Nombrar lo incómodo

Como, imagino, todas y todos ustedes que me leen, he visto el video del ataque homofóbico en McDonald’s. De hecho, lo he visto múltiples veces por la viralidad del asunto ⏤¿debido, espero, a la gravedad del caso y no al morbo? Una y otra vez, en tweets, en historias, en noticias y programas de opinión. Ahora, al menos, hay memes para alivianar el espíritu. Pero el video en sí me genera una pesadez asquerosa en el pecho cada vez. Ni la mediación de un dispositivo ni la repetición lo hacen más tolerable. Es igual de opresivo cada vez. No me imagino lo angustiante que debe ser encontrarse, de pronto, indefenso, con esa rabia irracional del otro lado de la mesa. Miento. ¡Si no tengo que imaginarlo! Lo sé ⏤iniciando protocolo.

Midiendo la situación ⏤Índice Real de Peligro.

Evaluando el entorno ⏤quiénes son aliados, míos, suyos; quiénes mañana solo serán testigos.

Absorbiendo la violencia ⏤en el alma, donde por diseño se instala la Injuria.

Recalculando.

Como todas las personas LGBTIQ+ de este país, sé perfectamente cómo se sintieron esos dos chicos. Conozco íntimamente esa escena y la negociación en la que se nos obliga a participar. Donde tenemos que ceder algo intangible, mínimo, pero nuestro y cada vez que sucede, nos alejamos siendo un poquito menos. A salvo, pero menos que cuando entramos a una situación que no provocamos ⏤salvo por existir. Por desarrollar nuestra vida en sociedad y ocupar un espacio público como cualquiera. Se nos permite escapar, no sin dejar atrás nuestra libra de carne (que no es una referencia a McDonald’s).

Esto es deliberado. Siempre. Lo reconozcan o no. Cada vez que nos gritan cabros, están ejecutando una orden social opresiva. El insulto no busca solo señalarnos, ni siquiera burlarse, sino delimitarnos. Nos deja saber que hay una jerarquía y cuál es nuestro lugar. Quiere decirnos quiénes somos. De pronto somos «una hoja de papel siendo leída en voz alta». Eribon lo explica mejor de lo que yo podría, lo recomiendo.

Lo frustrante, la razón por la cual no podemos responder con la misma moneda, es que no existe un insulto equivalente para un hombre cisgénero heterosexual. Ellos jamás sabrán cómo se siente ⏤la sensación real⏤ que te digan cabro siendo un hombre homosexual. O maricón, siendo una mujer trans. O machona, siendo lesbiana. Nuestras situaciones no son correspondientes. Porque la historia, hasta el momento, la han escrito ellos. Tan es así, que ni siquiera las mujeres heterosexuales están a salvo. ¿O no las han reducido a ustedes también a sus genitales; a su rol de cosa, al servicio del Hombre? La primera vez que un hombre te dijo «PERRA» y rodó despectiva y decididamente sus erres. ¿Qué sentiste que podías responder que le doliera igual? (Estás pensando maricón, ¿no? Lamento informarte que eso es parte del problema). Nada. No hay nada que decir.

Esto es lo que el dIsCuRSo alrededor de este caso no quiere ver. De hecho hay muchas cosas que no quiere ver (y las tocaré todas si tienen la paciencia para leerlas), pero esta es una de ellas: la estructura de poder que sostiene esta deshumanización calculada, deliberada, enfermiza, de quienes consideran «el otro» y sobre la cual se constituyen muchas otras jerarquías también. Todo problema social es interseccional y este acto homofóbico en particular viene cruzado por varios ejes: la salud mental; la religión, para sorpresa de nadie, y el privilegio. Vamos, como dice Rosa María Palacios, «por partes y cucharadas». Empecemos por la salud mental.

Cuando la familia del agresor lanza un comunicado revelando que éste sufre de trastorno bipolar tipo I, suceden algunas cosas: primero, piden disculpas. Lo mínimo. Segundo, lo quieran o no, ofrecen este diagnóstico como excusa y apelan al mismo para generar empatía o compasión en la opinión pública. Tercero, piden que no les amenacen de muerte. Comprensible y estoy de su lado. Porque recibir amenazas de muerte debe ser horrible, ya sea por internet o en McDonald’s, comiendo con tu pareja. Finalmente, piden que «esta situación» (un ataque homofóbico) contribuya a un diálogo sobre la salud mental.

