Archivo de la categoría: Autobiograph-ish

Bubblegun

Antes de empezar: Escribí esto hace varios años, como parte de otro proyecto, y no he querido editarlo (demasiado). Podría haberlo recortado, es cierto, pero el exceso de detalles es lo que me gustó al releerlo. Me sorprende, me parece tierno (y no recuerdo la última vez que usé esa palabra para referirme a mí mismo). You may not find it as interesting, but you’re still welcome to it.

 

A Brian Molko por el título perfecto.

 

 

En ese momento no lo pensé, pero en realidad era algo importante. Estoy seguro que él tampoco lo pensó, simplemente lo hizo. Quizá luego, mientras caminaba a lo que podría ser un Denny’s o un Wendy’s o cualquier diner de carretera, se detuvo a pensar en ello, no le dio mucha importancia y siguió. Yo tampoco y seguí girando mi dedo sobre Madonna, las Spice Girls y La Macarena. «Tiene que ser», pensé. ¡Con ese playlist no había forma de que no lo fuera! Había algo en él, en nosotros. No iba a cambiar nuestras vidas, pero sería rico mientras durara. Estaba súper inquieto, esperando que volviera.

Cuando aterricé en Miami tuve esa sensación que siempre tengo cuando viajo. Posibilidad. Todo es una puerta abierta, todo me está esperando. Caminé por el aeropuerto con la cabeza en alto y respirándolo todo a mi alrededor, me sentía imparable… hasta que un policía de aeropuerto me detuvo. De pronto, the third degree. Por qué estoy solo, de dónde vengo, a dónde voy, a quién conozco, quién es Tori Amos, cuánta plata tengo, por qué tengo tantas tarjetas de crédito, en qué trabajo, por qué tengo brevete, qué edad tengo realmente, cuánto gano, de qué lado me cuelga. Needless to say, ese rent-a-cop me sacó de mis casillas y me puse tan atorrante como pude. En retrospectiva quizá no fue la mejor de mis ideas. Anyway, después de una larga y lograda imitación de la Paris Hilton peruana, finalmente pregunté, volteándole los ojos, «¿me puedo ir ya?». Me dejó ir.

Fuera del aeropuerto, caí en cuenta de que no tenía la menor idea de por dónde empezar. Había pasado más de una hora, había perdido el bus que pensaba tomar, no tenía los horarios de los que le seguían ni un teléfono al cual llamar. En la calle, llovía. Empecé a sentir un poco de pánico en mi soledad. Llamé a José Carlos, que estaba trabajando en Miami desde hacía unos meses. Su voz, profunda y aguda a la vez, fue una cosquilla en el corazón, un temblorcito en la estructura de mis recuerdos. Cómo me alegró escucharla. Casi podía verlo entrecerrar los ojos y sonreír al caer en cuenta de quién lo llamaba, el amigo gay que se pasó buena parte de la amistad enamorado de él. Conversamos un rato, tenía que irse a trabajar. Le pregunté dónde y me dijo «Pizza Hut», pero con José Carlos nunca se sabe. Encontraba un placer exasperante en decirme mentiras tontas. Con el paso de los años, dejé de preocuparme en si creerle o no. Me daba risa no saber. Le dije que debía tomar un bus a Orlando y que lo vería cuando vuelva. Creo que nunca lo vi.

La lluvia terminó tan intempestivamente como empezó. Me calmó en algo. «Al menos no me voy a mojar», pensé. «A la mierda, iré a casa de mi tía», me dije y tomé la J, que un par de inviernos antes conocí tan bien. Maletín en mano, mirando la ruta con atención. Al llegar a casa de mi tía, dejé la paranoia y me recompuse. Descansé, comí algo, llamé a la estación de buses, al hostal al que llegaría en Orlando y al taxi que debía llevarme a él. Volví a sentir la Posibilidad soplándome la cara, la aventura haciéndome cosquillas, todo estaba listo. Salí a cenar con mi tía y en un abrir y cerrar de ojos estaba sentado en la estación del Greyhound esperando mi autobus.

