XS talk

Hoy me sorprendo pensando mejor mis respuestas
sin importar la pregunta
porque no quiero mentir
o ser inexacto
y en esos segundos
que se pudren en el aire más rápido que los demás
me pregunto si mi interlocutor me encuentra pedante
porque es muy temprano
y miro al vacío o exhalo
como si me importunara la pregunta
o asignara grandiosidad a mi respuesta.
Ninguna de las dos.
Me demoro porque quiero
ser preciso
nada más.
Es curioso porque
de todos modos
no me conozco.

The dog

An eight-story French bulldog stares blankly at me from across the street. Not even at me, but in my direction. I can never tell what those crosseyed motherfuckers are looking at. “This is quite the gamble you’ve taken.” That’s my inner monologue talking, not the dog. I don’t hear the dog, I’m not insane. I just talk to myself a lot —what else is there to do. Also, I suspect the dog doesn’t truly give a shit I’ve committed the very last of my life’s savings to this sinking ship.

No, the dog just sits there, waiting. One motionless eye on me, the other one looking off into the sunset, into a deadpan future. It seems to already know the ending, which makes for very dispassionate viewing. Yes, the dog is not invested in my story, I can tell. And who could blame it. I mean, what is this, my fifth attempt at life? We really seem to be circling last-ditch territory this time around, too.

The notion that this dog will likely watch me die and remain just as expressionless as it is right now is unsettling. Why bother, dog. Life is too short to just sit and go through the motions. Get invested, dog! Just don’t bark at me, I can’t stand it, I’m a cat person for a reason —many reasons, in fact, but that is a big one. Actually no, life is long as fuck. I myself have lived and died several times in 35 years. So who am I to tell you shit. Do whatever you want, dog. Just, again, no barking.

“This is quite the gamble you’ve taken.” Ugh, shut up, part of myself. Do you have that, too? That one refraction of your psyche that is so mouthy? There’s always that one. No matter the interface it passes through, however obliquely, the intensity of that one bitch is always off the charts. They just love to run their mouth.

So goddamn preachy and self-righteous, too. Hey asshole, if you’ve got all the answers, how come I keep fucking up! You only show up after the fact, to lecture me on things I already learned the hard way. Get the fuck out of here with that Hermione attitude. At least she had the knowledge to back it up, you ain’t shit. You think you can come all calm and collected and talk down to me in your TV dad voice after I’ve shot my shit to hell? Fuck that.

You know who I really like? Drunk me. That bitch doesn’t give A SHIT. She’s just having a blast, loving everyone and everything. Although I suppose she’s sort of unhealthy. She is a horrible binger. Cannot control her urges. She’s invariably horny and hungry. Will end the night at either Burger King or Grindr without fail. Or both! —unless she bottoms, but that’s been a rare occurrence in the last handful of years. We’ve agreed I’ve gotten too lazy to prep in my old age.

I can tell the dog is bored with us. Still there it sits and watches. It never occurred to me that I might be its penance. The dog might be serving some kind of sentence, unable to look away from the boring, mildly psychotic gay guy’s apartment. Wow. We really are so entitled. I’m sorry, dog. I don’t know what the Powers That Be are lording over you that you have to endure this. Or what you’ve done to deserve it. We’ve all done some shit.

We might just get along now, dog. Bark a little, if you must.
But do try to keep it down. I’m barely holding it together over here.

Exile

Heard luscious before, I learned warm
Seen velvet, knew tightness, tasted words
soapy
translucent like bubbles
but tension from your skin
stretched to the brim of human
potential
overflowing with blood, alive like a wire
an understanding we’ve lacked
of terms
of bliss
as hollow phrases fill up with juice
grow rinds
give way to fruit
not an apple, but a peach
nevertheless holy and not to be touched.
I am never going to be able to unfeel you under my hands.
I am never going to be able to unfeel you under my hands.
I am never going to be able to unfeel you under my hands.
I am never going to be able to unfeel you nor feel you, again.
The weight of my greed
for each pound of flesh
is utter misery.

I’m going to tell you a secret…

En este día, el más sagrado del calendario homosexual of a certain age, quiero, como la reina del pop before me, contarles un secreto. Varios, de hecho. Me van a tener que tolerar el salto de un idioma al otro porque he descubierto que el español me resulta muy categórico. Lo que digo en español es demasiado real, me hace sentir excesivamente vulnerable. And if I am to release The Beast Within, la tengo que dejar salir como me duela menos. La frase con la que quiero empezar, además, viene a mí en inglés, así que piña.

I’m here to admit defeat. Ese es el secreto —a voces, pero secreto al fin— y la razón por la cual estoy atrapado en este limbo desde hace dos años. Quiero dejar en claro que siempre he sabido esto. No es un breakthrough producto de mi flamante terapia. Siempre he sabido que mi depresión post Nueva York se debía a que, en mi cabeza, perdí. No quiero decir que perdí como que “intenté y no me ligó”. Eso podría superarlo. Hell, podría intentar otra vez, sin problema. No, yo realmente perdí, as in regresé con menos. La experiencia me quitó algo, algo sumamente importante: el sueño que —me atrevo a asegurar— todos guardamos en el bolsillo de atrás.

Asumo que quien lea esto me conoce. Si me conoce, sabrá que yo hice mi carrera en publicidad digital. Sabrá también que me fue muy bien. ¿Saben qué? Fuck modesty, me fue excelente. Por mucho tiempo el estándar era yo. Incluso hoy, en algunos pocos círculos donde aún operan mis contemporáneos, mi fantasma me sobrevive (aunque gran parte de esto se debe a mi Miranda Priestly-esque attitude de la época). In short, I WAS A FUCKING LEGEND —cosa que antes solo podría haber dicho de broma, pero hoy no me da vergüenza aceptar. Es verdad y me lo gané.

