If not now, when?

No sé cómo llegué aquí, para serles sincero. Antes me sorprendía de “lo lejos que había llegado a mi corta edad”; pero ahora que la distancia recorrida no es tan grande ni la edad tan corta, me veo obligado a re-evaluar. Ayer por la tarde me senté con una amiga a compartir un piqueo marino y tomar unos tragos en Larcomar. Brunch en Mangos por mis flamantes treinta años. Súper de vieja pituca, right? Not quite. De hecho, pasamos la mayor parte del brunch lamentando la idea de aquel brunch. Era bonito, pero no lo necesitábamos. No así. No en Mangos. Pero estábamos en Lima, ¿qué más podíamos hacer? Esto es lo que #PERU nos ha enseñado. Esto es bueno. Esto es vida. Lesigh. It’s really not.

Nuestra mutua decepción por esta ciudad, que nos enseñó que si podemos tener brunch en Larcomar todo está bien, nos ha empujado a partir. “Voy a postular a la maestría en Nueva York”, le dije. “Me mudo a Buenos Aires en enero”, me respondió. Tomé con pinzas eso de que Buenos Aires es un mejor destino que Lima hoy. Me he quedado con la impresión de que la capital argentina se pone más peligrosa año tras año. Mi amiga me dijo “no más que Lima”. Probablemente es verdad. Rara vez tengo necesidad de salir del circuito Magdalena – San Isidro – Miraflores – Barranco, así que yo qué sé de Lima en realidad. Supongo que me podría decir lo mismo de Nueva York, que es indiscutiblemente asquerosa y hostil. En fin, el punto es que se va, así como yo me quiero ir, y ambos hemos elegido ciudades que representan todo lo que la Lima que conocemos, la de los brunches en Larcomar, no es.

Yo no me voy a Nueva York para estar más cómodo. Mi departamento en Lima es grande, está en una zona genial, no tiene nada que ver con los huecos en la pared que Manhattan me ofrece por el mismo precio, con una familia de ratas for a welcome wagon. Tampoco me voy a Nueva York porque el trabajo abunda. Aquí tengo una carrera hecha, estoy encaminado, tengo un nombre, una reputación (de Miranda Priestly, pero c’est la vie) y la confianza de la gente con la que trabajo. Nada que ver, una vez más, con la incertidumbre laboral que va estampada en mi pasaporte peruano con mi sello de salida local y mi sello de entrada gringo. Dudo que pueda lograr allá lo que construí acá. Argentina, para mi amiga, no es muy diferente. ¿Más cómodos que en Lima? Imposible. “Acá tú puedes ser el rey de cualquier huevada”, me dijo. For us, this is probably very, very true. Pero no lo vale. Prefiero tirar por la ventana todo lo que he hecho durante treinta años que envejecer aquí.

Mi amiga se va a Argentina porque “puedes trabajar de cualquier huevada y vivir“. No es que estemos aspirando a ser pobres mártires sufridos que rechazan el consumismo, viven en una caja y comen lo que siembran. Cero. Obviamente queremos ganar dinero para vivir y vivir como queremos. Lo que no queremos es vivir en una ciudad donde solo existe una opción correcta para lograrlo, donde no hay variedad, donde estás predestinado al “fracaso” porque el fracaso lo definen otros, desde sus prejuicios. Lamentablemente, Lima sigue siendo una ciudad para administradores de empresas tan conservadores, blancos y heterosexuales como les sea posible. Esa es la vida. Ese es el ideal. Sus cerebros realmente no pueden concebir nada diferente. Todo lo diferente es una pose, una fase, una mariconada o un pecado… y de eso no se vive. Yo quiero vivir de lo que aquí no se vive. Mi éxito será morirme feliz y yo definiré lo que eso significa.

En la boda de mi hermana, uno de mis tíos me dijo que me admiraba porque yo “siempre hice lo que quise”. Mi tío estaba ebrio, obvio, pero me hizo pensar. No me considero admirable porque, si bien hice lo que quise y “rechacé” la convención social, nunca abandoné mi comodidad. Realmente no sacrifiqué nada por lo que quise. I got to have my cake and eat it too. Pero entiendo por qué para alguien de su generación, desde fuera, decirle que no al sueño de la casa propia para viajar por el mundo, no tener un sol ahorrado y “tirar la plata” en un alquiler, sin esposa en el horizonte, eran cosas sorprendentes. Me sentí halagado y me la creí. Pero ahora no me engaño. En el fondo, siempre viví bajo las reglas de Lima. Ok, no quise ser otro abogado de mierda ni un administrador de empresas del montón (no offense, pero ustedes mismos saben que son demasiados), ¿pero y? Igual escogí una carrera, una chamba de oficina, en la que podía subir, adquirir “poder”, acumular más y más huevadas. A mi tío puede haberle parecido que viví fuera de las líneas, pero no fue así.

Como dije al comienzo, estoy dispuesto a tirar todo por la borda y me sorprende (y asusta). Pero antes de irme a los extremos, voy a jugarme la última carta de la “vida normal” que conozco. No tanto por cobardía, que sí lo es un poco, sino porque es lo que conozco. Es lo que sé que existe. Estoy postulando a una maestría, cero disruptivo de mi parte… pero al menos es una maestría que quiero hacer, no una que alimenta mi carrera. De hecho no tiene nada que ver con lo que he hecho hasta ahora y aún no sé qué haré con ella cuando la termine, pero no me importa. Si no me aceptan en la maestría, me iré igual. Porque no me conozco y necesito conocerme, descubrir lo que soy capaz de deshechar, expulsar lo que me sobra. Siento que siempre caminé por una avenida mirando hacia otra y ya llevé una as far as it can go. Si esto resulta ser una crisis prematura de la mediana edad, no importa. Sé que siempre podré regresar a Lima y jugar bajo sus reglas, porque no hay nada más fácil. Solo diré que “me tomé un año sabático” and I’ll fit right back in… y probablemente, como dijo mi amiga, podré ser el rey de cualquier huevada in no time.

Yo nunca viví una vida acomodada, pero no me faltó nada y siempre quise más. Mis papás pagaron por mis estudios desde el colegio privado hasta la universidad y yo, as the entitled little shit I am, siempre exigí que me dieran más. Más plata, más cosas, más ropa, más poder. Quería poder keep up con mis amigos que tenían más que yo. How fucking embarrassing and absurd. Lo peor de todo es que lo logré. He vivido tan cómodamente, tan “bien”… pero las cosas que me han hecho feliz han tenido poco o nada que ver con esto. Me encanta el dinero, tbh. Me encanta lo que he podido hacer con él. Pero en otros lugares I could still make a living lejos de un 9-to-5 y nadie pensaría que “soy menos” por ello. Estoy dispuesto a intentarlo si logra que mi vida se parezca más a lo que siento que llevo dentro. Siento que me dejé arrastrar hacia hermosas y calmadas lagunas porque nunca creí que podría darle la vuelta al mundo. Nunca pensé que tener las manos más ásperas, la cara cuarteada y los labios rotos sería mejor que la alternativa.

Este rant me salió mejor en Mangos, tbh. Nevertheless, it’s time.

 

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