Miré a la gente a mi alrededor. Harta minoría. Uno que otro redneck me miraba, sacudiendo los bigotes. No estaba preocupado, pero sí aburrido y supuse que lo estaría por varias horas. De pronto entró una pareja mayor, ligeramente obesa (aunque este no es un atributo que resalte en Miami), mirando para todos lados. Detrás de ellos entró su hijo. Mis ojos se abrieron como un par de vinilos. Era un chico flaquito, sonriente, de cabello castaño oscuro y unos preciosos ojos café, tan enormes como sus pestañas. Se le veía bastante joven con su jean pitillo, la camiseta blanca y una mochila a cuadritos pintarrajeada. Un look ligeramente hipster, en una época donde ser hipster era RECONTRA hipster porque aún no existían. Pero él era irrespetuosamente guapo, so I didn’t hold it against him.

De pronto reparé en lo que estaba pintado en su morral. Era una imagen de Regina Spektor, del video «Us«. Mi corazón se saltó un par de beats. ¡Tenía de qué hablarle! Acto seguido empecé a pedirle a Godney que por favor lo pusiera en mi bus. Que se suba a mi bus, que se suba a mi bus, que se suba a mi bus, que se suba a mi bus, que se suba a mi bus, que se suba a mi bus… «The 11:45 bus to…  Orlando… is now boarding at gate 2«. ¡Que se suba a mi bus, que se suba a mi bus, que se suba a mi bus! En todo ese tiempo, mientras pateaba mi maletín hacia la puerta de embarque, no le había quitado la vista ni un segundo. Sus padres me miraban. No me importaba, yo lo miraba a él. El mocoso bello seguía su camino hacia la terminal y sí, se dirigía hacia mi bus.

Cuando nos acercamos al bus, me puse detrás de él. Subimos y todos se fueron hacia el fondo (algo que yo jamás haría porque lo odio; además quería estar cerca del chofer, por si acaso). Él no se sentó de inmediato. Estaba evaluando los asientos delanteros buscando el mejor. Yo hice lo mismo. Mientras nos acomodábamos hice todo lo que pude por hacerle notar que veía su mochila. Finalmente me miró mirarlo. «Is that… Regina Spektor on your bag?», pregunté. El niño arqueó las cejas con sorpresa y sonrió, se le veía más lindo aún. En ese momento noté sus labios, en los que no había reparado antes. Súper lindos, rojos y carnosos. «Yeah! You like?», me dijo. «I love!», respondí. «I’m actually on my way to Atlanta to see her live». «Ha! I’m on my way to Orlando to see Tori Amos». La coincidencia nos acercó, pero no nos habíamos animado a sentarnos juntos. «I’m Jake, by the way».

Luego de una parada – en la que se subió una camionada de X-Zibit lookalikes -, se hizo evidente que conversar de asiento a asiento sería bastante incómodo y eventualmente imposible, pues el bus se llenaría. Le hice una seña con la cabeza, un deseo desesperado disfrazado de un sutil «ven». Me sonrió y se sentó a mi lado. Yo me derretí y así empezó el viaje. Conversamos de música, conciertos, videos, de Regina, de Tori, de mi viaje, del suyo. Le dije que acaba de ver a Björk en mi país y que había sido espectacular. Le enseñé videos que tenía en mi celular, se asombró del rugido de la gente, que se comía la potente voz de la islandesa. No podía dejar de verlo. Era demasiado lindo el csm. Lo más cute era su manía. Cada vez que me sorprendía mirándolo – que, no point denying it, era seguido -, hacía la cabeza un poquito hacia atrás y me guiñaba un ojo, todo en un rápido movimiento. Me babeaba jo-di-do cada vez.

Sacó su iPod y vimos un concierto completo de Regina Spektor. Me iba hablando de cada canción, de por qué le gustaba, de cuántas veces la tocaba, de que él tocaba el piano y yo me comía cada palabra como chocolates que se deshacían en mi cerebro. Hablamos de mi país, de si alguna vez había ido, de cuántas veces había ido yo al suyo, de si conocía a alguien en Orlando, todo lo que una persona le preguntaría a otra en nuestra situación. De pronto, un tipo que estaba, aparentemente, muy aburrido atrás se sentó delante de nosotros y nos empezó a hablar. LO ODIÉ. Cada vez que abría el hocico y me robaba su atención, lo odiaba más. Cada vez que Jake me miraba mirarlo y me guiñaba el ojo moviendo la cabeza, volvía a ser feliz. Diecinueve años, ¡mi karma de la época!