Detuve mi carrera en un momento en el que, si hubiera seguido adelante, probablemente habría podido negociar cosas absurdas para mí mismo. Pero tenía un pequeño sueño en el bolsillo de atrás, one I’ve had for as long as I can remember. Desde que hacía las tareas de Composición en mis cuadernos forrados de papel lustre amarillo —el color de todas las asignaturas de Lenguaje— que luego encontraba a mi hermana leyendo a escondidas. Cuando se me presentó la oportunidad más ridículamente perfecta de seguir ese sueño, lo tiré todo y me fui detrás.

¿Fueron mis expectativas demasiado elevadas? ¿Fui muy ingenuo en cuanto a lo que humanamente podía conseguir de dicha oportunidad? ¿Me tiré a la piscina asumiendo demasiadas cosas? ¿Di mucho por sentado sin investigar, sin realmente trazarme un plan de acción para el futuro? Sí a todo. Me justifico ante mí mismo de la siguiente manera: it was a Monkey’s Paw scenario y me dejé deslumbrar por su magia. Yo le pedí algo extremadamente específico al universo y me lo depositó en el regazo, ¡mejorado! Pero, aparentemente, el universo no está obligado a hacer lo que el deseo no manda ni impedido de cagarte con lo que éste no prohíbe. So I got exactly what I wanted… with a side of what I never saw coming.

Sin entrar en demasiados detalles, porque ya estoy algo cansado, diré que no encontré lo que pensé que encontraría y terminé bastante más confundido e inseguro que cuando comencé. Es cierto que la ignorancia es atrevida y me habría gustado seguir siendo ignorante y atrevido. ¡Al menos habría sido productivo! Aunque agradezco que me haya ahorrado el previsible papelón de haber puesto sobre el papel aspectos de mí que hoy han cambiado radicalmente.

Vivir casi cuatro años en Nueva York me quitó la cojudecita limeña de un cachetadón. It punched the highlights out of my hair, if you will. Experimentar ese nivel de diversidad en carne propia fue lo mejor que me ha pasado y me hizo una mejor versión de mí mismo —for sure 100% mejor que la pituca-adjacent wannabe-mean girl I was in my youth. Así que no hay mal que por bien no venga, etc, etc.

Efectivamente, no puedo ponerle precio a que me saquen la venda de los ojos… pero en cierto sentido lo tuvo: I had to give it up. All of it. No solo vivir ahí, sino la idea de vivir ahí, el plan. MI ÚNICO PLAN B. Lo que me repetía a mí mismo cuando me agobiaba el día a día, cuando estaba podrido de mis circunstancias. “Algún día me lanzaré a escribir, como siempre quise, y viviré en una ciudad que me encante, que esté viva, donde a nadie le importe un pito lo que hago o dejo de hacer”. You know, el sueño del bolsillo de atrás.

WELL, GUESS WHAT, MIMI! “Algún día” llegó y se fue. I had it, cupped between the palms of my hands, and nothing came of it. I couldn’t grab it, I couldn’t hold on to it, it just sifted right through. Sí, aprendí un culo de mí mismo y eso no es poca cosa, quizá es incluso lo que me tenía que suceder y no lo otro. O quizá tenía que suceder esto primero para que luego pase lo otro. No lo sé, no lo estoy viendo. Después de todo, Fiona y yo tenemos eso en común. I, too, am likely to miss the main event if I stop to cry and complain again. Pero así me siento, no lo puedo controlar aún. Durante todos estos meses sentí que había perdido el sueño que hacía cualquier otra realidad tolerable.

I am pleased to report, though, que no voy a terminar esto en una nota amarga. Cuando empecé —y conforme avanzaba— estaba convencido de que así sería, pero descubrí algo nuevo en el camino. No recordaba a qué canción pertenecía la letra de Fiona que estaba tratando de citar. Antes de aterrizar en Better Version Of Me (¡!), revisé algunas otras que pensé podían ser. Una de estas fue Fetch The Bolt Cutters, que no decía lo que quería encontrar, sino lo que necesitaba leer:

While I’d not yet found my bearings, those it-girls hit the ground
Comparing the way I was, to the way she was
Saying I’m not stylish enough and I cry too much, and I listened because
I hadn’t found my own voice yet
So all I could hear was the noise that
People make when they don’t know shit
But I didn’t know that yet…

Fiona Apple, Fetch The Bolt Cutters (2020)

Cuando quieres hacer algo nuevo, siempre habrá gente mejor que tú. Eso es bueno, puedes aprender. Pero también habrá los que se auto proclamen custodios de ese círculo, los que te miren con la ceja arqueada, huffing and puffing por tu presencia. Fuck them. Solo tienen el poder que tú les cedes. Hablarán y harán el ruido que hace la gente que cree que todo lo sabe y la bulla te intimidará, porque aún no has encontrado tu lugar, tu balance, tu voz. But they don’t really know shit… and you just didn’t know that yet.

¿Mi próximo deseo?
Mucho. MUCHO. Más. Específico.
Fool me once… 😒

Appetites

My appetites are larger than the width of my mouth.
There’s no biting off more than I can chew, there will be no sinking of teeth.
I got no bite, I’ve given up.
I’m at the point of hunger going backwards
it curls back, it rolls back towards vomit.
Far too small to make a dent, mousey, lousy with craving
fed up with yearning, running amok, running on fumes, going unchecked, going unfed, fall through the cracks, slip through the gaps
between razor-sharp fangs
good as brand new,
sitting unused.
Anything would do, still
not a bite, not tonight.

Happy Death Day 2U

Cuando publique esto habrán pasado exactamente dos años desde que dejé Nueva York —down to the very minute, pero con una hora de diferencia por la idiotez de Daylight Savings— y puedo decir con total seguridad que no he hecho NADA con mi vida desde entonces. No me he movido en ninguna dirección. No he intentado restablecerme en ninguna parte. Sé que he ido a festivales, visto a las Spice, manejado al revés —y casi muerto como consecuencia— en UK, y trabajado en los Juegos Panamericanos, arguably the highlight of my entire career (después de cuatro años de total ausencia). Still… se siente como nada.

