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Dear diary (2018)

When I get down I miss my boyfriend
I know it is unfair
When I fuck up I miss a boyfriend
I never wanted there
‘Cause morning always comes
and bodies, they go home
or get thrown in the lake
in the middle of the bed.

Special needs ✝︎

Just 19, a sucker’s dream. I guess I thought you had the flavor.
Placebo

 

 

«Creo que es obvio lo que va a pasar», susurró Efra. Efectivamente, lo era, pero incluso cuando su aliento ya se condensaba bajo mi nariz ⏤aprendí escribiendo esto que ello se llama surco nasolabial⏤, yo tenía motivos para desconfiar. «No, ¿qué?», le pregunté bajito, volviendo todo mi cuerpo hacia él, sonriendo, más cerca. La pregunta no era necesariamente retórica. Mi intención era corroborar que no estaba equivocado y al mismo tiempo prolongar el jueguito que él había iniciado.

Es posible que Efraín haya interpretado mi pregunta de forma incorrecta. Es decir, como reflejo de ingenuidad más que de incredulidad. No es de extrañar. Solo me llevaba dos años, apenas un erastês, pero se le paraba al infantilizarme. Le encantaba ser el hombre maduro de la relación, el maestro, el amo. Lo era, hasta cierto punto, pero en esta instancia se equivocó. No pregunté por inocente, ya había tenido mi primer beso con un chico del colegio a los quince. Sencillamente me costaba creer que después de tanto tiempo por fin aceptase que también estaba enamorado de mí (una interpretación bastante cándida y errada, debo admitir).

Esa noche, cuando nos acostamos, no podía suponer que iríamos más allá de la amistosa rutina que hasta ese momento habíamos mantenido por meses. Acostarnos, abrazarnos, dormir. Las posturas podían cambiar, pero la práctica era siempre la misma. Desde la primera noche en que sus delgados brazos envolvieron mi cuerpo y su cara barbuda descansó sobre la mía, siempre acostarnos, abrazarnos, dormir.

Ahora, durante esos primeros meses de acunarme, yo aún era menor de edad. Es posible que mi situación legal haya sido un hecho crítico para Efra y yo no lo haya sabido. Después de todo ya me había dado un pico antes, la mañana después de su cumpleaños. Quizá no era el momento, no se sentía listo. O no me quería tanto. ¿Y ahora sí? No lo supe entonces y aún no lo sé. Nunca pregunté. Quizá nunca me quiso en lo absoluto, ni siquiera entonces. No como pareja. Ya da igual.

Solía lamentar no recordar cuándo pasó. Me parecía inconcebible que algo tan importante hubiese pasado tan desapercibido. Las verdaderas sorpresas son imposibles de sujetar, supongo. Así nuestro primer beso ocurrió una noche sin marcar y se escurrió por las casillas del calendario hacia los márgenes y, eventualmente, fuera del tiempo. Hoy ni siquiera podría calcular un intervalo. No podría decirles si era invierno o verano, dos mil dos o tres. Creo que fue lo mejor, de lo contrario habría celebrado patéticos aniversarios mentales durante años y fumado en exceso. Por esas fechas fumaba todos los días y, si estaba ansioso o deprimido, todas las horas.

Imposible separar ese día de cualquier otro. Nos habíamos juntado por la tarde-noche después de que yo viera a mis amigos en el café, como era nuestra costumbre. Efraín odiaba un poco a mis amigos. En parte porque mis amigos odiaban un poco a Efraín. Creo que en el fondo simplemente no le gustaba compartir mi atención. «Por qué saldría con ellos si yo, infinitamente más interesante, estoy aquí». Efra, como cualquier narcisista, era posesivo en ese sentido. No me molestaba, yo quería dejarme poseer y me supe dividir. Nunca dejé plantados a mis amigos, a pesar de que realmente no hacíamos nada especial.

Empecé a llevar mi mochila al café. Mis amigos nunca preguntaron por qué, así que no tuve que confesar que llevaba mi pijama y el estuche de mis lentes de contacto para dormir en casa de Efraín. Esa época fue, digamos, la mejor. Efra y yo íbamos muy bien, progresando cada día, casi hasta donde yo quería. Hasta que sus miedos reaparecían y tomaba distancia de mí. Lo que entonces consideraba una maldita indecisión, terror a salir del clóset y ahora, tantos años más tarde, no sabría nombrar. Exploración o cariño o infatuación o carencia. Algo monstruoso y cálido, cómodo e imposible de asir, que como viene se va. Sin explicar.

¡Estúpido de mí buscar explicaciones! Yo sabía las reglas: Efra me daría lo que pudiera necesitar, tácitamente y hasta un punto. Pero si cruzaba la línea, si buscaba que me dijera que me quería o me lo demostrara, se lo diría o demostraría a alguien más. A una mujer. Cualquier mujer. Hasta que aprendiera la lección, hasta que comprendiera mi lugar histórico: Hefestión, no Roxana.

Pero Efraín no era ningún idiota, nunca me empujaba más allá de su campo de acción. Yo en cambio sí era un idiota, me alejaba sin decir nada, sintiéndome perdedor, pero nunca me iba. Sabía que debía dejarlo, pero no podía. Estaba horriblemente enamorado de él, despojado de agencia y poder. Para entonces tenía clara mi única jugada: Efra me decía lo que quería escuchar cuando sentía que podía perderme. Así que yo me perdía constantemente, pero nunca de vista.

Esa tarde que no recuerdo llegué a su casa del café. Sí recuerdo, sin embargo, que estaba feliz y triste de verlo al mismo tiempo. Cansado. Demasiado para mis diecisiete. Nos acostamos a ver televisión, a conversar. Hablamos de las mismas cosas, nos reímos de los mismos chistes, nos miramos con los mismos ojos. Estábamos cómodos el uno con el otro, habíamos llegado a un lugar envidiable que no me hacía menos doloroso el estar juntos. Quizá porque sabía que era una ilusión, un holograma de felicidad. Entonces, algo cambió.