Después de un largo rato de ser interrumpidos por el tipejo ese, apagaron las luces y todos dejamos de hablar. El tipo se acomodó para dormir, pero continuaba hablando de rato en rato. Jake escuchaba su iPod; yo, mi cel. Habían pasado varios minutos, quizá una hora, no lo sé, cuando el bus paró intempestivamente y subió un oficial de Homeland Security. «I need to see some ID’s«, nos ordenó, con ese tono de tombo gringo, que aguanta la respiración y escupe ruidos cortos, aglutinados. Yo saqué mi pasaporte y sonreí. Me miró. Me volvió a mirar. «Pe-ruh«, sonrió. «What brings you to America?«, indagó. «I’m going to a concert in Orlando the day after tomorrow«, le dije entusiasmado. Me devolvió el pasaporte sin mucha ceremonia y siguió su recorrido por el bus, que terminó con el arresto de dos jamaiquinos. So dramatic. Jake me guiñaba el ojo moviendo la cabeza.

Volvimos a conversar, ya sin las interrupciones del tipo de adelante. Me dio un audífono de su iPod y me enseñó lo nuevo en su colección. Luego me dejó buscar lo que yo quería. Se puso un hoodie azul, se echó la capucha encima y, ya que yo seguía antento todos sus movimientos, me miró y me sonrió. ¡Qué lindo era! Estaba hechizado. Seguimos escuchando música hasta la siguiente parada. El anciano chofer anunció que teníamos 15 minutos para ir al baño, comer, caminar o fumar. Acto seguido, se bajó. «I’m gonna get something to eat, want anything?«. «I’m good, thanks«. «Oh, you can keep it ‘til I get back«, me dijo, señalando el iPod. Asentí, guiñó el ojo y se bajó. Lo miré por la ventana. ¡Tan flaquito!

Le di la vuelta olímpica a su iPod y encontré literalmente de todo. El gusto musical no revela la orientación sexual de una persona… pero se acerca un huevo. Madonna, las Spice Girls y… ¿La macarena? ¿En el iPod de un chico straight? Highly unlikely! Le di cien vueltas en mi cabeza como un lornaza. De pronto volvió, con unas grasientas papitas y una sonrisa. Se sentó bruscamente y me miró, apretando los labios, como un chiquito. «I’m not gonna finish this whole thing so you can have some if you like«. Piqué. Más porque me lo había pedido que por hambre. Volvimos a escuchar música, con breves diálogos entre canciones. «Si fuera gay, ya habría hecho algo», pensé. Súper pavo, yo tampoco hacía nada.

Estaba mirando por la ventana cuando sentí un golpecito en el hombro. «You want?», me dijo, poniendo un paquete de chicles en mi nariz. «Sure«. Al cabo de un ratito, pop. Silencio. Pop. Volteé a verlo, estaba haciendo globitos y mirándome. Morí. Empecé a hacer globitos yo también. No paré en todo el camino, incluso cuando él dejó de hacerlo. Cada vez que reventaba uno, él se reía, ¿por qué iba a parar? «So, listen, we’re gonna be in Orlando soon and, um, do you have a phone number or…?«, le dije. «Yeah! I was gonna say!«, me interrumpió riendo. Me dio su e-mail, teléfono y myspace (calculen qué vieja es esta historia). Antes de darnos cuenta, habíamos llegado a Orlando. Nos despedimos sin pena ni gloria.

En el taxi no podía dejar de pensar en lo churro que era. En lo straight que quizá era. En lo gay que era su iPod. En lo ricas que estaban esas papitas. En lo mucho que me gustó ese demi gileillo. En el papel con sus datos que tenía en el bolsillo. En la inocencia casi escolar que me contagiaba. En lo mucho que marcaba el taximetro. En muchas cosas, pero no reparé en la confianza y naturalidad con la que un completo extraño me había dejado todas sus cosas mientras bajaba a comprar comida.