Este día, que coincide desafortunadamente con el cumpleaños de una de mis amigas más queridas que aún vive allá, se mantiene enquistado en mi memoria, sus paredes luminosas y translúcidas. Puedo verlo todo en el reverso de mis párpados como si fuera ayer, lo quiera o no, y me hace cuestionar si he estado realmente vivo todo este tiempo.

Si hago como la mujer del Ensayo de Cristal y atravieso la corteza del tiempo con las manos para desenterrar este mismo día, dos años atrás, ¿qué le voy a sacudir de encima? Una capa de polvo, estos dos años. Una película fina de absolutamente nada. No tengo ni que meter la mano para extraer el pasado, basta con soplar esta casca de poquedad and there. it. is.

Con frecuencia he declarado que el recuerdo de mis muebles, mi dormitorio casi entero, abandonados en la vereda frente a 36 Sutton es la imagen más horrible de ese día, pero no es cierto. Todo era horrible; así que solo hice, no sentí. Me he entrenado toda la vida para no registrar los golpes más duros. Mi guardia es impenetrable y automática. Me atrevo a decir que ahora está incluso más allá de mi control. No sentí nada cuando los dejé. Solo lamenté no poder llevármelos o, en su defecto, recuperar algo de dinero por ellos porque estaban en perfecto estado.

La verdad no sentí mucho de nada cuando me fui. Me moví porque había que moverse. Desmantelé mi cama y la dejé en el sótano del edificio. Saqué mi colchón, cómoda, silla y escritorio a la calle. Regalé muebles pequeños, libros y cachivaches de cocina a los amigos que estaban conmigo. Llamé a cancelar cuanto servicio pude, excepto Spectrum que me pedía devolver físicamente el módem. No había contado con eso así que tuve que pedirle a Daniel, cuyo vuelo salía más tarde, que fuese en mi lugar.

Cerré mis maletas, me subí al Lyft y le pedí que se detenga en Manhattan Avenue. Había olvidado cancelar mi membresía en Crunch. Crucé la pista hacia el Citi, para retirar mi dinero y cerrar mi cuenta, pero estando allí no pude. Saqué un poco y dejé el resto, para un futuro desconocido. Ahí decidí tampoco cancelar mi celular. Volví al taxi y seguimos al aeropuerto. El conductor me habló solo un rato. El resto del trayecto fue música triste y calles conocidas y desconocidas reflejándose en la superficie endurecida de mi cerebro. Estaba agotado.

Cuando el vuelo de Nueva York a Dallas despegó a las 6:04 de la tarde, hora local, ya estaba dormido. No tuve que verme salir. Desperté en Texas y me moví porque había que moverse. Curioseé por el aeropuerto, me tomé algo y cambié de avión. Cuando vi una nueva ciudad tenderse bajo mi ventana, no sentí nada. No solo por mi entrenamiento en entumecimiento selectivo, sino porque no había nada que sentir. No tenía ninguna relación con Dallas, no me importaba irme de allí.

Pensé en todo esto hace poco. Mi laptop, la primera compra grande que hice cuando me mudé en 2015, se colgó hace un par de días. La cerré por frustración, sin pensar nada de aquello, y luego de un rato la vi dormirse desde mi cama. Cuando regresé a ella, seguía dormida. Cuando apreté enter, seguía dormida. Cuando apreté on, con confianza primero y presionando después, seguía dormida. Cuando apreté control, option y shift por varios segundos, seguía dormida.

Cuando empecé a desesperar y seguí las instrucciones de Google para forzarla a despertar, seguía dormida. Cuando la llevé al iShop al día siguiente, seguía dormida. Cuando volví a casa —con una cita programada para dentro de 17 días— seguía dormida. Ahora que escribo esto desde mi MacBook de 2009, sigue dormida. Mañana cuando se la lleve el técnico que mi amigo Gonzalo me recomendó, seguirá dormida. Solo les cuento todo esto para decirles que la desesperanza nunca se apoderó del todo de mí. Como entonces, no lo permití.

Le cerré la puerta al golpe de perder mi laptop y cedí el espacio que debió ocupar la ira, la preocupación y la tristeza a la organización. Me moví porque había que moverse. Abrí mi calendario inmediatamente y revisé la fecha del pasaje que compré en plena pandemia, cuando mi intención era ahorrar más que viajar. Entré a apple.com y busqué una nueva laptop, vi que además podía conseguir AirPods con mi compra.

Empecé a buscar otras cosas que quería comprar y de pronto el plan de viaje estaba armado. Con suerte logran restaurar mi laptop antes. Me conformo con que prenda, así la puedo canjear. Según apple.com son 300 dólares de crédito si la laptop funciona. Veremos. En realidad lo más importante es que abran la frontera a tiempo para mi viaje.

Me pareció curioso descubrir cuánto dependo de mi laptop, o mejor dicho, cuán cabalmente miserable me sentí de perderla. Mucho más fuerte que con mi celular, un recorrido doloroso ya bien documentado. A estas alturas todos hemos experimentado la ignominia de una vida sin teléfono. Que se me quedó en el taxi, que me robaron, que se me cayó borracha al water, que me cargué la pantalla. Sea cual sea el origin story, la trama es universal y la amenaza del remake, constante. Pero sabes que, mal que bien, todo está en la nube y no es tan costoso reemplazar el equipo —o ya nos acostumbramos a la vileza del este ciclo de gasto.

La laptop es MUY diferente. Para empezar es más cara y todo lo que tienes ahí no necesariamente está en la nube o en algún backup externo. Sé que tengo uno pero no lo he actualizado en los últimos seis meses. La nube debería estar al día, pero no lo sé. Aunque claro que en los últimos seis meses tampoco he hecho demasiado, so I don’t even know what I might have potentially lost. En fin, el punto es que me dolió la pérdida y solo lo noté porque entré en “modo seguro”. Me cerré a todo y empecé a organizarme, para evitar el dolor hasta el último momento posible. Nadar o morir.