Cuando apagó las luces, se quedó observándome con singular facilidad. Yo apenas podía discernir el contorno de su cara trazado a mano alzada por la luz de la calle. Echados cara a cara, hablando de nada, hubo un imperceptible giro de curso. Había tomado una decisión que, incluso en el susurro, robustecía su voz. Se acercó serpenteando sobre sus hombros, sonriendo como si supiese algo que yo no, sin interrumpir la conversación. Sentí sus palabras palidecer, él ya no estaba detrás de lo que decía. Se acercó más. Su voz era un murmullo, podía sentir su respiración sobre mis labios. Entonces entendí, pero no lo creí. Se acercó aún más.

«Creo que es obvio lo que va a pasar», susurró Efra, rozando mis labios al hablar. Ese primer contacto, casi imperceptible, me encendió de pies a cabeza. La cabeza me estallaba, estaba petrificado. Cómo sentir sus labios un poco más si no puedo moverme. ¡Está ocurriendo, huevón, no lo puedes perder! Nunca he pescado en mi vida, pero asumo que esto es lo que siente quien saborea la real posibilidad de pillar un aguja azul.

«No, ¿qué?», le pregunté bajito, intentando prolongar el juego, rozando sus labios con los míos. «Ah, ¿no sabes?», sonrió, causando que sus labios se retiren de los míos involuntariamente. «No te hagas», añadió inmediatamente, reubicándose y mordiendo mis labios con los suyos. No supe qué más decir, pero no hizo falta. Después de retrasar el momento al máximo posible, algo casi tan delicioso como el acto en sí, Efra se arrojó sobre mí con tierna violencia y me dio el mejor beso de mi joven vida. Por muchos años, el mejor que nadie me haya dado jamás, porque era mi primer amor.

Le devolví el beso con la intensidad de quien había esperado toda su vida por él. Efra me abrazo, me puso sobre él y me besó con fuerza. Rodamos por toda la cama, empujándonos y acercándonos, casi a golpes, casi en guerra. Nos abandonamos el uno en el otro y, de pronto, no supe si era un beso o un exorcismo; la máxima lucha con nuestros demonios, con nosotros mismos, con lo que siempre quisimos hacer y nunca hicimos ⏤o eso quise pensar.

No sé lo que él podría haber sentido por mí, pero sé que aquella noche explotó. Lo besé una y mil veces y él a mí, hasta quedar exhaustos, sedientos, hasta que llegó la mañana y me quedé dormido con los labios partidos sobre su pecho, oliendo su cuerpo, que me fascinaba. Tenía un aroma que era solo suyo y, en ese momento, mío. Fue todo lo que siempre quise que mi primer beso fuera. Desde ese día supe que siempre me enamoraría por la nariz.

Cuando nos despertamos pasadas las 10 de la mañana, aún estaba en sus brazos. Fue uno de los pocos momentos donde Efra fue realmente tierno conmigo, sin cuestionarlo, sin pedir nada. «Carajo, ¿nos habrán escuchado arriba?». Nos reímos como dos niños que acababan de ejecutar una travesura magistral pero no podían asegurar el triunfo aún. Efra salió a revisar los alrededores. Volvió con el desayuno y el reporte: todo calmado.

Esa mañana no me vi al espejo, Efra no tenía uno en su habitación; pero estoy seguro de que mi cara de imbécil enamorado era imposible de camuflar. Sabía que no podía enfrentar a su familia con ese gesto ahuevonado, con el beso estampado en la cara como la marca de Caín. Le pedí que abriera la puerta del garaje, que era la entrada privada a su cuarto. Lanzó una pequeña carcajada como burbujas. «Eres un ridículo, ¡sal por la puerta!». Insistí que no podía. «Qué pobre diablo», accedió.

Abrió el garaje con dificultad, posiblemente por primera vez desde que se mudó de habitación. Una barra de sol le borró la nariz por un momento, mas no la sonrisa de oreja a oreja. «¿No te sientes un toque como una puta saliendo por el garaje?», escuché mientras mis ojos se ajustaban al Nuevo Mundo. Sentí mi sonrisa dibujarse dulce y pesada, le di un beso en la mejilla y me fui sin decirle más. Esto es, pensé. Él es, por fin.

Qué pobre diablo, indeed.

 

✝︎ La versión original de esto fue «publicada» el 9 de julio de 2007 en un blog oculto que jamás compartí. Me daría extrema vergüenza compartir un texto de mi yo de 22 años, así que la edité. Sorry about it. No obstante mantengo el título original porque amo esa canción de Placebo y el pseudónimo que le di a mi primer amor porque Efraín me gusta más que su nombre. Also, para no quemarlo. Aunque ya pasaron casi veinte años, relájate, William. It was really nothing.

Gravedad

Agosto y Setiembre se perdieron en la deformación del tiempo-espacio que causó el súbito agravamiento de mi alma. Honestamente, pensé que perderlo todo me haría más ligero, pero no fue el caso. La gravedad de la circunstancia fue tal que los últimos meses no ocurrieron, cayeron en el hoyo negro del que siempre he bromeado pero que, ahora, puedo confirmar como un fenómeno real. Si el tiempo pasó por mí, y la lógica me dice que debió ser así, no me dejó nada. Ni la voluntad del recuerdo vago.

El horizonte de sucesos, como suele ser el caso, estaba claramente identificado desde hacía mucho. Todos sabíamos dónde estaba el límite del abismo, cuándo empezaría la desgracia, and yet llegado el día, nadie estaba más sorprendido que yo. La densidad de mi miseria se trajo todo abajo, a una profundidad que no recordaba, una oscuridad que quizá no conocía y contra la cual el fulgor de mi pasado no podía competir. La luz resultó no ser lo suficientemente rápida para recorrer la monstruosa distancia que mi depresión cavó en segundos. No, Agosto y Setiembre se perdieron en la oscuridad para siempre y quizá es lo mejor.

Ahora estoy fuera del hoyo, pero también del tiempo. Hasta cierto punto, incluso del espacio. Heme aquí una vez más. Nueva York, yet again. Con la terquedad que me caracteriza he retornado a una ciudad que parece rehusarse a amarme como yo a ella. Tenía algo mucho más elaborado que decir al respecto pero nunca lo pude escribir. La pérdida resultó demasiado amarga para continuar mi trilogía sobre La Pérdida. Curiosidades de la depresión. Pero ya está, estoy aquí otra vez, si tan solo con el propósito de incomodarme lo suficiente para querer irme de verdad. O cuando menos, para aceptar que esto no va más.