Miren, yo entiendo que una familia intente proteger hasta al más problemático de sus miembros, incluso cuando saben que lo que hizo está mal. Es más, hasta el tercer párrafo casi, casi tenían mi simpatía. ¿Pero eso último? No. De ninguna manera. Y volveré sobre ello más adelante, porque ahí entra a tallar el privilegio, pero terminemos con este primer eje.

La mañana de ayer, mi reina Rosa María comentó muy someramente el caso y señaló que, dado el diagnóstico del hombre, éste sería inimputable. Es decir, estaría eximido de responsabilidad penal porque no puede comprender la ilicitud de su acción o no puede actuar conforme a esa comprensión. Yo, que no sé nada sobre este trastorno, asumo que, primero, tendrían que probar que este diagnóstico es tal, es previo y puede manifestarse en comportamientos aberrantes como este, ¿no? Sin embargo, la organización juvenil sin fines de lucro, De-Mentes, que sí sabe del tema, ya se pronunció sobre esto último.

En un contundente comunicado, explican que «una persona que atraviesa un episodio de manía puede experimentar mayor impulsividad y alteraciones en su conducta, sí. Pero la bipolaridad no convierte a alguien en una persona homofóbica de un momento a otro». Agradezco que salgan estas organizaciones, mucho más entendidas en la materia, a señalar que ser bipolar no te hace homofóbico. Precisamente porque esto es, a mi juicio, lo que el comunicado de la familia, de alguna manera, quería lograr. Establecer una causalidad que no existe. Quieren que las cortes, tanto de Justicia como de la Opinión Pública, olviden algo crucial: esta persona es bipolar y homofóbica. El problema es lo segundo, no lo primero, y alguna sanción tiene que haber. Porque las víctimas de esta discriminación merecen justicia.

Para mala suerte de la familia, este ataque fue tan repugnante, en su violencia y sus «argumentos», que el rechazo fue rotundo y aplastante. La comunidad LGBTQ+ en pleno, celebridades y cuanta «persona de bien» ⏤muchas, imagino, de su entorno directo⏤ lo vio, lo condenó sin contemplación. Me encantaría decir que el repudio fue unánime, pero sabemos que no lo fue. Ay, dios, aquí vamos. Eje dos: la religión.

Con el perdón de Rosa María, no voy a hacer ninguna distinción entre católicos y evangélicos porque, para mí, aunque ella diga lo contrario cada vez que puede, de cara a la homosexualidad, son exactamente lo mismo. A mí me educaron en un colegio católico y la pesadilla era IGUAL. Reconozco y saludo que haya católicos más progre, que en la modernidad escogen lo que siguen y lo que no. Pero, institucionalmente, operan con el mismo manual. Su devoción es quizá menos demencial que la evangélica, pero los católicos más acérrimos tampoco se les alejan demasiado. Esos son los que piensan que te vas a ir al infierno, pero ya (casi) no te lo dicen. Los que perdonan «el pecado, pero no el escándalo». Los que dicen que «no son homofóbicos, pero». La señora que no está de acuerdo con cómo actuó el homofóbico de McDonald’s, pero que «como madre, sí le incomoda ver estas actitudes entre hombres» (¿Qué actitudes, por cierto? ¿Comer juntos?).

Fun fact: Como su intervención se posicionó desde «ser madre», yo asumí que su mayor preocupación era que sus hijxs «se vuelvan gay» por ver gays. Le expliqué amablemente por qué su temor era infundado. Ver heterosexuales manosearse en parques no me hizo más heterosexual. ¡Pero resultó que ese era su problema! Lo que no era de su agrado eran los besos «efusivos y excesivos» entre cualquiera, así sean heterosexuales. «Digamos, la exageración. Por tanto, tampoco estoy preparada para besos entre personas del mismo sexo». Es decir, ser madre no tenía nada que ver, y hasta cierto punto, los gays tampoco tenían nada que ver. En fin.

«La homosexualidad es un pecado. Todos los cabros se van a ir al infierno». Esto dijo, textualmente, Augusto Nava en el video, dirigiéndose a las chicas que lo estaban grabando (porque a los chicos, recordemos, les dijo que los iba a matar y que «lo peor es que no estoy bromeando, broder»). Pues bien, en los comentarios de este reel de Latina podrán encontrar expresiones de apoyo como «pero si dijo la verdad» o «mis respetos para ese hombre» y, claro, que hay que arrepentirse porque «ya viene Jesús».