Pero como podrán notar en esta entrada, incluso si tarda dos años, el dolor llega igual —y es tan insoportable como cuando está fresco, so I don’t even know what was the point in all this.
No me sirvió de nada. Hoy me siento tan al borde como al principio.
It’s just the same shit day, repeating itself time and time again.

In a mood

Son más de las dos de la mañana and I’m in a mood.

Dormí toda la tarde porque mis horarios se invirtieron nuevamente. Da lo mismo. No estoy haciendo nada provechoso con mi tiempo. Siento que a todos los planes que podría tener les falta una pieza, que no es imposible de conseguir, de hecho se siente muy asequible, solo depende de terceros y tales terceros no están disponibles en este momento.

Válido para todo. ¿Por qué no busco trabajo? Ah, porque con el Estado de Emergencia ni siquiera la gente con trabajo tiene trabajo. De hecho cada vez escucho de más conocidos o amigos que han sido despedidos o suspendidos o cuyos sueldos se han reducido. ¿Buscar trabajo? In this economy? No, tendré que esperar a recuperar algo de normalidad.

Estoy al tanto de que son solo excusas, por supuesto ⏤and you should, too! La verdad es que no quiero trabajar y, si quisiera, no sabría en qué. Es algo que espero resolver con mi terapeuta. Pero suena lógico, ¿verdad? Independientemente de si quiero trabajar o no, casi todas las industrias están paralizadas por la pandemia. Difícilmente es la atmósfera más propicia para empezar en ninguna parte.

¿Cómo sé que son excusas, entonces? Porque, en algunos casos, son realmente absurdas. Por ejemplo, podría llenar mi tiempo con cosas productivas que me gustan, como leer o hacer ejercicio. Pero no estoy leyendo porque los libros que estaba leyendo están actualmente en una repisa que no puedo colgar y no estoy haciendo ejercicio porque no tengo los implementos necesarios.

Um, bullshit.

Al principio de la cuarentena me las arreglé para armarme un gimnasio de cosas que encontré en mi casa. Si no estoy haciendo nada es porque ahora me da frío. Resulta que toda mi ropa de gimnasio es de verano ⏤shorts, polos manga corta, tanks⏤ y no tengo nada abrigador que quiera sudar. Entonces, tendría que comprarme ropa de gimnasio de invierno… nueva. In this economy? No, tendré que esperar a que no haga frío… en julio. ¿Ven? Absurdo.

¿Y los libros? ¿No podrían estar al lado de mi cama, donde estuvieron hasta que compré y armé la repisa? Sí, pero no. Los puse en la repisa inmediatamente después de armarla, a pesar de saber que no podría colgarla. ¿Los clavé a la repisa y ya no los puedo sacar? No, podría sacarlos, pero puse la repisa debajo de mi mesa de noche y tendría que darle la vuelta y ugh… ya no tengo ganas de leer. ¿Ven? ABSURDO.

To my credit, realmente intenté colgar la repisa. Compré dos e intenté colgar una, la que tendría menos cosas encima, pero no confío en mi mano de obra. No tenía un taladro, así que usé clavos y martillo y la pared se descascaró un poco, lo cual solo me hace pensar que las probabilidades de que se despostille de repente, los clavos cedan y la repisa me parta el cráneo in my sleep son altas. Imagínense la otra, la de los libros, que pesa bastante más que la primera. Esa se caería sí o sí.

Entonces me digo “cuando Promart reabra su servicio de instalaciones llamaré a alguien para que cuelgue la repisa correctamente y cuando alguien cuelgue la repisa correctamente, los libros me serán más accesibles, y cuando los libros me sean fácilmente accesibles, los retomaré”. Mientras tanto, veo series y películas usando mi proyector, que descansa en la repisa que sí colgué (y que descuelgo antes de dormir para no morir así). ¿Ven? A-B-S-U-R-D-O.

Ahora me pregunto para qué mierda quiero colgar repisas en un lugar en el que no pretendo vivir por mucho tiempo más y me respondo: para distraerme. Del hecho de que estoy aburrido y deprimido, de que el invierno me debilita y me quita las ganas de hacer ejercicio o leer o escribir o hablar con gente o ver amigos o hacer nada que no sea comer porquerías y estar en mi cama el 80 por ciento del día.

Ugh, perdón. Son las tres de la mañana and I’m in a mood.

Laid to rest

21 de junio de 2020

A comienzos del mes, mi madre me informó que era el aniversario de la muerte de mi papá. Como todos los años, me dio igual y no pensé mucho en el asunto. Estaba releyendo un libro sobre el racismo en el Perú que me parecía más importante. Al día siguiente escribí buena parte de lo que sigue a continuación, pero no lo publiqué. Quería publicar algo sobre el racismo primero. Como siempre, ended up doing neither.

En cualquier caso, me dio un rato para sentarme con lo que escribí ⏤y lo que no⏤ y enmendar un poco el texto. No porque sienta la necesidad de defender las acciones de nadie, sino porque creo que es lo justo. Otherwise, it’s character assassination. No need for that. La foto siempre es más grande que sólo nuestros errores. “If we were our outcomes, I’d be joining you.”

Entiendo que crear excusas ⏤a veces inconscientemente⏤ para justificar los comportamientos dañinos de terceros, especialmente familiares o parejas, sea casi un reflejo para muchxs. Yo no soy esa persona. De hecho, me desagrada la gente que racionaliza las deficiencias de sus seres queridos ⏤”ella es así”, “él no es muy expresivo”, etc.⏤ para explicarse a sí mismos y al mundo sus experiencias negativas, excusando a sus protagonistas en lugar de llamarles la atención.