Me gustan las certezas, he descubierto. No, miento, esto ya lo sabía. Lo que he descubierto es que no me importa en qué polo del espectro se ubica mi certeza en tanto se manifieste, sólida e incuestionable. Me haría igual de feliz decirles que mi experimento funcionó y me siento tan desplazado e incómodo que no puedo esperar para largarme como decirles que fue un fracaso y me sentí – perdónenme la frase burda – «como pez en el agua» no bien puse un pie en la ciudad. Resulta, lamentablemente, que experimento ambas sensaciones constantemente y a la vez. Estoy cansado de ir de casa en casa porque la mía no existe más, pero si me ofrecieran extender este couchsurfing por meses, estoy seguro que tendría un Excel abierto antes del final de la oración. I’d manage, I’d make it happen, contra todo pronóstico. Lo sé.

Entonces, persisto en esta especie de limbo portátil. Lima, Santiago, Nueva York, da lo mismo. Estoy fuera del continuo. Viendo personas de ayer en lugares que ya no ocupo o jamás ocupé. Imposibilitado de hacer planes, de comprometerme, de explicarme. Es agradable y espantoso a la vez, como arrancarse las costras o pasarse la lengua por los dientes que duelen. El sentido del humor de los Powers That Be, además, no puede pasar desapercibido. Sabiéndome en los márgenes del tiempo-espacio, han decidido jugar con mi timeline personal y liberar a los fantasmas of boyfriends past sobre este tablero. Gente que no vive en Nueva York, que ni siquiera conocí aquí, que en teoría no tendría por qué estar acá, ¡y que no obstante aquí está! En el preciso momento en el que yo, que tampoco tengo por qué coño estar aquí, estoy. What the fuck, Universe.

La artificialidad de esta pausa es tan ridícula que, si fuera más egocéntrico, juraría que The Truman Show es real y yo soy Truman. Solo puedo describir la escena como «montada», demasiado perfectamente ejecutada para ser real. La lluvia paró, las nubes se partieron y el sol brilló – quemó – directamente sobre nuestros cuerpos en la cama. Él y yo, espectros de hace siete años, mirándonos a los ojos, confesándonos que nos hemos pensado todo este tiempo. Él y yo, tirando cuatro veces seguidas, recordando la última vez que nos vimos, cuando también tiramos cuatro veces seguidas. Y Shakira sonando en mi cabeza, «cuando te guardabas el anillo dentro del bolsillo, dejarlo pasar». Volví a tropezar con la misma piedra que hubo siempre. Hasta la suite era la 16, csm.

Son las tres de la mañana y voy en el tren. Un lugar inusual para escribir pero es la G. Si conocen la G, saben que tengo tiempo de sobra para terminar. Ya es domingo. Hoy voy a ver al siguiente fantasma, que también lleva ese maldito nombre, y ya no sé en qué plano estoy viviendo, en qué tiempo, ni para qué. Lo bueno es que, a diferencia del último fantasma, este otro es bastante… unreliable. Estoy absolutamente convencido de que no me escribirá y continuaré aquí, en el margen de mi propia vida, mirando hacia atrás. «Nunca me sentí tan fuera de lugar, nunca tanto se escapó de mi control».

Ah, la estación al fin…

Pt. 2: Pride-atory behavior

We need to talk about #Pride Sunday. As I previously mentioned, this little ditty’s been ringing in my ears for weeks now, seeping all the way into my dreams. Sadly, I’ve missed my self-imposed deadline. It was my wish to release this before the end of Pride month, the time when we (supposedly) reflect on our struggles and celebrate our triumphs as gay people. But much like that Tiffany Pollard meme, the gays™️ too are, um, versatile. Yes, much was accomplished in recent years, which calls for celebration, but in reality the vast majority just wanted to shake our scantily-clad asses. I’m sure guilty of it. The thing is, gays, if we keep neglecting our own toxic by-products, they will run rampant – my Pride Sunday was prime example.

If you recall, I’d said this entry was basically drafted in its entirety within 24 hours of it happening. I have scratched most of it now. Turns out I’d bitten more than I could chew. I tried to cover too much ground and the results were clunky. I’m cooling my ambitions and keeping it simple. I’ve been having the same discussion in some shape or form over and over again through the years. I’ve often let it slide or dismissed it or plain forgotten. But in light of recent events, I feel compelled to address my thoughts on the matter. If I can’t reach a satisfactory conclusion, at least I want to make more sense of it. And you know me – I gotta see it in print.

My lesbian friends and I had been poking fun around «gay culture» at an impromptu Pride brunch we cooked up over a hurried phone call. The centerpiece of that discussion was this straight-by-default girl I’d met the night before, who had said she wanted to hook up with girls but thought her advances were not being taken seriously. «They think I’m being friendly ‘cause girls compliment each other all the time and it’s no big deal», she’d told us. To this Lauren, my friend’s girlfriend, replied with the utmost confidence «oh, girls hate the idea of being that predatory lesbian».

I am well aware of what she meant by «predatory lesbian». Although, from what I gathered, it appears to be more of a staple in lesbian culture than I had known. My friend Mariana shadily pointed out I actually used to be friends with one. Maybe you know one, too! She’d be that pushy lesbian friend of yours who slides into your other lesbian friends’ DMs, even though you’ve never introduced them and she’s never met them. The kind who, if seen in the wild, is reluctant to take no for an answer and hovers over girls longer than necessary – sometimes awkwardly, sometimes confidently, always unwelcome.

That last bit sounds very familiar, though, doesn’t it? Sounds like… well, a man. Men obnoxiously hanging around women, puffing their chest and fumbling at gallantry is a tale as old as time. So you probably think this annoying predator is definitely a straight man. Could maybe, possibly also be a woman, a gay one! But never a gay man, right? Because gay men have either both been signaled as predators or somehow managed to avoid the label altogether under the assumption that two men hitting on each other are operating under equal conditions. Let me tell you about Pride Sunday, and you can tell me whether that is in fact correct.