En todas las publicaciones sobre este hecho, estas con las únicas personas de acuerdo con él. Esta es la gente que sale en su defensa, porque «es su opinión». Sí, una opinión es la expresión de una creencia y su creencia es que la homosexualidad es un pecado y, por lo tanto, los homosexuales se irán al infierno. Ok, pero tus creencias son tuyas y no están por encima de los derechos de los demás. Ser gay, como bien dice esta publicación de la asociación feminista Proyecta Igualdad Perú, no es un delito. Discriminar a alguien y amenazarle de muerte, sí.

Ya hace muchísimo tiempo se ha instalado esta narrativa de «persecución religiosa» (y aquí sí concedo que los evangélicos posiblemente reforzaron el tema), básicamente, porque ya no tienen permitido vociferar sus opiniones más rancias alegremente. Alegan que se «vulnera su libertad de culto», pero no es así. Nadie se opone a ni restringe su libertad religiosa. Solo se les recuerda que son ciudadanos como cualquiera, sujetos a los mismos deberes y derechos que todxs los demás. La publicación de Proyecta Igualdad Perú zanja el asunto de forma muy clara y respetuosa: tu religión puede orientar tu vida, no gobernar la de los demás.

En el Perú el Estado es, supuestamente, laico. Dando cabida y respeto a todos los credos (y ausencias de) por igual. En la práctica, sabemos que no es así. Aquí hay otra jerarquía y los católicos estaban, hasta hace no mucho, muy contentos sentados en la cima, toqueteándose discretamente con el Poder. Los evangélicos, más bien, llegaron a sacudir la situación. Pero, sea cual sea el resultado de la pugna, la posición de todos los demás permanece bastante clara: debajo suyo. Entonces «hay que entenderles» cuando los unos o los otros digan alguna barbaridad. ¿Quieren criticar tu identidad, tu relación amorosa, tu vida sexual, tu útero? Es su opinión, solo se están expresando. Hasta que, de pronto, llegan al Congreso y ya no es solo una opinión. Empieza a determinar quién recibe protección, quién merece justicia.

Las víctimas de discriminación por orientación sexual, repito, merecen justicia. Merecen que su problemática, nuestra problemática, se discuta. Que esta injusticia sistémica que nos mantiene vulnerables, expuestos, en constante peligro, siga siendo el foco de la conversación. El apoyo de la ciudadanía lo refleja. Las críticas de jóvenes celebridades como Milena Wharton y Stefano Meier lo reflejan. Que el entorno de la familia del agresor comparta el video lo refleja. Los únicos que se oponen, que no ven nada malo con lo sucedido, son los cucufatxs y fanáticxs religiosxs. Ahí está el bastión de apoyo de Augusto Nava. Pero no, ese apoyo no queremos. ¡Cómo va a ser! Si somos una buena familia, sabemos que la homofobia está mal; si supieran, si escucharan nuestro lado… ¡por qué no escuchan nuestro lado! Oigan, ¿qué está pasando? Por qué no nos escuchan a nosotros, si somos nosotros. O sea… ¡y encima Fulanita lo ha subido a sus historias, ¿has visto?! Escríbele. Dile que hemos llegado al último eje: privilegio.

Del comunicado: «Esperamos que esta situación contribuya a abrir una conversación seria y responsable sobre la salud mental, la importancia de recibir atención adecuada y la necesidad de actuar con empatía, sin dejar de reconocer y respetar a las personas afectadas». Atentamente, las personas que quieren alejar la conversación de los afectados (y la comunidad que representan), que dicen reconocer y respetar, y acercarla a ellos. Reducir el ataque a «esta situación» y desviar inmediatamente la conversación hacia la salud mental, donde ellos también pueden ser vistos como víctimas, dice mucho de las prioridades y las verdaderas lealtades de estas personas. Sobre quiénes creen que merecen ser escuchados un poquito más.

¿Es una coincidencia que cuanto emprendimiento blanco existe bajo el sol de pronto esté hablando de esto y pidiendo empatía y comprensión? No lo creo. ¿Han reclutado a cuantx influencer conocen para que, casualmente, encuentren «comentarios que les llaman poderosamente la atención» sobre la situación y sean, precisamente, los de un cantante gay que conocía al agresor y puede dar fe de su diagnóstico? No puedo probarlo. Pero tengo motivos para sospechar, basados en una experiencia real que no comentaré para no quemar gente. Basta decir que involucraba a un viejo lesbiano haciendo el ridículo y una hija, muy astuta, que buscó influencers dentro de sus personas más cercanas, léase que pueda manipular emocionalmente, para dar su lado de la historia a través de esas plataformas.