En ese momento no lo pensé, pero en realidad era algo importante. Estoy seguro que él tampoco lo pensó, simplemente lo hizo. Quizá luego, mientras caminaba a lo que podría ser un Denny’s o un Wendy’s o cualquier diner de carretera, se detuvo a pensar en ello, no le dio mucha importancia y siguió. Yo tampoco y seguí girando mi dedo sobre Madonna, las Spice Girls y La Macarena. Pero esa confianza inexplicable que a veces te despierta un total extraño, tan fuerte como involuntaria, ahora me sorprende. Como dije, muy rico mientras duró, aunque fuera lamentablemente platónico. Por varios días, cuando comía un chicle y lo reventaba, sonreía como un idiota porque tenía su risa en mi cabeza. Pop, Pop, Pop, como una balacera sabor a plátano.

Joy

«I think of dying all the time, but I’ve got joy to take my side».
Joy – Ellie Goulding

 

 

Desde que tengo uso de razón he sido muy consciente de mi propia muerte. No la he buscado y muy pocas veces la he deseado, pero siempre he sabido que está ahí, caminando a mi lado, esperando que me descuide para llevarme al otro lado. Quizá mi mamá no debió hacerme sentir tan frágil, no lo sé. Creo que yo era el único niño que conocía que llevaba siempre una muda de ropa por si sudaba, «me daba el aire», se desataba mi asma y moría (la cadena de hechos tal cual me fue indicada). Tal hiperconsciencia de mi precario estado de salud hoy me parece innecesaria. Dudo que me haya salvado la vida. Aunque recuerdo algunas madrugadas desesperadas y las carreras al hospital, así que quizá mi asma sí era kind of a big deal y yo sencillamente lo he reprimido u olvidado. No lo sé. Tampoco sé qué tan útil era para mi niñez saber que ya me habían operado del estómago y del corazón antes de los cuatro años. Siempre me hizo sentir extraño. No me preocupaba (porque no lo entendía del todo), pero ya no me sentía infinito. Los niños llevan la fecha de caducidad en la nuca. No tienen como descubrirla a menos que alguien se las diga. Creo que lo mejor de ser niño es precisamente no tener conciencia del tiempo o el peligro, jugar a los superhéroes y creérselo. Me pregunto si habría sido una persona completamente diferente de haber sido (o creído ser) un niño sano.

Igual, ¿cómo podría culpar a mi mamá si se la puse difícil desde el día uno? Para empezar, mi cumpleaños debió haber sido el 4 de setiembre (quienes sepan cuándo es realmente deben estar boquiabiertos ahora). Pero por algún motivo, me rehusaba a nacer. No contento con eso, busqué prevenir cualquier intento de desalojo enrollándome el cordón umbilical alrededor del cuello. So dramatic, right? Según yo, súper profético, hasta que lo googleé y descubrí que la tercera parte de los fetos que vienen al mundo tienen este problema. However, a diferencia de varios de esos mocosos, cuenta la leyenda que mi cordón daba tres vueltas completas y no tenía pinta de querer ceder. So, basically, un parto natural hubiera sido mi marcha al cadalso y hubiese salido performing the Hungarian disappearing actPero mi mamá tenía otros planes para mí, así que después de varias semanas  y con ayuda de la ciencia, me sacó a la fuerza un 19 de setiembre. Casi tres décadas más tarde, mis cirugías y variopintos accidentes han sido superados; mis huesos rotos, enmendados; mis partes falladas, corregidas y mi asma, desterrada. Podríamos decir que soy un adulto casi funcional. Sin embargo, a veces creo que nunca pude sacudirme la soga imaginaria del cuello.

Siempre pensé que tenía que haber alguna razón para salir victorioso ante tanta adversidad. Algo o alguien quería que me quede. Claramente mis papás jugaron un papel importante al no dejarme morir en sendas ocasiones, pero eso no podía ser todo. Tampoco podía ser mi hermana, que una vez me sacó del mar cuando me estaba ahogando (estúpidamente, además, porque no estaba that far in, solo que no me podía levantar). No, tenía que haber algo más. Cuando era un buen niño de colegio religioso pensaba que «Dios debía tener un plan para mí». Ahora que la religión y yo nos hemos separado por diferencias irreconciliables, no me preocupo tanto por planes divinos. Pero sigo pensando que, incluso si estoy acá de pura casualidad, debería hacer algo «más», algo que valga la pena, ¿no? La pregunta es… qué. Claramente, no lo estoy haciendo, sino me sentiría más satisfecho, ¡¿no?! Hoy alguien a quien quiero mucho (y me apena terriblemente que no sepa cuánto) me hablaba sobre un tema que «le apasiona». Yo no siento lo mismo sobre ese tema. Or any other subject for that matter, ¡¿por qué?! Otra vez siento el cordón umbilical enrollado en el cuello y la presión por encontrar una pasión antes de caminar hacia la luz. But being in perpetual ennui is very time consuming! No me deja tiempo para mucho más. ¡¿Entonces, qué hago?!