After brunch, we proceeded to further celebrate our homosexuality. Went to the parade, had some drinks in the West Village, crashed a block party with bodega-procured beers, talked to strangers and had a gay ol’ time. I left the Village in high spirits and made my way home to Brooklyn, where I was to see Years & Years. I got there after doors, so if there had been a line I missed it. It wasn’t crazy packed by then, though. I wormed my way to the front, looking for friends (more lesbians!) who later informed me via text they were actually in the back. I wasn’t about to give up a good spot to see my baby Olly, so I stayed by myself. Shortly after, a gay couple, who were chatting up another gay guy and some girls, welcomed me into the fold. It was a very standard, Pride-infused neighborly situation and I was very much there for it.

The guys were buff, scruffy and loud, had a pubescent sense of humor and kind of resembled each other. You know, a gay couple. The other gay guy was skinny and had a quiet, slightly awkward vibe. However, he seemed very friendly or at least eager to make friends for the night. So when the guys kept rubbing his arms, stroking his hair or requesting he’d take his tank top off, he’d just smile and shake his head and try to change the subject. «Boys will be boys» and whatnot.

When I arrived, their attention shifted to me and what I was wearing: a black lace romper. Hey, I already fessed up to wanting to show ass. It was Pride and I wanted to unapologetically feel my oats! They made me spin to «appreciate» my outfit and did the (gay? male?) lewd joke thing. «Why are you wearing underwear, you should run to the bathroom and take them off». I laughed it off and declined, they let it go. Pretty standard. I thought nothing of it and took it all in stride. It actually didn’t bother me at all, I took it as intended. And perhaps emboldened by my reaction (and slightly see-through lewks), they decided to return to skinny gay guy and push, hard. Before they’d even finished saying «take your shirt off, it’s Pride», they had already taken half his top off. Way past tipsy from my day-drinking, I egged Skinny Gay on. He lifted the one remaining arm and was soon shirtless.

I’m sure you can infer what my stance on public shirtlessness is given what I was wearing. I didn’t think anything of it. That’s literally how you go to the beach or how some dudes go jogging or ride their bikes. I certainly didn’t think the least risqué thing in the world would make this guy uncomfortable. Mostly because, in my head, if something really bothers you, you simply don’t do it. And there he was, without a shirt.

When those guys asked me to go commando under my romper, I wasn’t uncomfortable because I didn’t take them seriously. I felt safe in my conviction that there was zero chance I’d ever do it. I wasn’t about to be bare-assed, junk a-swinging at a fucking concert! I could never be coerced into something so ridiculous and I knew they knew that too, which is why in my head they couldn’t have been for real. That’s just «how things are» with the gays, I thought, and they dropped it as quickly as they’d suggested it.

I would’ve been pissed if they had actually pushed for it, of course. That would’ve been straight up harassment, but they didn’t. And I think maybe that is how things are with gay men. A sort of unspoken agreement to push very far, but only so far. To introduce the sleaziness and see how the other party responds; to, let’s say, gauge interest. But it would’ve been certainly a lot easier to coerce Skinny Gay into taking off his shirt than it would’ve been to pressure me to take my briefs off. And it was. That is exactly what they did. They pushed beyond the checkpoint. Hell, they pretty much did it for him.

Regardless of how firmly on the ground my feet were on the subject, it was physically impossible for them to force me the way they did him. And yet I brushed it off because, in my drunk head, what they asked of him was nowhere near as crazy or overtly sexual as what I had been asked to do. It was tame, it was nothing, and he accepted! Pause, rewind. Did he? It all came down on him fast and from every angle. He was visibly hesitant, yet we all interpreted it as shyness. And you know what they say: «shyness is nice, and shyness can’t stop you from doing all the things in life you’d like to».

But he wasn’t shy, he was reluctant. And neither one of us could see it. Sure I was liquored up, but I still encouraged him. I had a hand in it, even if not as literally as the guy whose hands actually undressed him. And I did so based on the same mistake I often make when it comes to other gay people: I assume their experiences and outlook must be somewhat similar to mine. I thought he’d be game because in my state, I probably would have. But he was indeed uncomfortable, he just didn’t want to alienate us. He wanted to hang out and be friendly and, without warning, found himself in a grievous situation he couldn’t back out from. Until somebody very familiar with such circumstances pulled him out.

«Can you please stop? He’s uncomfortable, just stop». A woman standing next to us sternly addressed the more obnoxious gay guy, the one who had undressed him, and it felt like curtains falling heavy to the ground. Suddenly the ugliness was crystal clear. It was a music venue right before a show, it was loud as fuck, but you could not hear a thing other than her words bouncing off the walls. She killed the problem dead, shot it right in the head. Actually, she shot it in the balls.

Upon being called out, the guy was impossibly hurt. He was mortally wounded. He loudly argued with his boyfriend, who was begging him to let it go, for the entire time he was there, which wasn’t long. I couldn’t pick much of it up, but I could tell from his wide gestures and the very few things I overheard that his argument was, unsurprisingly, «she doesn’t know how it is (with gay men)». I can imagine him saying things like «he was just messing around», «he was being friendly», «it’s just a shirt», «it’s not like he grabbed him by the pussy» (you know, like presidents do). At one point he did yell at his boyfriend to «tell her!», which made me safely assume I was right – and that the guy probably agreed with his beau.

The idea that men are more sexual than women has always been accepted matter-of-factly because science! Supposedly, the average Joe thinks about sex nearly twice as many times a day as regular Jane does. I know, as a man, that applies to me one hundred percent. I think about it a lot. However, not being a woman or any other man but myself, I can’t corroborate the data. I do know quite a few women, both gay and straight, who are very sexual and lead rich, sex-positive lives. Conversely, I know quite a few guys who are not as sexually-driven or as carefree with their bodies and hearts as we sluttier gays are.