A la hora de la hora, cada quien cierra filas con los suyos. La importancia de las causas que dicen apoyar palidece ante la preponderancia de sobrevivir una crisis reputacional. Sobre todo en entornos donde la reputación también es moneda. Mientras tanto, la opinión pública se aleja muy contenta de la homofobia, síntoma de una estructura de poder injusta que no quiere confrontar, y se dirige hacia cualquier cosa que la justifique. Ah, pero jamás usarían la palabra «justificar» y menos en voz alta. Llamémosle algo que… mitiga las circunstancias. En este caso, la Salud Mental™️.

Empiezan a sonar los chats grupales. «Ay, pero es bipolar». Personas cercanas arremeten contra sus conocidos, mensajes en historias publicadas. «¿Pero acaso tú sabías que es bipolar? Entonces por qué hablas». Empiezan a desaparecer algunas historias, se van cerrando las filas. «Es que, la verdad, no quiero ganarme con más mensajes». Yo entiendo, es incómodo. Pero pregunto: ¿por qué te incomoda más confrontar a tu círculo social que decirles la verdad? Peor aún, ¿por qué te incomoda más importunar al agresor que tu propia experiencia como miembro de la comunidad que agredió?

Quiero dejar claro que no estoy pidiendo su cabeza. No pretendo ni quiero que lo linchen. Entiendo (y quiero creer, a pesar de su publicación en Facebook sobre «el día del orgullo homofóbico») que tiene un tema psicológico grave, entiendo a la familia desesperada; pero por sobre todas las cosas, rechazo lo que hizo y el abuso mayor que, quiera o no, representa. Quiero que sigamos hablando de «esta situación» y la llamemos por su nombre, es necesario. Esta persona, efectivamente, no tiene que ser nombrada constantemente para mantener el diálogo. Porque no es solo él. Sino, vean las secciones de comentarios.

La homofobia es un problema social. Es el resultado natural de las creencias que se les inculcan a las grandes mayorías, de los espacios en los que se nos educa y socializa desde niñxs. Es irresponsable continuar dándole salidas a la sociedad para seguir ignorando su propia participación en la creación y preservación de este problema. El hecho en sí mismo, más allá de las particularidades del perpetrador, revela una profunda desigualdad en el terreno y una ignorancia insólita sobre CUÁL ES EL VERDADERO PROBLEMA y quiénes son los responsables.

En consecuencia, el video en que se destila todo esto es muy duro de ver. No porque sea particularmente violento, que lo es. O porque haya habido una amenaza de muerte, que la hubo. Es duro de ver porque estamos allí con ellos. En algún momento de nuestras vidas, hemos estado allí. Somos ellos. Potencialmente, siempre somos ellos. Y yo, personalmente, ya estoy harto de que me cambien el tema.

Type [From the vaults, 2023]

I am the type to wake now

have I even gone to bed did I roll

over a shard of regret every bit as wide

as it is jagged was it always there

must’ve never left must’ve never gotten it

I have clumsy fingers I have graceless

hands they feel big and wrong

holding the painstaking gift of your preciousness

it keeps me up at night, winded by remorse

I am the type to type

oxygen back into lungs

write my breath into my chest for nothing else

works when you feel so foolish

I not only regret hurting you when I failed to value

how priceless it is to be given love you can actually hold

embroidered with everything money can’t touch

I regret being so foolish I couldn’t see that this was all logical

Not sentimental.

Logical.

Creation takes work takes time takes caring takes guts takes heart takes takes takes and gives

so freely and I am the type

or thought I was the type to get it.

Did not. Took two beats too long

and in two blinks I had crushed all its beauty

in my big wrong hands.

Though I asked for forgiveness and forgiveness I got

I can never undo those two seconds of harm

my deepest regret

will keep me awake every now and again

and I am the type

to suffer gladly.

Gallows

All this reverence for life, who does it help

Did it  heal                  you?

           keep death at bay?

Nothing  can.

L     I     F     E 

is precious  but        Y      O      U 

can’t be too precious about life 

our lungs were meant to laugh a        fire

blowing out a whisper       you will choke

laughter knows not how to heal

yet when you accepted the inevitable you were laughing and healing had commenced.

Death is life is here is gone in a giggle

Time seems to leave first

those who worry so about leaving.

However long is left

choose to stay.

