Mad world [aka “el único post sin gif”]

Hoy no salí de mi departamento en todo el día. Vi Netflix, cociné, comí, limpié, chateé, dormí. Hablé con varios amigos y organicé un par de cosas para la semana sin moverme de mi cama, o de la mesa del comedor o del sillón. Quería ir donde mis papás, pero me dio mucha flojera. Intenté juntarme con un par de amigos por una chela, but it was kinda late. Así que  decidí darme una ducha rápida e ir a Wong a comprar un par de cosas que me faltaban. Una de ellas, la chela que no conseguí beber con alguien en otro lado. Bajé el ascensor con Morrissey. Saludé al portero y… what the hell? Hay un perro en la puerta. No se ve sucio ni tiene manchas visibles de alguna enfermedad en su corto pelaje. This pup doesn’t look like a stray. Cuando paso a su lado, ni siquiera se mueve. Levanta la mirada brevemente y me hace saber que está muy cansado para hacer algo y, con la misma mirada pesada, parece pedirme que no le haga nada yo. Broke my motherfucking heart.

Si saben algo de mí, sabrán que soy un amante de los gatos. Los considero casi humanos y más sagrados que un niño. Dogs… not so much. De hecho los perros callejeros no me dan mucha pena. No la suficiente como para hacer algo al respecto, anyway; whereas stray cats slay me EVERY TIME. Esta vez, no sé por qué, ese perro me destruyó psicológicamente. Creo que porque pensé que estaba perdido. Los perros callejeros pueden no darme pena, pero las mascotas perdidas are a whole different story. Quizá porque mi primer gato, Lucas, se perdió el 31 de mayo de 2005 y jamás me recuperé del todo. No por mí, sino por él. Era el gatito más lindo del fuckin’ mundo. Dormía, literalmente, en cualquier espacio que mi cuerpo le diera. Entre mi hombro y mi cara, sobre mi abdomen, sobre mi espalda baja, detrás de mis rodillas, no había lugar en mi ser donde a Lucas no le gustara dormir. Pensar que pasó de la seguridad de mi casa a la puta calle me revolvía el estómago. Salió, presumably, siguiendo a mi mamá, which makes it infinitely more gut-wrenching. Toda la semana guardé silencio y compostura. Gave him a week to come home. Exactamente siete días después I broke the fuck down y lloré como nunca he llorado por nada en mi vida. Fue lo más horrible del mundo.

Pensar que este perro estaba acostumbrado al calor de una casa y el cariño de un dueño no me dejó vivir. Cuando llegué a Wong compré mis cositas y, mientras caminaba por el pasillo de comida para mascotas, buscando ofertas de Fancy Feast para mis gatos, Zuko y Limón, aka Liz Lemon, empecé a buscar comida para perro. Nada muy grande porque no se lo iba a acabar. Nada en lata porque se podía cortar y no tenía como abrirla. Nada de galletas especiales porque what the fuck is that shit? Entonces, lo encontré. Un empaque perfecto de esos que tiras del borde superior y se abre como un paquete de salsa de tomate. Pedigree para adultos de razas pequeñas sabor a carne. Dog’s not all that small, but it’ll do. Ya de regreso, chela en mano, iba caminando por Madrid pensando dónde darle de comer. Ciertamente no podía ser en la puerta del edificio. Corría el riesgo de que se quede ahí esperándome. Tendría que llevarlo a la esquina o algo. Entonces un señor con un bastón interrumpió mi train of thought.

El hombre era ciego. No uno de esos ciegos que ves en la tele que tienen lentes oscuros y se manejan súper bien con su bastón y la cabeza erguida. Este señor parecía no ser ciego hace mucho tiempo, porque estaba algo desorientado y caminaba en diagonal hacia las cosas. Lo peor de todo es que no tenía lentes oscuros así que podía ver perfectamente su expresión de “puta madre, espero no chocarme con algo”. This guy did not have the whole blind thing entirely down. Pero ahí estaba, en la calle, caminando, intentando. Estaba cruzando la pista y su bastón golpeó el tacho de basura, lo cual hizo que el hombre piense que ya estaba cerca a la pared, así que siguió caminando en la pista, bordeando la vereda. Me di cuenta que él pensaba que ya estaba en la vereda. Broke my motherfucking heart. Again.

Cuando finalmente llegó a la vereda and basically walked into the wall para ubicarse, casi me tiro al suelo como en el video de Just de Radiohead. WHAT’S THE FUCKING POINT! ESTE MUNDO ES HORRIBLE. Perros perdidos y cansados, gente ciega que no sabe dónde está la vereda, ¡qué carajo! Lamenté inmediatamente haber salido de mi edificio y sentí cómo el grief de la humanidad me pateaba la tráquea. Ni siquiera había llegado a lidiar con el perro y ya estaba al borde de las lágrimas. It just sucked. Everything sucked. Cuando llegué a la puerta del edificio, el perro seguía ahí. Esta vez me ignoró aún más que la anterior. Le pregunté al portero si era de alguien (sabiendo que era imposible porque mi edificio no admite mascotas, but hoping against hope). Me dijo que llevaba ahí una hora. Morí. Dejé mis cosas al lado del ascensor y le dije “espero que no me siga por esto”. Le mostré lo que le compré y me sonrió. Salí, abrí el empaque y se lo puse junto al hocico. No me hizo mucho caso. Luego lo olió bien y se puso de pie de un salto. Lo hice seguirme hasta donde termina el edificio, bastante antes de llegar al óvalo. El perro me seguía, saltaba encima mío, pero no lo acaricié. Abrí el paquete por sus cuatro extremos para hacer una especie de plato y lo puse en el suelo. El perro enterró la cara en la comida y escapé. No miré atrás. How could I?

En este momento no sé nada del perro ni del ciego. Solo sé que estoy extremadamente sensible y ambos encuentros me han demolido espiritualmente. Espero que alguien encuentre a ese perro y le de un hogar. O mejor aún, que encuentre el suyo. Espero que el señor ciego se vuelva un as manejándose solo por la calle y pueda ser como los ciegos de las películas que caminan con la cabeza perfectamente erguida, relajados y ubicándose casi por sonar. Espero que alguien haya alimentado a Lucas como yo hoy al perro de alguien, o mejor aún, que lo hayan acogido. Espero que nunca me vuelva a encontrar con ninguno de los dos porque, realmente, it’s fucking depressing y de eso me sobra.

 

PS: este post iba a ser sobre otra cosa y se suponía que esta anécdota era una suerte de intro, pero… um, it ran a little long. What I really wanted to talk to you about era este proyecto fantástico (entren, por favor) que acabo de ver y cómo ese señor probablemente pondría “No soy mi discapacidad” y saldría adelante, like a motherfucking warrior. ¿Qué pondrían ustedes? ¿Qué pondría yo? “No soy mis inseguridades”, creo. Resume todo bastante bien. No soy mi obsesión por estar delgado. No soy mi necesidad de aprobación por el sexo no-opuesto. No soy mis compulsiones o mis máscaras. No somos ninguna de estas cosas. It’s kinda nice to remember.

 

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