And maybe that’s the disconnect. Perhaps it’s not about being sexual, but about our sexuality being… well, kinda sleazy. I’m probably not venturing too far from facts in saying that the average gay man is sleazier than any woman. All people (or most of us) have the joy of consensual sex in common, but the gays engage in some rather «questionable» activities. And we high key like it. That’s perhaps where the whole «women don’t understand us» thing comes in. We know that, more often than not, it’s gonna be a whole lot of sex with a bunch of people, and while you’re bound to stumble across a prop or ten, a single feeling will likely not be found.

The odd thing about it is, of course, #notallgays. The level of immodesty varies from gay to gay and straight people are not your best tool when navigating such situations. No tea, no shade, but straights are huge fans of the binary. They may talk about «gray areas» but that’s because they still see things in black and white. «He cheated on you? Call off your gay wedding!» Uh… how about we define what cheating is within this specific relationship, Brenda? Surely nobody’s into being lied to, but some people are into welcoming others to their marital bed. This is a discussion to be had, like any other. You gotta make sure you see eye to eye on fundamental shit like this. Just like you would ask your man if he wants to be a daddy before getting engaged, Susan!

I recently talked to a dear friend about his impending divorce. He was still rattled by the reality of it, and kept going back to the very first time things went sour. He suspected his fiancé, now soon-to-be ex-husband, had a threesome with another married couple before their wedding, after being explicitly told not to. His fiancé denied it (and does to this day). Right on cue, his straight female friends advised him not to go through with it. I didn’t know any of this, but had I known, I probably would’ve just asked if an open marriage was something he’d be willing to consider. ‘Cause what the hell do I know, he might be! You can’t ever be too quick to judge gay relationships because you
simply
never
know.

In my friend’s case, he tried and discovered to his own surprise that he couldn’t make it work. It turned out to be a bigger issue than he’d wanted it to be. Meanwhile, his partner was merrily involved in physical and emotional affairs. Shit got very ugly. «Is it me? Am I uncool for not being able to be as open as he is?», he asked me. I assured him that, at the very least, that wasn’t his fault. People want different things. You need to find the one (or two or three, whatever) whose needs match your own. And while I think it’s commendable to try to make things work, when you know it’s not working, you need to get the fuck out. They plowed through at the expense of their mental and physical health. They suffered greatly for it and the ending remained the same. Although, as far as I’m concerned, if you keep under wraps for years what a big whore you truly are, you rip what you sow. Por mosca muerta.

My point is I couldn’t have told him what to do, no one could. Arrangements are made and you have to assume everyone is happy with their choices. If they’re not, only they know and they will deal with it in their own time, on their own terms. For instance, I had another friend who was in a relationship where they could only sext with other people, but never actually sleep with anyone else. Their relationship gradually opened up to allow others in in sensible numbers. And later they discovered that while they loved each other dearly, it wasn’t working and amicably parted ways. All this I knew. What I didn’t know was that, before they opened the relationship, my friend wasn’t actually having sex. His boyfriend was kind of asexual. This is why you can’t chime in willy-nilly, you just never know what truly goes on in someone else’s love life. He had made his choice to be with just him, regardless. Then changed it to let others in, then changed it again and let himself out.

If women don’t «know how it is between gays» it’s because not even the gays know what the fuck is going on. We have been influenced by both heteronormative culture and queer counterculture. We’ve been told to model our relationships after mommy and daddy and, within the same breath, been scolded for letting the punk within the gay die. «Yay, gay marriage! Ugh, gay marriage?» It’s fucked up… and low key hilarious. However, whether women understand the gays or not, they most certainly know a thing or two about harassment! And this heroic bitch spotted Skinny Gay’s distress like a fucking hawk. Only a woman could possibly recognize what that particular brand of mortification looks like and, on that Pride Sunday concert, one did.

Later, the injured party did something that puzzled me, though. He thanked the girl for stepping in, thus confirming what only she knew and we all ignored. But then, without skipping a beat, apologized to the gay couple «for making things awkward». The one guy said something along the lines of «it wasn’t you» and left almost immediately after. I didn’t get it. Was Skinny Gay not all that uncomfortable then? I decided against unfairly questioning the validity of his comfort-level and instead asked myself why anyone would so earnestly apologize to their tormentors for being tormented.

The best I can come up with, after this long ass entry, is this: two men interacting with each other are not always operating under equal conditions. There are predatory gays and it appears they have written the playbook. Gay male culture might be gay, but it’s still very much male. It’s wired around this «boys club» mentality in such a way that Skinny Gay actually felt he had to apologize. Because he «understood the code»; he knew they didn’t mean any harm nor were they an actual threat, but it didn’t make him feel any less uncomfortable. When he allowed this woman to label them as predators, he «broke the code» and he knew it. And it doesn’t seem to matter – to them or even to him – that he wasn’t okay with the code to begin with, that the code doesn’t speak to him, it doesn’t include him. Not only did he fall victim to it, but saw his own status as victim immediately invalidated by it, all in one swift swoop. In hindsight, what impresses me the most is how unremarkable it all seemed as events first unfolded. In reality, it was all very, very dark. Until a girl saved the day.

 

There goes the bride

It let itself be known
a maddening wind
sucker
punching my ears shut.

Blows
to the chest I surrender
a lost embrace blinds cold.

Important things have been lost to the winter
and you, a hue of blue
Nature cannot paint twice.

Last words

Morning unzips the dark

giggles down the street.

If he’s okay wakes me up first thing.

Finds me nestled still in the curlicue of a long night’s neck.

Leave me alone stretches my palms

open. I grieve

for all that exceeds my grasp.

I don’t want to see you sits within the periphery.

Only stepping into focus to jag from time to time.

Twilight slashes the sky again

nightfall spurts out.

Somebody maybe will go to work.

 

El huevo, la gallina y la cabra

Sepan desde ya que voy a ser una pesada. Voy a ser esa persona sin sentido del humor que demanda corrección política de la sociedad, sin cederles un centímetro de margen de error o la cortesía de una curva de aprendizaje. Me voy a indignar por cosas. Algunas que me tocan un nervio muy real y otras que, muy en el fondo, no me importan en lo más mínimo, just for the sake of being pesada, por el placer de probar un punto. En suma, voy a ser tu vegana local.