I. BITCHSLAP. MYSELF. ACROSS. THE FUCKING. FACE.

A veces uno tiene que obligarse a dejarse de huevadas y estar bien en donde está. Es, como, ya basta, cállate and just let go. Quizá soy el peor del universo y no me apasiona nada y solo veo negro, pero tengo que confiar en que algún día encontraré mi «true calling«, if I just chill the fuck out. No quiero ni puedo estar pensando todo el tiempo en lo que vendrá o «debería venir» después. Estar vivo hoy en día it’s a miracle in itself y es suficiente para estar contento. Con todo lo que he hecho, todo lo que he visto, todas las veces que me reí hasta las lágrimas o que grité de felicidad en algún festival, toda la gente que me ha querido y me quiere aún… ¿de qué me preocupo? Ya hice algo, estoy haciendo algo. No sé por qué me enredo pensando en lo que «debería» hacer. I already got joy, aunque a veces lo olvide. El resto se ocupará de sí mismo si tengo un poco de paciencia y dejo de cagarla en el camino.

 

All these feels…! [o el por qué de mi obsesión con los festivales]

A mi hermana, quién lo diría.

 

¿Han escuchado eso de «alguien ya lo dijo antes y mucho mejor»? Pues, yo soy un firme creyente de ello. No porque crea que todo tiempo pasado fue mejor o que no hay creatividad en el siglo XXI. Simplemente he encontrado que cada vez que quiero expresar algo,  alguien ya lo hizo de una forma más certera, bonita o elocuente. En parte es una mierda, porque me derrota como escritor, pero también me reta a encontrar el turn of phrase adecuado para cada situación (y no hay nada más rico que encontrarlo). But I digress… lo que realmente quería discutir es mi relación con la música. Bear with me, it will all make sense in a second.

Para serles sincero, no recuerdo mucho de mi niñez. Recuerdo que mis padrinos, a quienes no he visto en décadas y cuyos nombres ya olvidé, me decían que «hablaba como viejo» (lo que me hace pensar que probablemente nunca tuve una). Recuerdo fiestas de cumpleaños, juguetes, a mi primo, amigos de colegio, sí, todo eso. Recuerdo haberme divertido, haber jugado y reído, pero también recuerdo sentirme fuera de lugar la mayor parte del tiempo. No me encontraba con los niños de mi edad y paraba con gente mayor que yo casi todo el tiempo. El problema con eso es que yo era mucho más inocente que todos esos chibolos que se las querían dar de pendejos. Ultimately, tampoco me encontré entre ellos y me ensimismé cada vez más. Lo cual, déjenme decirles desde ya, it’s not a bad thing. Ser introvertido no es un crimen ni algo que compadecer. Lo único que no me gustaba era sentir que no había nadie que pensara o se sintiera como yo. Then music happened.

Si bien mi hermana no es Zooey Deschanel en Almost Famous y no hemos sido particularmente cercanos desde hace muchos años, ella fue quien me abrió los ojos a través de los oídos. Escuchaba música con ella, en la radio, cuando éramos chicos y más amigos. Nos gustaba casi lo mismo porque, básicamente, nos gustaba todo. Ninguno tenía preferencias en esos años. Salvo por el latinoide que odiábamos con pasión (ahora ella escucha pachanga, por ejemplo. Creo que nuestra relación murió right there and then, jajaja). MTV y la movida alternativa era todo en nuestra vida, pese a que ninguno hablaba muy bien inglés in the early 90’s. Con su bendición (y la plata de mi mamá), compré mi primer CD a mediados de 1996, pero antes de eso, ella ya me había hecho el mejor regalo del mundo: un atado de cassettes copiados – sí, cassettes, coño – que ella ya no quería o ya tenía, no recuerdo. Entre ellos, To the faithful departed de The Cranberries, que había salido recientemente, y Jagged little pill de Alanis Morissette, lanzado el año anterior. Mi vida cambió para siempre ese día. Encontré en los acordes lo que nunca pude expresar con palabras y, posteriormente, cuando mi inglés se hizo más potente y estas mujeres siguieron lanzando discos, encontré en algunas letras todo lo que siempre había querido decir sin éxito.