Loss [pt. 2]

En enero de 2018, Shakira se iba a presentar en Nueva York. Terminó posponiendo toda la gira y la nueva fecha sería los primeros días de agosto. Yo me mudaba de regreso a Perú el 30 de julio, después de casi cuatro años fuera. Mis primeros tres días en Lima los pasé en cama, en silencio, viendo Luis Miguel La Serie y durmiendo. No recuerdo comer, beber, ir al baño, lavarme los dientes. Sé que definitivamente no me bañé. No recuerdo levantarme de la cama en lo absoluto, aunque debo haberlo hecho. Mi gato Zuko aún estaba vivo y me hacía compañía. Debo haberme levantado por él.

En la madrugada del tercer día me levanté y salí a montar bicicleta por el malecón. Subí una historia a instagram para no tener que confirmar que ya estaba aquí. «El que la vio, la vio». Ridículo de mi parte pensar que todo el mundo andaba pendiente de mis historias. Daba igual, no quería ver a nadie. Regresar fue una de las peores cosas que me han pasado. A veces me da culpa decirlo porque siento que la gente en mi vida se lo toma personal. Como si no los quisiera o no apreciara lo que hemos pasado en estos años. Lo aprecio. No cambia el hecho de que yo nunca quise volver y allá me sentía mejor.

¡Por supuesto que me sentía mejor, estaba en una burbuja! Viviendo una fantasía que entiendo insostenible. Igual me jode. No ahondaré más en esto porque ya está extensamente documentado en este blog. Saben que fue un momento muy oscuro y, si soy sincero, nunca salí de ahí. La vida siguió, me trajo cosas lindas y gente que amo y bla, bla, bla; pero la pérdida, que no es de una ciudad ni un «estilo de vida» sino de mí, o de una idea de mí o un sueño de mí, sigue enterrada aquí.

Puede estar solo en mi cabeza, puede que yo mismo la alimente y no me ayude, ¡¿pero yyyyyyyyyy?! Igual está aquí. Esta maldita sensación de cálculo fallido, de navegación errada que en siete años no he podido corregir y hoy particularmente me perturba PORQUE:

En febrero de 2025, Shakira se iba a presentar en Lima. Terminó internada en una clínica y el show se canceló, con la promesa de concretarse más adelante. Evidentemente, no es su culpa, lo entiendo, deseo que se recupere, etc. Pero una vez más, estoy atravesando un momento oscuro y la idea de, por fin, verla por primera vez me exprimía ilusión de donde ya no hay. ¡Y no puedo creer que me lo hizo otra vez! Me regresó siete años de golpe y me duele y me avergüenza cuán corta resultó la distancia. Tantos años flotando básicamente en el mismo lugar. Ahora, de hecho, no sé si me siento exactamente como entonces o peor.

(Apenas volví a mi casa del estadio me tuve que dormir porque definitivamente me sentía peor… de una forma que no sabría describir. ¿Disociativa? No sé, pero me intuí peligroso así que me dormí.)

*Igual no es tu culpa haberme gatillado, Shak, te amo.

Laundry service

Si la muerte no

sil va   por mí,

por quién.

Sí, la muerte   la va

sí la ba por sí

                     la

                     ba

todo lo que dije.

Qué dije,

qué dejé.

Old man yells at cloud

I was supposed to be born on a Tuesday. September 4th. Was made to be born on a Wednesday instead, over two weeks later. I’ve told the story before, I think. Breech baby, umbilical noose wrapped around my neck three times. Had I come feet first into the world, it would’ve been curtains right away. Baby’s first gallows. Unfortunately, my morbid little show was not to be. I was to be. Actually, again, I was made to be. A big inconvenience for me, truly.

I do love that origin story, though. Fits me like the latex gloves that came to get me on the morning of September 19th, 1984. It has been 40 years and it never gets old. Every now and again, when I hear about «healing one’s inner child», I still fantasize about honoring that spirited little fetus by hanging myself. But I don’t. I stay. Hands and feet inside the vehicle of life at all times, which stays running. Oh, but the shifting of gears. A troublesome rumble under my feet. The vibration of dislodged parts, barely doing what they’re meant to.

Who would I have been if I had turn into a headfirst position by week 36? I have never been headfirst about anything. Is this why? «I was born two weeks late, is that why I hesitate». I need to calculate. I need to know. Even when it’s impossible to. Doctors called it, I was never going to arrive on my own. I’d sooner die. I had to be pushed. Just not by my mom, that would’ve killed me.

