que la Tierra es redonda. “Un mundo de insultos, rodeados de un lenguaje que nos delimita y nos señala”. ¿Pensabas que este chico exageraba al sentirse ofendido cuando le gritaron “tómatela toda”? Think again.

El lenguaje, amigos, importa. Nunca es neutral. Denominar algo tiene efectos sociales. “Es por y mediante el lenguaje que la dominación simbólica opera; a través de la definición – e imposición – de formas socialmente legítimas de percibir al y representar el mundo. Y en el insulto, es nuestro inner sanctum lo que se ve amenazado, nuestro corazón de corazones”.
And if you didn’t, now you know. 

Esto me lleva al siguiente regalo que nos dio este sujeto: las disculpas públicas.

Cuando vi el video de estos señores en Facebook, quedé tan impactado que tuve que reiniciarlo para tomar nota de la cantidad de idioteces que estaban diciendo. Desde “ha habido un malentendido” hasta “jamás quise ofenderlo”, pasando por “lo hice con la mejor intención”, mi favorita personal “yo pensé que estabas grabando porque te gustaba la joda” (¡insólito, csm!) y la infaltable “estamos contra la homofobia, tenemos muchos amigos, familiares…”.

Empiezo por esta última y quiero aclarar que los puntos suspensivos ni siquiera son míos. Los huevones dijeron esto TRES VECES antes de poder completar la oración y decir en voz alta que esos amigos y familiares eran, in fact, gay. Eh, no sé qué opinen ustedes, pero yo creo que si no puedes NI PRONUNCIAR la palabra “gay”, tienes algún tipo de problema con los gays. Y ni qué decir del resto de las letras de la comunidad.

Abro con esto porque quiero destruir de una vez por todas este maldito mito de que si tienes amigos gay no puedes ser homofóbico. BITCH, si hasta los gays pueden ser homofóbicos (googlee usted “homofobia interiorizada” y edúquese), ¿qué diablos te hace pensar que tú, por obra y gracia de conocer un gay, no puedes serlo? Newsflash: no hay que ser “matacabros” para ser homofóbico. La homofobia no es sinónimo de asesinato sino de discriminación… y la discriminación es más sofisticada e insidiosa que “vas a morir, maricón“.

La pseudo disculpa de este grupo incluía frases como “lo he hecho con la mejor intención”, “hemos estado en una chacota” y “los que nos conocen saben la forma en que nos bromeamos”. Perdón, ¿cómo te burlas de alguien con la mejor intención? ¿Cómo es insultar a un tercero una ~chacota~? (qué palabra repugnante). Peor, ¡¿CÓMO ES UNA EXCUSA decir que la gente que te conoce sabe que tu sentido del humor consiste en ofender a una minoría?! Esto, amigos, en tanto denigra a una persona homosexual, la reduce (o lo pretende) a algo y no alguien, la transforma en un COSA que puede ser comentada y discutida, es homofobia. Punto.

Si pienso en cómo podría invertir la situación, señores de Zaperoko, para que sientan en carne propia lo horrible que es ser discriminado por ser quien uno es, no se me ocurre otra cosa que la siguiente bajeza (y me disculpo sinceramente por la asquerosidad que voy a escribir). Imagínense que yo soy un racista de mierda. Que soy tan ignorante que con una mirada asumo que deben ser afro-descendientes y, al verlos esperando su avión hacia Arequipa, empiezo a rascarme las axilas, hacer ruidos de mono y reírme con mis amigos, ¿no se sentirían insultados? ¿No estoy acaso discriminándolos y ridiculizándolos por tener la piel más oscura que yo (algo que no solo es absurdamente normal sino que, además, escapa de su control)? Si se acercaran a cuadrarme y uno de mis amigos respondiera “pero si él también es negro”, ¿no se sentirían profundamente ofendidos e impactados por el desparpajo con el que soltamos algo tan aberrante? ¡Por supuesto que sí! Con toda razón.

“Ha habido un mal entendido”, declaró Mr. Sabroso. “Jamás quise ofenderlo”. Indeed, aquí hay un malentendido. Dos, de hecho, pero no los que él cree. El primero es que este señor honestamente cree que todo fue una broma. Pesada, quizá, pero broma al fin. Espero que quede claro, después de lo expuesto hasta este momento, que lo que hizo fue cualquier cosa menos una broma y sí quiso ofenderlo. ¿Por qué otra razón lo haría? Lo que no quería – y no esperaba – era que lo cuadren, que lo dejen en evidencia. Después de todo, no hay nada peor para el perro que ladra que que lo encaren y revelen que no muerde. Nada le duele más al “machito peruano” que quedar en ridículo y en ridículo quedó. Oh well! Llorarás.mp3.

El segundo malentendido llega por cortesía de sus compañeros de banda y es el último regalo que nos dejó esta vergonzosa situación. Tras la abrumadora respuesta de la gente, que obviamente no aceptó una disculpa tan estúpida, la orquesta – que horas antes lo respaldaba al cien por ciento – de pronto se sintió en la obligación moral de expectorar a Mr. Sabroso. Esto es, literalmente, un malentendido porque estoy SEGURO de que no entendieron por qué merecía ser expulsado. Seamos sinceros, lo sacaron para apaciguar a las masas. Lo botaron para no tener que enfrentarse a más escándalos públicos que sin duda les tocarían los bolsillos. No fue porque “están en contra de la homofobia”. No lo están, how could they be! Ni siquiera saben qué es. Lo demostraron con sus risas y complicidad cuando este sujeto hacía su show.

En mi opinión, es excelente que estas tres cosas hayan sucedido, una tras otra, exactamente como sucedieron y que, encima, ¡haya material audiovisual! Son sendas oportunidades para educar a la población sobre lo que constituye un acto homofóbico, una micro-agresión (aunque ni tan micro) impulsada por el prejuicio. Más importante aún, aclarar por qué esto no es, no puede ser y nunca será “solo una broma”. ¡Pero este es el Perú! No podía faltar el cuarto acto, donde todo se va a la mierda.

Al “Wasap [sic] de JB”, o como se llame ese programa, no se le ocurrió mejor idea que hacer una broma de la broma que no es broma. Esta insensatez me rebasa de tal manera que ahora sí casi, casi me quiero reír. Sé que Latina recibió una carta a prueba de bestias explicando por qué no debían transmitir este absurdo, pero como no sé nada de este programa, ignoro si salió al aire o no. Por mi salud mental, me abstendré de googlearlo y asumiré que no ocurrió. Que los directivos del canal comprendieron que es su responsabilidad detener  – o por lo menos no ser cómplices de – la normalización de la homofobia. ¡Y que entendieron que no 👏🏿 es 👏🏾 una 👏🏽 puta 👏🏼 broma! 👏🏻

Si llegaron hasta aquí, queridos amigos, agradezco su dedicación y espero haber logrado articular mi discurso al nivel que prometí en ese tweet del 30 de noviembre (y que les sirva de algo). As A Gay™, entiendo lo frustrante que es ver a este tipo de gente hacer idioteces una y otra vez, impunemente. Igual que ustedes siento la tentación de rendirme al odio y decir cualquier barbaridad. No obstante, como dije líneas arriba, el lenguaje importa. Si queremos que nos VEAN por quienes somos (fellow human beings, por si no quedó claro) y que entiendan que estas actitudes son ofensivas y potencialmente peligrosas, no podemos gritarles “¡homofóbicos de mierda!” y esperar que se resuelva. Lamentablemente, nos toca ser pacientes y educar.

Tipo, si no entienden ni el concepto de broma, mucho menos van a entender qué es homofobia…

Now that was a joke.