Me desagrada aún más cuando, luego de racionalizar away cualquier actitud problemática, concluyen que “en el fondo [esa persona] me quería”. Simplemente porque “they must have.” No, stop gaslighting yourself. Las dinámicas familiares son más complejas que eso. Es posible entendernos y perdonarnos sin negar o reducir la realidad. Querer no es automático ni obligatorio, te lo ganas. Anything else is obligation.

Creo que cuando uno es chico no sabe realmente lo que siente. No es posible, no tienes la suficiente información. Uno siente lo que le dicen que sienta y cree sentirlo porque confía en quienes dan la indicación. Crees en dios porque te dijeron que existe y te ama. Crees querer instantáneamente a tu familia extendida, gente que ni recuerdas, porque te dijeron que ya te conocían y querían, aunque tú no lo supieras.

Claro, pues. Cómo podría no querer a alguien que me quiere. Ergo, los debo querer. Este sentimiento raro y ligeramente incómodo que te genera esta gente, con la que nunca has tratado, debe ser amor. Si no nos vemos casi nunca y, cuando nos vemos, no son particularmente cariñosos, da lo mismo. Los tengo que querer igual, right? Wrong, pero aún no lo sabes, eres un niño.

Además, probablemente nunca tendrás que descubrirlo. Lo más común es que con el tiempo formes un vínculo real con toda esta gente y ya no sientas que “tienes que quererlos”, los querrás de verdad. That’s kind of how it works with family. You grow into the love you’ve been told you already have.

Solo ahora puedo identificar que cuando otros niños decían querer a su papá y yo pensaba “sí, pues, es mi papá, lo quiero”, en realidad no estaba tan seguro. No sabía si era un sentimiento genuino o algo que me habían implantado y nunca se me había ocurrido cuestionar. En mi cabeza, la alternativa, la posibilidad de no quererlo o querernos, era impensable.

Sin embargo, el único sentimiento real que me despertaba, el que sí recuerdo experimentar, era no-confianza. No desconfiaba de él. Jamás pensé que mi papá podría, intencionalmente, hacerme daño. Simplemente no confiaba en él como en mi madre. Imposible. Sabía que siempre podía contar con mi mamá para lo que fuera, pero a mi papá no se le podía ni pedir ayuda.

¿En qué momento? ¿En las mañanas ⏤absolutamente todas las mañanas⏤ cuando renegaba porque iba tarde para el trabajo? ¿O después del colegio cuando entraba a saludarlo a la sala, donde él almorzaba solo, y recibía un invariable “qué quieres” en lugar de “hola”? ¿O quizá después de almuerzo, cuando se encerraba a dormir ⏤literal, con llave⏤ y no emergía hasta la noche? No, imposible. El huevón era mega raro. Incluso después de dormir todo el día, las probabilidades de que se levantara de mal humor eran 50/50.

Ahora como adulto, podría entender que estuviera deprimido, que su vida no fuera lo que hubiese querido, que se sintiera presionado por cumplir ciertas expectativas sociales, lo que sea ⏤esto hubiera requerido que abra la boca, claro. But as a kid? ¿Qué más me puede inspirar una persona que, pese a vivir en mi casa, no conozco, no me habla y está molesta el 75% del tiempo?

La única sensación real que recuerdo experimentar en relación a mi papá fue ansiedad. De chico al menos. De grande me dejó de importar y creo que ese fue su gran error. Logró que, cuando tuve peces más grandes que freír, mis propias ansiedades que resolver, me deje de interesar. De niño estuve ahí, dispuesto a entablar una relación. De grande ya tenía otros problemas, otras alegrías, otra vida entera de la que, históricamente, no participó.

Sería muy fácil para mí especular que yo no era el hijo que él quería, que no teníamos nada en común y que, cuando se fue notando clarito que no lo íbamos a tener por quién era yo ⏤o quién iba a ser⏤, dejó de esforzarse por conocerme. Podría hacerme la víctima, pero no lo fui. Nunca me botó de la casa, pagó al menos parcialmente por mi carrera universitaria, ¡me regaló un carro!

Podría, entonces, suponer todo lo contrario. Que siempre me quiso y por eso prefirió no saber demasiado, dejarme avanzar sin interferir y quererme de lejos ⏤o no arriesgarse a no quererme. ¡Pero no lo sé! No tengo la menor idea porque nunca se dio a conocer. For all I know, it very well may not have been about me AT ALL. Pero no tengo cómo saber.

No quiero atribuirle nada, ni positivo ni negativo, como la gente que racionaliza comportamientos ajenos para armarse su propia historia, para bien o para mal. ¡Pero tampoco puedo! ¡Porque no se dejó conocer! No me contó nada. De nada. Nunca. Incluso si quisiera tratar de negociar una explicación, tentar an educated guess, no podría. Considerando que soy su hijo, eso es ligeramente peor que no conocerME.

For all intents and purposes, mi papá era un pariente que vivía en mi casa, pagaba por algunas de mis cosas y que, en mi etapa escolar, solo me generó ansiedad. Mi plato ya estaba bien lleno descubriendo que era gay en un colegio a) religioso de clase media, b) donde todos los estudiantes son hombres, y c) donde todos los hombres son machitos homofóbicos. ¿Pero ENCIMA tener que lidiar con los martes de carpool? UGH.

Todos los martes durante la primaria, mi día empezaba con un nudo en el estómago. Siempre he odiado levantarme temprano y esos martes no eran ninguna excepción, pero podía reconocerlos porque eran un calvario especial. Era el turno semanal de mi papá de movilizarme a mí y a mis compañeros al colegio, to and fro.

Apenas abría los ojos sabía que, como todos los martes (y todos los días), se demoraría horas en estar listo, por lo que saldríamos tarde, manejaría como un enfermo y renegaría del tráfico. Yo, por supuesto, iría en el asiento del copiloto, con las tripas ensogadas, muerto de vergüenza. A esa edad te importa cómo tus amigos ven a tu familia y, tomando prestada una irónica frase de papás, crees que “su actitud es un reflejo de ti”.