Desde ese momento en adelante, la música fue mi mejor amiga y me sacó de secundaria en una sola pieza. Tenía amigos reales, sí, pero no sentía una conexión tan fuerte con ellos. No la necesitaba. A esas alturas ya tenía a Tori Amos, PJ Harvey, Björk, Fiona Apple y cuanta mujer con micrófono se me puso por delante. Ellas me ayudaron a reconocerme, a salir del hoyo. Tenía a Garbage, Green Day y The Smashing Pumpkins para mis ratos de rabia. Tenía a No Doubt y las Spice Girls para divertirme. No sé cómo explicarlo. Cuando eres chico y no te sientes «como el resto», puedes confiar en tus amigos hasta cierto punto, pero no al cien por ciento. A esa edad, hay cosas que no le cuentas a nadie y usualmente son las más críticas. Darte cuenta de que eres gay, por ejemplo. Estoy bastante seguro de que mi proceso de auto aceptación fue menos traumático por todas esas bandas y solistas que se sentaron en el suelo conmigo, cuando estaba solo en mi cuarto preguntándome «por qué a mí». Todos, a su manera, me dijeron que no tenía nada de extraordinario y que deje de ser tan cabra. O sea, imagínense cómo me sentí cuando descubrí a Placebo. Uf, ¡qué paja fue! Quería pelearme con el mundo. Take on every hater, out, proud and vicious. Y ni hablar de cómo me sentí cuando, después de mi peor break up (first gay break up, obvio), me estrellé de casualidad con un señor que preguntaba a voz en cuello «¿por qué vienes cuando sabes que hace todo más difícil para mí? ¿Por qué llamas por teléfono y por qué me mandas notitas tontas?». Tipo, creo que ese día me bajé toda la discografía de Morrissey y lloré como si hubiera encontrado a mi alma gemela.

Vivir en Perú, sin embargo, posed a problem. Hasta 2003, cuando vino Alanis por primera y única vez a Lima, NINGUNO de mis amigos me había visitado. De hecho, la Alanis que me visitó no era la que yo recordaba. Era una Alanis post Under Rug Swept y pre So-called Chaos, o sea, más sosegada y con el pelo corto. Pero bueno, seguía siendo la misma mujer que me enseñó que a veces era inevitable disecarlo y descomponer todo y que todo lo que realmente quiero es algo de paciencia para calmar mi voz iracunda, así que fui y le aplaudí desde la tercera fila de la Explanada como nunca le había aplaudido a nadie. Entonces me di cuenta que todos esos años habíamos mantenido una amistad por correspondencia y eso se aplicaba a absolutamente toda la música que amaba. Todas esas canciones eran correos que ellos me mandaban y que yo leía con mucha atención en la oscuridad de mi cuarto. Escucharlas en vivo era como tener una conversación real, ¡porque finalmente ambos estábamos ahí! Después de eso, nada volvió a ser lo mismo. Sí, todavía amaba escuchar música en mi cuarto y aún me ayudaba, pero los CD’s eran pastillas y los conciertos, una inyección. Pensaba mucho en eso, pero no con seriedad.

El último semestre de 2004 experimenté varios golpes que no voy a detallar. Suffice to say I was at my lowest. Finalmente llegó el verano y decidí sacudirme la depresión viajando un mes a Miami. Tenía algo de plata ahorrada de mi chamba en la universidad y mi mamá me puso el resto. Two weeks in, I was bored out of my skull. Tenía 20 años y no era legal. Entrar a juergas era casi imposible por mi cara de bebé. Jailbait, as they say. Me tenía que contentar con ir a la playa y gilear un poquito con algún surfista churro. Entonces recibí un newsletter de toriamos.com anunciando una firma de autógrafos en Nueva York. Me quedaba un huevo de bolsa de viaje porque, además, había retomado mi discreta anorexia y no había gastado nada en comida. And so, I kissed my aunt good-bye y me largué a Nueva York. Me encontré con un amigo que andaba por allá, paseamos, nos reímos, me acompañó a conocer a Tori y me tomó las fotos de rigor… uf, no. Fue genial. Pero me quedé con ganas de más. Básicamente, me repetí a mí mismo ochenta veces «¡por qué coño no cantó!».