(No sé qué dice de mí que no haya podido aguantar ni medio párrafo sin ofender a otra agrupación. I guess the old LC can come to the phone right now… so take this whole post with a grain of salt).

Bueno, esta es la situación:

Estaba en una clínica aquí, getting tested for all kinds of shit, como el responsable gay irresponsable que soy. Estaba, por supuesto, distraído con mi celular y solo escuchaba ese bisbiseo de algodón que tienen todos los hospitales. De pronto, una figura se levanta frente a mí, a cierta distancia, y por alguna razón, lo asocié al murmullo. Pensé lo que uno siempre piensa cuando está en una clínica no-prestando atención: me llamaron y cagué por estar hueveando en internet. Levanté la cabeza y di con este personaje. Lo quedé mirando. Me quedó mirando. Telepáticamente pregunté «¿me llamaste?». Sacudió las manos en negación, como bailando Aserejé – side note: ¡¿LEYERON LA EXPLICACIÓN DEL ASEREJÉ?! CSM. Color me shooketh.

Al darme cuenta de que esta persona no trabajaba ahí y no me había llamado, volví a lo mío. By then, of course, el huevón ya se había sentado frente a mí. Me preguntó «are you latino?» y en esos pocos segundos, tomé una decisión. Piensen en Jack Donaghy enterándose de la muerte de Don Geiss. Fast minds (aka the overthinkers and the paranoid) can cram a lot of shit into tiny pockets of time. Fue más o menos así:

Are
– A ver, esta amiga tiene una trenza que le parte del mero medio del cráneo, está maquillada y su identidad sexual no me queda del todo clara. Es posible que sea una baby trans. No una muy guapa, por cierto. O quizá es solo fluidWhatever, ha venido a hablar conmigo. At a health clinic. Claramente, estamos en el mismo sex-positive boat. Aunque tiene toda la pinta de la gente que disfruta mucho su performance queer, lo cual no es mi rollo y de hecho me da flojera.
– … You
– Hmmmm, ok, no es mi rollo, ¿pero me molesta? Yo creo que no. Quizá no tenemos mucho en común, pero ciertamente puedo hacer polite chitchat. De pronto es bacán o gracioso o algo. Mi prejuicio contra el performance queer me hace pensar que es improbable, pero yo qué coño sé. Yo soy gay y no uno particularmente masc. No me esfuerzo en ser de una u otra manera. Me da lo mismo ser masculino o una cabra de corral, puedo ser una y la otra at any given time. El punto es que lo soy y ya. Que me miren, que no me miren, a estas alturas me da lo mismo. Siento que esa necesidad de restregar las caras de todo el mundo en los aspectos más rimbombantes de mi homosexualidad es infantil y me da una flo radical. Pero me daría MÁS flojera ser uno de esos malditos gays que solo se hacen amigos de gente que se quieren comer…
– … Latino?
– … así que le hablaré. Aunque sea la manera más tonta de empezar una conversación en la historia.

«Yes», respondí IRL. Me empezó a preguntar huevadas sobre mí y bla. Era un poco torpe en su interacción lo cual me hizo pensar que quizá yo le gustaba. If you know anything about me, sabrán que mi primer instinto jamás es pensar que le gusto a alguien. De hecho, conversando con Camila sobre esto, me pregunté si quizá en el fondo tengo pésima autoestima, jaja. En fin, lo sospeché, no porque me crea la raja, sino porque a veces es evidente. Igual le sonreí, respondí todas sus preguntas y hablé con él hasta que fue su turno y dejó la sala de espera, porque WHY WOULDN’T I. No iba a ser el huevón de mierda que se pone cortante o busca embutir a su novio a través de cualquier grieta en la conversación.

El huevón se fue y me quedé pensando en una huevada que me dijo, que me han dicho varias veces y jamás me ha molestado: «but your English is so good«. Entiendo por qué a mucha gente le molesta. Como si fuera imposible que un latino pudiera aprender correctamente un idioma. Pero no creo que esa sea la razón por la cual la gente se sorprende. O bueno, quizá sí, no lo sé, es materia de otro post. Pero yo no lo encuentro terriblemente agraviante – aunque una vez me hice el ofendido en un bar cuando un huevón que intentaba gilearme dijo precisamente eso. Lolz. Dejé la sala de espera antes de que baby trans volviera.

Tres tubos de sangre, un frasco de orina y un par de hisopos después, regresé a la sala de espera donde mi case worker me pidió que llene unos formularios para registrarme. Baby trans, que además se llamaba como una canción de Beyoncé, había vuelto. La verdad, no me fijé en el huevón porque HELLO, estoy llenando mis papeles and more importantly I’M GETTING TESTED. Incluso cuando sé que he sido cuidadoso, it freaks me out. Cuando sé que no lo he sido, it freaks me the fuck out. So excuse me if I don’t immediately jump back into our riveting conversation sobre cuán asombroso es que un peruano hable bien inglés.

Mientras llenaba mis datos, lo escuché murmurar pero no entendía qué ni a quién se dirigía. Entonces lo escuché, clarísimo: «…you’re not that cute, boy«. Irónicamente, estaba muy en mi propio mundo como para pensar que se refería a mí. Seguí con mis asuntos, entregué la tablilla y la enfermera me dijo «they’ll call you from that door, so sit over there«. Obediente, me senté al otro lado de la sala, donde estaba la puerta por la cual me iban a llamar. Me imagino que sí, podría haberle parecido que lo estaba evitando, pero ESO es lo que me molestó. Cabra idiota, mira a tu alrededor. Cómo CHUCHA sabes que no me acaban de decir que tengo VIH o algo – PS: the rapid test came out alright, no se alarmen, jaja. Qué te hace pensar que estoy pensando en ti en lo absoluto, o que te debo algo o que soy un huevón de mierda porque no me gustas. I could be dealing with something real here y tú estás cuchicheando mierda porque, como no te estoy hablando, soy ~ese~ gay que se jura la conchasumadre.