A la salida mi suerte no sería diferente. Era (o me sentía) responsable de arrear a los chicos del carpool para no despertar al ogro haciéndolo esperar más de lo estrictamente necesario. No quería arriesgarme a que vean otra vez la misma cara de culo de la mañana, o que escuchen una vez más los bufidos con los que yo lidiaba día sí y día también.

No siempre era el caso, a veces conversaba y hasta se reía con nosotros. Pero el buen humor era lo suficientemente infrecuente para que en este momento ni lo recuerde. Lo que sí recuerdo es a mí, haciendo conversación para distraer a todos del monumento al mal humor que usualmente iba a mi lado o guardando silencio y vigilando con el rabillo del ojo su reacción al ruido de atrás. Todas las semanas, yo: un bulto que era más ansiedad que niño.

De miércoles a lunes, además, siempre podía contar con que se ponga a tirar las puertas de los clósets y revolver los cajones, renegando, buscando quién sabe qué, murmurando la misma frase rabiosa una y otra vez⏤mierda, carajo, todo agarran. Creo que, hasta la fecha, nadie sabe qué era lo que supuestamente agarrábamos. En el futuro nos reiríamos varias veces de eso.

En su momento me crispaba los nervios, claro. Pero al menos estaba en casa, en mi cuarto, solo. Ninguno de mis amigos o conocidos tenía que presenciar el bochornoso espectáculo. Tarde o temprano se iría a dormir o me dormiría yo y listo. Otro día habría terminado y, before I knew it, I’d be grown. Eso es lo que recuerdo. Esa es la base de mi relación con mi papá, un pasado ansioso y un posterior semi-conscious uncoupling.

Needless to say, cuando mi mamá me dijo que se cumplían tres años de su muerte y si quería conversar, me reí y le dije que no. No por mala onda o porque estuviera molesto. Sino porque no me acordaba y no me importaba demasiado acordarme. Cuando vine a Lima a despedirme, un mes antes de que muriera más o menos, dejé las cosas en buenos términos. Le dije “estamos bien, tú y yo” y cerré ese libro.

Volví a Nueva York sin nada que lamentar y cuando me dijeron que se murió, me quedé mucho más tranquilo. El nudo viejo en el estómago se me desató y me sentí libre. Además, creo haber escrito esto antes, estuvo agonizando mucho tiempo. Estoy seguro de que todos nos sentimos aliviados hasta cierto punto, empezando por él.

Si bien no tenía mucho que ofrecerle a esas alturas, me sentí bien de poder al menos extenderle la cortesía de una tregua absoluta. After that I was done y no me he sentido mal al respecto un solo día en estos tres años. ¡Me he sentido pésimo por muchas otras cosas, pero no por eso! Ni triste, ni molesto, ni arrepentido, ni nostálgico. No tengo por qué. No éramos cercanos and I’m okay with that.

Obviamente agradezco las cosas que recibí ⏤casa, comida, educación, etc⏤, sin las que no podría haber vivido ni la tercera parte de las experiencias que he vivido. Técnicamente buena parte de eso me correspondía por ley, pero no tendría por qué haberme dado nada. Sé que es una forma de querer. Let’s be real, though: financial support does not a relationship make.

Las razones por las cuales nuestra relación fue lo que fue no las sé. No sé si importan, la verdad. It was what it was and it’s ok. Yo lo he aceptado sin rencores and moved on. Pero confieso que me gustaría que se normalizara este tipo de experiencias. Para mí este es solo un domingo más… y es kind of annoying sentir que tengo que explicarme todos los años. Como si hubiera un problema eterno ⏤y encima el problema fuera yo.

Cuando dije que nadie quiere a nadie automáticamente, I meant it. Sé que es algo que se gana, siempre, no matter who you are. Porque, como todas las cosas que se ganan, se pueden perder. Es como Monopolio. Uno empieza el juego con mucho capital emocional y lo vas invirtiendo sin darte cuenta. Tu patrimonio sube y baja con el desarrollo de tus relaciones; las decisiones que tomas tienen un efecto directo en el retorno de tu inversión.

Idealmente, multiplicas lo que tienes y creas ese monopolio de amor indestructible que se le suele otorgar exclusivamente a la familia. De lo contrario, todo el tablero termina dilapidando sus fondos intentando pasar por ti. Creas esa cuadra por la que nadie quiere pasar, la que genera ansiedad porque no aporta nada, solo cuesta.

¿Y la gente que se equivoca, que a pesar de sus esfuerzos no logra corregir su juego o se rinde? Bueno, lo siento pero sólo ocupa espacio. Son una hilera de propiedades hipotecadas por las que da lo mismo pasar. Ya no te cuestan nada. And you can kinda settle into that and just keep playing. Suena fuerte, pero no se siente tan fuerte. Sigues tu juego nomás.

Incidentally, jugar Monopolio con mi familia es uno de los mejores recuerdos que tengo de mi niñez. Siempre alguien lo proponía ⏤probablemente yo la mayoría de veces⏤ y nos pasábamos horas jugando. Era una de las poquísimas actividades que podíamos disfrutar genuinamente los cuatro, juntos e individualmente. Del Ludo nos aburríamos rápido y jugar cartas era poco frecuente, éramos muy chicos.

Mi papá siempre era banco y siempre ganaba. Irónicamente en mi analogía sería quien más perdió. O el que no jugó bien ⏤or at all? Quizá le metió más ganas a las primeras rondas y por eso tengo algunos recuerdos bonitos de muy chico ⏤cuando nos llevaba a la laguna a alimentar a los patos o cuando me sentaba en sus rodillas en el carro y jugábamos a estacionar en el garaje. No hay cómo saberlo. Pero en algún momento desapareció del tablero y su rol se limitó a banco. On a good day, quizá también Parada Libre o Arca Comunal.