Lately I’ve been thinking about all the times I could’ve died and didn’t. My quirky array of childhood illnesses and surgeries, that time I should’ve drowned at the beach but the wave carried me to shore instead (SKINNY), the time I nearly ended up painted on the road, red and chrome, by an asshole biker in New York. They did get my leg (with their shoe, I think?), but barely. That save was otherworldly. I even ran into David Duchovny immediately after. Crazy stuff.

I used to think all the times I skirted death had to mean something. As a kid I thought «God must have big plans for me. I must be special». I’m decidedly less religious nowadays, but deep down, kind of still feel the same. Like something must still be on its way, because this cannot be it. Do not tell me I was dragged into this mess, against my will, on a Wednesday morning in 1984 for this.

My girls, calling

Couldn’t have fathered for I housed these worries

𝗡𝗼𝘁𝗵𝗶𝗻𝗴 𝘁𝗮𝗸𝗲𝘀 𝗽𝗹𝗮𝗰𝗲 𝗯𝘂𝘁 𝘁𝗵𝗲 𝗽𝗹𝗮𝗰𝗲

𝘕𝘰 𝘰𝘯𝘦’𝘴 𝘱𝘪𝘤𝘬𝘪𝘯𝘨 𝘶𝘱 𝘵𝘩𝘦 𝘱𝘩𝘰𝘯𝘦

Belly full of you, I wish alone like a mother

𝗝𝘂𝘀𝘁 𝗮 𝘁𝗲𝗹𝗲𝗽𝗵𝗼𝗻𝗲 𝗿𝗶𝗻𝗴𝗶𝗻𝗴 𝗶𝗻 𝗮𝗻 𝗲𝗺𝗽𝘁𝘆 𝗵𝗼𝘂𝘀𝗲

𝘎𝘶𝘦𝘴𝘴 𝘪𝘵’𝘴 𝘮𝘦 𝘢𝘯𝘥 𝘮𝘦

In dreams         in vain         we toil away.

On a rare occasion, yearning [fragments]

k.

I’ve only known birds of flight feathers

Every other page stuck together

Snapshots so fragile they fused into one.

Some people just                pine.

l.

You’re the worst idea I’ve ever had

My nails are shining as you shoot through my mind

I can’t imagine you sitting next to me in this cab

I can’t imagine what we’d say on the way home.

From closer to worst case, inevitably

I’m quite content we’d never see this through.

m.

I don’t ever need to know about you
You can glow up or blow up or blow away, too
I know I was nothing special to you
So why do you care I don’t care about you?

I don’t ever need to know about you
You can glow up or blow up,
just blow away, too.
You said it was nothing and, boy, you were right
so why be upset I ignored you all night?

He says it was nothing and, boy, was he right
and yet he’s upset you ignored him all night

n.


Thought he was the Second Coming
sitting down at the table,
and Saint Michael's gaze shot straight down to his cradle.
A bellyful of bullshit
on Christ's actual birthday
From closer to worst case, inevitably.

A warrior, he said.
And a war we kissed.

ñ.

Oh now it’s been decades, how you’ve been
I’ve been finding you all over,
not remembering anything.
I will make some lemonade, I will learn to make a quilt.
It’s the only thing that’s new, it’s the one thing that I built.
Did you ever fight for Christ? Feels it would’ve made the news.
Guess you didn’t,
guess we lose.

o.

In all these songs you lose
somebody, you watch
from the shore as «love slips away»
So helpless, so woe
is-me when woe IS ME for I
am love lost drifting from the bay.

We were in it together
I wanted it too
I don’t know if you know.
When you cry ‘cause you lost me,
it was out of your hands
I will wail like the ocean
I was made to be lost in.

Oh you’re crying ‘cause you lost me
No idea what it cost me
As if I wanted to be lost.

(…)
I never wanted to be lost.

Nothing/Sweet

The cold came all at once

skin felt alert and endless

blades of coward yellow

and lucky green

perked up to the sky

like hair standing up

which I remember but cannot see

I am alive but stock-still

I am awake yet eyeless

I’m but drafts and questions

and the grass you walk on.

Consider your lack, I said

against my backbone

before you ask of me       again.

I’ve beat down mountains

to bring you valleys

Sturdy my middle name.

But do you know me

or love me in full?

 

On the way home

I wrote that poem

None to praise my mind

This happens all the time.

Mortally wounded [extended]

What have we ever learned

of mortal wounds

we truly come to know

better than this

ingrained,

formidable fight

under our skin.

Were we not so dumb

we’d be dying every hour

blade to grave if we knew better

long gone before our time.

Luck be dumb be luck

if only for a bit.