Hablé contigo, fui educado, te traté bien y tú decretaste que debía estar interesado en ti. No lo estaba, así que seguí con mis trámites, la fucking razón por la cual estaba allí. En ningún momento te miré mal o rechacé hablarte, pero no-atenderte ya era un desaire. Podrás ser la cosa más marica que he visto en todo el día, pero tu privilegio masculino está intacto. Como hombre y como gay, es una huevada que me desquicia.

El privilegio masculino es una mierda por donde se le mire, pero creo que viniendo de un gay no tiene nombre. No es que sea menos atroz viniendo de un heterosexual, pero en mi mente el hombre hetero promedio es básicamente un golden retriever. Can you really be mad at the poor little beast? ¡¿Pero un gay, que sabe lo que es ser minoría?! Cómo se atreve.

Cuando dejé la clínica, le sonreí y le hice adiós con la mano. No de pesada, con sinceridad. Porque yo solo había sido polite. No quería un amigo, no quería una cita, I was just being nice. Baby trans solo me miró. En mi mente, entendió súbitamente que todo ese tiempo había estaba peleando solo, que yo, como dirían mis amigos chilenos, no había cachado ni una hueá. Nice fui, nice me fui. Pero me quedé con la mierda revuelta porque lo único que saqué de esta experiencia es «si eres buena onda con un huevón, gay or straight, el huevón asume inmediatamente que quieres con él. Ergo, no se puede ser buena gente con nadie». Así que la próxima vez que alguien que no me gusta me hable, voy a tener que ser la cabra cortante y el huevón será la cabra que cree que me juro la gran cagada y volvimos a cero. Ugh.

This is what I get for going against my better instincts and being fucking nice. Never again.
Why?

Melodrama

«Reflexionando en la irrealidad de Cuatro babies, pensé en ti que tenis tres babies y ahora entiendo que es posible». Quizá porque he estado durmiendo cada vez menos – o cada vez más, depende de cómo quieran verlo – tuve que pedirle a Camila que me explique a qué se refería. Boop. En un audio que me hizo in equal parts feliz y miserable, desarrolló su punto y encontré el error. Partía asumiendo que yo sabía que Cuatro babies es una canción de Maluma en la que sale con cuatro huevonas a la vez. I didn’t. Todo lo que sé de Maluma es que es riquísimo y que su instagram es arroba maluma y no mucho más. Actually, scratch that. Me sé su parte en Chantaje, la única canción nueva de Shakira que realmente vale un sol. As usual, I digress.

Estoy en un momento extraño, «de vacaciones». Las clases de español en la universidad se mantienen y con suerte me mantienen en esta ciudad más cara que la mierda. Lo pongo entre comillas, porque técnicamente tengo trabajo pero no lo siento así, no me siento seguro. Como bien saben – but if u don’t then now u know (REFERENCE), me jugué los ahorros de toda mi vida en una sola movida. Or rather, en una sola mudanza: aquí, ahora. It was a bold move, pero no me arrepiento en lo absoluto. Fue atrevido, pero (aún) me gusta. Cronológicamente, en agosto habrán pasado dos años completos y eso es todo lo que tenía presupuestado. Después de agosto no hay nada, hay vacío, me caigo del Excel. Si me conocen saben que yo no sé vivir así, tan peligrosamente cerca a la miseria.

La razón por la cual menciono esto es porque, si bien la inestabilidad económica influye en mi estado emocional, estar desocupado es fatal para mí. La falta de un horario y una rutina me descompone. Peor ahora, que se siente más como desempleo que vacación. En el pasado todo estaba bien. Estaba en la maestría, tenía claridad sobre el futuro inmediato y dinero para gastar, no me preocupaba estar de vacaciones, podía disfrutarlas. Ahora pese a que regresaré a dictar clases, siento que todo es mentira, que estoy tratando de robarle (ingenuamente) diez minutos más a este sueño universitario. I may be closing my eyes but make no mistake, I’m wide awake. And I know it.

Sé que no quiero volver a Lima aún y sé que no quiero vivir en la destitución, so what’s a girl to do? La respuesta es evidente y Mariana me viene jodiendo con eso hace un buen par de semanas: tengo que buscar trabajo. Trabajo de verdad, trabajo en lo que no hace mucho era mi actual career. Pero, de nuevo, estoy en un momento extraño y me está costando el triple hacer cualquier cosa. Tengo que obligarme a ir al gimnasio todos los días para por lo menos salir de mi cama, tener algo que hacer. I don’t really see anybody (aquí es donde entran los Tres babies. More of that ahead). I think I’m actually just… kind of really sad. Muchas cosas han pasado en el último mes, ha sido abrumador.

Vino Daniel, of @otrodaniel fame, y me recordó lo mucho que extraño a mis amigos. Plural. Tener acceso a una red de gente querida mayor a cuatro fucking personas. Esto se hizo particularmente evidente cuando mi papá murió hace dos semanas. No éramos muy cercanos, but it’s still pretty upsetting. Con mi abuelo y él gone, I’m officially the end of the family line. Todavía no sé cómo me siento al respecto. Todo pasó tan rápido que no pude conseguir clearance para salir de Estados Unidos y me perdí el funeral. A los días vino mi hermana, y aunque la pasamos bien fue agotador. Más que nada porque tenemos puntos de vista muy distintos y me hubiera gustado abrirle el cerebro aunque sea un poco, por lo menos en lo que se refiere a mí. No me dio el tiempo, it was so frustrating. Finalmente, alguien me dio una terrible noticia que no puedo compartir, but it was the closest I’ve been to actually crying like a human. Solté una lágrima por ojo, más de lo que le he dedicado a nadie desde mi gato Lucas en el 2005. You’ll read this, I’m sure. De verdad estoy feliz por ti, pero es difícil para mí.