Ganamos poco y perdimos mucho, pero al menos cerramos la partida en buena onda. Ahora no puedo pedir (ni darle) más que la paz que eso me dio. And lay it to rest.

Missfires

17 de junio de 2020

Alguien a quien estimo y respeto mucho me dijo una vez que sé copiar muy bien. It was a throwaway line. No pretendía decirme nada particularmente profundo o complejo sobre mí. Simplemente me vio dibujando algo ⏤a Pedro Picapiedra, un personaje animado de la prehistoria (literal)⏤ y lo dijo.

Podría recrear a Pedro con los ojos cerrados, incluso ahora. Me sé el trazo de memoria. Sin embargo, esa tarde no lo estaba dibujando de memoria. Estaba mirando una foto de Google Images para asegurarme de que las orejas y el pelo iban donde mi recuerdo decía que iban.

Si bien pasé muchísimo tiempo dibujándolo de chico, había pasado aún más tiempo desde que fui chico. Tenía que asegurarme de que Pedro se veía como yo pensaba que se veía. Así es como esta persona me vio, mirando una foto y reproduciéndola en papel, y decretó que “sabía copiar muy bien”.

Pienso en esto con frecuencia porque, a pesar de no haber procurado decirme nada trascendental, resultó que, en efecto, soy bueno copiando. No solo para dibujar, sino en general. Para escribir, para relacionarme con otros, para estar vivo. Lo último que vi, leí, oí dicta de alguna manera lo que voy a hacer inmediatamente después.

Soy bueno copiando el mood del ambiente en el que estoy y con frecuencia me cuesta volver atrás. Una vez abandonado el ambiente y adoptado uno nuevo, el yo de antes can’t come to the phone right now. Why? Oh, ‘cause she’s dead.

Soy bueno copiando sentimientos también, acoplando mis emociones a la música que escucho o lo que veo en la tele. Por ejemplo, acabo de ver un capítulo de 13 Reasons Why y tuve que ponerme a escribir esto para no enloquecer como Clay. De pronto solo podía pensar en cuando tenía 19 y le decía a una chica que era mi amiga que siempre tuve el presentimiento de que moriría joven.

Aunque según mi profecía ya debería estar pudriéndome, mi criterio de juventud se ha ampliado con los años. Ahora creo que podría considerarme joven por una década más. Aún así sigo pensando que de esa década no paso y, en este momento, que quizá ni llego.

Hace un rato le escribí a esta chica, que en su momento respondió que ella sentía lo mismo, después de un silencio de 4+ años. La última vez que nos vimos fue en Nueva York, de casualidad. Fue raro, como la disolución de nuestra amistad, pero no malo. Simplemente uno de los ambientes que dejé y a los que no podía volver, porque cuando volví me sentí incómodo.

Le pregunté de frente cuándo dejó de pensarlo. No porque yo asuma que ya no lo piensa, sino porque me gustaría que me diga que ya no lo piensa y cómo lo logró. Qué cambió. Probablemente lo lea mañana y piense que estoy demente. Me da mucha curiosidad ver hacia dónde me llevará este impulso.

Lo más gracioso es que, si me pregunta por qué le pregunté esto, no le voy a saber responder. No se debe a nada en particular, simplemente vi un capítulo de 13 Reasons Why y me monté a esa ola (y obviamente no se lo diré. Prefiero ser random a ser ridícula).

Supongo que ya estaba un poco volátil desde que vi fotos del día que compré mi bicicleta en marzo de 2012, videos del aniversario del tour Spice World 2019 y un instagram live de un ex amante del 2011 haciendo yoga con su actual marido y otro que, sospecho, es novio de los dos.

Me pregunto si soy bueno copiando porque no sé producir nada nuevo de verdad, que sea exclusivamente mío y emane naturalmente de mí. ¿Existen siquiera cosas nuevas todavía? No lo sé. Pero sé tomar lo que veo y reproducirlo, tanto dentro mío como fuera de mí, como una sensación o un producto.

Me gustaría decir que lo hago a la perfección, pero soy bueno copiando. Alguien que es bueno copiando sabe hacer suyo el resultado. No es perfecto, es mío. You wouldn’t even know the difference. Por eso me sorprendió que alguien me mirara y realmente me viera y pudiera decirme, en un segundo, como si nada, que era bueno copiando.

El juego de las sillas

29 de mayo de 2020

El grueso de esta entrada la escribí el 12 de mayo, a puertas de cumplir dos meses de cuarentena. No sé por qué la dejé sin publicar si ya estaba lista. ¡Lo peor es que ahora ni me importa! Ha pasado tanta mierda entre entonces y hoy ⏤en general, digo; no a mí⏤, que ni siquiera recuerdo qué provocó que piense en esto. Solo Knee sabe en qué estado emocional estaría. Loca, obvio. Murmurando en la cocina, peleándome sola.

Si bien es un poco huevona la situación, creo que cae en la categoría de “no sé quién necesite ver esto, pero…”. De pronto a alguien le viene bien leerlo, sentirse acompañado en esta situación diseñada para avergonzarnos o algo. Sé que no soy la única persona soltera y despreocupada en sus early-to-mid-30s. Pero también sé que el mundo parece empecinado en hacerme sentir mal al respecto y cuestionar cuán genuina es mi serenidad.

“¡CÓMO PUEDES ESTAR TAN TRANQUILA! ¡SOLA! ¡A TU EDAD! ¿NO EXTRAÑAS ESTAR CON ALGUIEN? ¡NO LO CREO, ESPERANCITA!”

Efectivamente, cuando uno hace su vida tranquilamente de a uno (valga la redundancia), esta sociedad binaria no puede esperar a meterse en su cama y agitarle las sábanas. “¡Todos quieren una pareja! Quien diga que no está tratando de no quedar mal, porque no la tiene”.

Este ostracismo de los solteros es absurdo y deliberado, como cualquier otro sistema de control disfrazado de naturaleza. Pero no voy a ponerme denso. Solo voy a señalar un error en su lógica. Que uno esté tranquilo siendo soltero ⏤incluso que lo disfrute⏤ no quiere decir que no considere tener una relación. Considerar una relación ⏤incluso desearla⏤, por otro lado, tampoco significa que estamos sufriendo su ausencia. Los solteros felices no somos Lucky, preguntándonos por qué nos visitan las lágrimas cada noche.

Mi caso como muestra. Desde que empezó la cuarentena he escrito o tuiteado sobre mis sueños con frecuencia. En parte porque es el único lugar donde me suceden cosas interesantes que contar. En la vida real lo más chévere que me pasa es aventurarme a supermercados cada vez más lejanos. Olvídense lo que fue cuando me animé a ir hasta Plaza Vea de Dasso. LIT AF.

Anyway, en algunos de mis últimos sueños me descubro en escenarios románticos con alguien. Por lo general, tanto el contexto como la persona varían. Abrazando a un crush, viendo tele con un ex, chapando con un desconocido, da igual. El resultado es el mismo: THAT feeling, el del comienzo. Luego me despierto y como viene, se va.

Una vez que la fantasía me ha dejado, entra mi realidad. Muy Virgo, empiezo a evaluar si, de ser real, ese escenario específico sería buena idea. Con el desconocido no hay cómo saber, pero con los crushes y los exes por supuesto que sí. Después de contrastar cuidadosamente lo que quiero y lo que sé de esa persona, termino por sacudirme la idea. Así, con mucha calma, continúo con el resto de mi día.

¿Lo extraño? Sí, a veces. Pero tampoco es como que estoy lamentándome en casa, solo como el hongo. Bueno, not right now porque estamos en cuarentena, ¡pero por lo general tengo otras alegrías! Más cortas, sí; pero no menos satisfactorias. Tengo amigos que me quieren y desconocidos que me quieren aún más.

I enjoy casual sex, sue me! Me gusta salir con gente que no tiene mayores pretensiones, que no se proyecta más allá de una primera noche de diversión. ¡Quizá ni eso! Una buena hora y adiós. Si algo “más serio” pasa luego, pasa; pero por lo general desconfío de la gente que se engancha en dos segundos, porque no se está enganchando a ti sino a su idea de pareja. O peor, al reflejo de ellos mismos con pareja.

Mi casual dating no quiere decir que esté buscando específicamente gente que no me quiera volver a ver. Todo lo contrario. ¡Creo que potencialmente cualquier persona está en capacidad de sorprenderme gratamente! Pero si no sucede, también podemos pasarla bien mientras dure ⏤however long that may be.

No soy incapaz de emociones más complejas. He tenido relaciones y las he disfrutado. O bueno, si no las disfruté al menos aprendí (y esa es la palabra mágica). Tampoco prefiero una cosa sobre la otra, ambas tienen su gracia. Pero esa relación larga, “eterna”, de la que hablan los apologistas de la ~vida de pareja~ just hasn’t happened yet.

¿Me gustaría que pase? Claro, por qué no.
¿Voy a HACER que pase? Primero muerta.

Invoco nuevamente la palabra mágica: aprender. De mis exes aprendí lo que quiero y lo que no; lo que es compatible no solo con mi vida actual sino con la que deseo ⏤y cuánto de eso puedo negociar u ofrecer libremente con tal de hacerles parte de esa vida. También aprendí mis límites, lo que merezco, lo que no podría ceder.

No acepto ser manipulado hacia una relación con tal de no estar solo. O para satisfacer las demandas de terceros, que por alguna razón exigen que nadie esté solo. No sé ustedes, pero yo no necesito estar rodeado de gente. ¡De hecho la pandemia no alteró mucho en mi vida, más allá de impedirme viajar! Me gusta estar solo. Me gusta estar con alguien también. But I’ve been coerced into the wrong relationship before. Nunca más.

Y a veces son solo eso, las relaciones equivocadas. Mi relación no era mala, simplemente no era la correcta. No éramos compatibles, él no era con quien quería estar. No soy incapaz de ceder y capitular. Sé que las relaciones requieren concesiones. Pero también sé que hay dealbreakers y cerrar los ojos “para no estar solos” es una idiotez. La factura siempre llega.

Con los años, en un esfuerzo coordinado entre nuestros temores mortales y la sociedad heteronormada y patriarcal, ese “para no estar solo” empieza a mutar en un “para no quedarse solo”. Rechazo 👏🏽 al 100% 👏🏽 esa 👏🏽 propaganda 👏🏽 de mierda. Me REHUSO a aceptar la mentalidad del juego de las sillas, ¡como si no hubiera aprendido nada!

A los treinta, empezarás a notar que el mundo redoblará sus esfuerzos para convencerte de que “no podemos jugar para siempre”. La música acabará a cierta edad y si no nos sentamos en una silla, CUALQUIER silla, seremos los únicos de pie. ¿Y? Si soy el único de pie, caminaré hacia la música, me pondré audífonos y me la llevaré. Sillas hay en todas partes. Si alguna me acomoda, la levanto.

Nadie pierde su humanidad porque no formó una pareja, dejen de obligar a la gente a conformarse con cualquiera para no tumbar su cómodo status quo. La misma huevada que mirar con pena a las mujeres que no tienen hijos, por las razones que sean. Yo no siento que haya perdido mi valor teniendo 35 y siendo soltero y sin hijos. Es de puta madre. Al menos por ahora, que aún me veo joven y más o menos deseable ⏤ equis de.

No se preocupen tanto por los solteros, amigos de las sillas. Estamos todos bien. De última nos sentaremos en el suelo a escuchar música, cosa que les conviene. Porque tarde o temprano, cuando descubran que su silla era terriblemente incómoda, por lo menos la mitad de ustedes se nos unirá.

Mientras tanto, aquí seguiremos muy tranquilos, culeando en armonía y visitando amigos con y sin silla. Don’t judge, xx.