So here I am, son las 4:43 de la mañana y sigo despierto, tratando de ordenar mis ideas por escrito, como siempre. Sé que dormiré todo el día y me levantaré para ir al gimnasio y no veré a nadie y regresaré a mi casa sin pena ni gloria como un fantasma. Pero también sé que, en el proceso, recibiré un mensaje de texto de al menos uno de los Tres babies, el que conocí al final. The one that’s sticking around the most, the one that’s in it to win it. Es amable, es guapo, es un súper buen chico. Lamentablemente para él, yo no estoy seguro de querer ser ganado. Por muchísimo tiempo odié estar soltero porque me sentía solo. Pero estaba en Lima, donde hay 30 gays y ya los conozco a todos. No me gustan o yo no les gusto o somos amigos o tienen novio o ya pasaron por caja o no funcionó. Tipo, fin. Se acabó. Pero no necesito decirles que acá es radicalmente diferente. I’m having fun casually dating – FUN, ¡nunca antes visto! Así que, naturalmente, tengo mis reservas sobre si deseo parar. Después de todo, recién estoy acá un par de años. (I’ve Just Begun) Having My Fun.

Me genera una ansiedad terrible saber que quizá estoy dejando pasar una buena oportunidad #porzo, but wouldn’t I know if he was it? I think I should KNOW y la verdad no estoy seguro. Le dije a alguien, no recuerdo a quién, que era como Aiden. Great on paper, pero no era para Carrie. Ahora, Carrie es una babosa así que no me puedo fiar, but you get the point. Continuaré explorando la situación, porque quiero dejarme sorprender. Pero creo que ambos debemos tener claro que hay una posibilidad real de que no llegue a nada. No porque haya otros babies, sino porque quizá no somos compatibles y ya. Hace unos días tuvimos una discusión al respecto durante la cena. No logré decir todo lo que necesitaba, I never do, but I think I got my point across y lo entendió. Igual intentaré de nuevo más adelante. Ugh, en serio odiaría lastimarlo.

Odiaría lastimar a cualquiera, tbqh. Hoy me causa más angustia de lo que se esperaría de mí. El otro día volví a ver 500 days of Summer en una de mis múltiples madrugadas sin dormir y descubrí que todos estos años de identificación con Tom han sido un terrible error. Sí, amo a The Smiths y todos mis exes me han arruinado, pero no soy Tom. Soy Summer. Porque estoy de acuerdo con ella, porque desde que llegué he hecho exactamente lo que ella ha hecho. And also, she literally said «I love the Smiths», how did I miss that. Quizá porque cuando la vi por primera vez, la huevona me pareció la más indolente. But upon closer inspection, había sido honesta 99% del tiempo sobre quién era ella y qué quería. A mi juicio solo la cagó en la boda de la colega al no decirle a Tom que tenía novio. Lo demás, irreprochable. But again, I digress.

Estoy siendo súper vago sobre los otros dos, lo sé. En parte porque realmente no los veo mucho; y en parte porque me da miedo que Aiden me stalkee, encuentre esto y lo pase por Google translate – #lol. Aunque sabe que no somos exclusivos (lo hemos hablado), igual pues, ¿no? Un poco de respeto, jaja. Lo cierto es que hace unas horas decidí soltar al primer par definitivamente. Las cosas con uno de ellos son muy claras. Quiere algo que ahora no puedo dar y no es negociable. Honestamente, es tan de puta madre que prefiero no arriesgar y conservar su amistad… si no me la quita cuando se lo diga. Realmente espero que no.

Con el otro… jury’s still out and will stay out. Confieso que si tuviera que elegir en este momento, pistola en la cabeza, lo escogería a él por una razón muy estúpida y que casi, casi me da vergüenza: me recuerda a mi ex. No porque se parezcan físicamente o porque se llamen igual (which they fucking do), sino porque tenemos la misma química. Perdónenme el hipismo, pero «su energía» es muy similar. Por ende, la reacción que genera en mí es… semejante. ¿Qué pasó? Después de mucha insistencia, accedí a salir con él. Pero, obvio, I ruined it by being myself™️ (hi, hoe!). El huevón era un riesgo para mi soltería tan evidente que me freakeé y saboteé nuestra única cita. He intentado arreglarlo ever since. Lo vi un par de veces más pero ya me había cerrado la puerta, I could feel it. Sospecho que no para siempre, pero quién sabe. And somewhere along the way, came Aiden. Y aquí estamos ahora, en un momento extraño.

Ugh.

We told you this was melodrama.
You wanted something that we offered…

 

Ghosted

He took a look around my room

something

was declared to be very me.

 

Stumbled upon my cologne and quickly corrected

himself “No.

this is very you”.

 

The way he said it, I was already a memory

a fondness

standing right in front of him.                    Was I?

 

Deemed an inanimate object made me

small and lifeless

and round.

 

He put it down without even smelling it, as if he didn’t know

W                    H                     Y

he bothered picking it up in the first place.

 

I now live in his memory alone.                   Am I even flesh?

Some remote mausoleum in the corner of his mind

mere feet away from                       .

 

On this the holiest of days, The Holy Spearit is SPEAKING to me

Breathe you out
Breathe you in
You keep coming back to tell me you’re the one who could have been
And my eyes see it all so clear
It was long ago and far away but it never disappears
I try to put it in the past
Hold on to myself and don’t look back…

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I don’t wanna dream about all the things that never were
Maybe I can live without
When I’m out from under
I don’t wanna feel the pain
What good would it do me now
I’ll get it all figured out
When I’m out from under

So let me go
Just let me fly away
Let me feel the space between us growing deeper and much darker every day
Watch me now and I’ll be someone new
My heart will be unbroken
It will open up for everyone but you
Even when I cross the line it’s like a lie I’ve told a thousand times

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I don’t wanna dream about all the things that never were
Maybe I can live without
When I’m out from under
I don’t wanna feel the pain
What good would it do me now
I’ll get it all figured out
When I’m out from under

And part of me still believes when you say you’re gonna stick around
And part of me still believes we can find a way to work it out
But I know that we tried everything we could try so let’s just say goodbye
Forever

giphy-27

I don’t wanna dream about all the things that never were
Maybe I can live without
When I’m out from under
I don’t wanna feel the pain
What good would it do me now
I’ll get it all figured out
When I’m out from under

I don’t wanna dream about all the things that never were
Maybe I can live without
When I’m out from under
And I don’t wanna feel the pain
What good would it do me now
I’ll get it all figured out
When I’m out from under
From under
From under
From under
From under

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