Hasta este punto en el relato, han pasado dos cosas cruciales que cambiaron el juego. Repasemos: 1. Fui al concierto de alguien que realmente había amado por años. 2. Viajé sin miedo alguno a buscar a alguien más, que también había amado por años. En 2007, pasó la tercera: ganaba mi propio dinero. Ya trabajaba en la universidad como asistente de la Secretaría Académica y ganaba algo de plata, pero además hice mi primer freelo como camarógrafo para una activación BTL en la agencia de mi hermana. Fue la cosa más espantosa yet divertida que jamás he hecho y con el jugoso cheque que me dieron ese Marzo y lo que tenía ahorrado de la universidad, decidí combinar todos los elementos e ir en busca de mis amigos. Me fui a Chile con una amiga a ver a Placebo (original lineup, además) y la experiencia fue tan increíble que ya no pude parar. Fue como respirar hondo por primera vez. No podía entender por qué me había conformado con respirar normalmente cuando podía llenar mis pulmones hasta reventar. Si hubiera sabido que esto era una opción, habría trabajado desde los doce años, creo…

Así es como todo empezó, amigos. Después de ese concierto, 30 de marzo de 2007 (jamás lo olvidaré), literalmente ya no había quién apague el incendio que se originó en mí. Quería verlos A TODOS y no me detendría ante nada. Ese mismo año, tras solo un mes en mi nuevo trabajo, hice maletas otra vez y emprendí un roadtrip por todo Florida para seguir a mi diosa absoluta, Tori Amos. No conocía a nadie, no tenía hospedaje, no tenía carro, no tenía nada, solo mis entradas y la férrea determinación de llegar a todos los conciertos. Me lancé a la aventura e hice amistades increíbles que mantengo hasta el día de hoy y fue, quizá, el mejor viaje de mi vida. Hice todo lo que mi mamá me dijo que nunca haga: me subí al carro de extraños, dormí en casas de perfectos desconocidos, me quedé en hoteles random al lado de la carretera, me metí a hot tubs calato con varios hombres y mujeres y CONCHA SU MADRE, NO PUEDO DEJAR DE SONREÍR ESCRIBIENDO ESTO. It was fuckin’ EPIC. Nunca me había divertido tanto en toda mi vida.

¿Cómo te detienes cuando vives algo así, pues? I just couldn’t and still can’t. Soy un adicto, literal. En 2008 me fui a Argentina a ver a la Reina, Madonna, y regresé al año siguiente para ver a Lily Allen en mi cumpleaños. En 2009 también fui a California a ver a The Cranberries y a mi novio, Morrissey. No podía con mi alma. En 2010 me fui al festival Corona Capital de México a ver un puñado de bandazas, que incluían a Metric. Eventualmente Metric canceló y los odié por casi un año, pero pude ver a Regina Spektor, James, The Temper Trap, Two Door Cinema Club y varios más en primera fila. En 2011 renuncié a mi trabajo y me largué casi dos meses a California (una de las mejores cosas que he hecho en mi vida, creo). En esas seis semanas de absoluta felicidad, experimenté LA MADRE de todo: Coachella… y creo que nunca he sido tan feliz (as evidenced by this photo). La cantidad de conciertos que vi en esos tres días fue obscena: Robyn, Ellie Goulding, PJ Harvey, Scissor Sisters, Suede, Mumford & Sons, Broken Social Scene, The National, tipo… lloro de solo recordarlo. El sol, la música, la gente, los churros, los amigos. I CAN’T. En diciembre de ese año, decidí hacerle otra visita a Tori. La perseguí por Nueva York, Washington y Boston. El 2012 fue el año de las sacadas de espinas. Tras la cancelación del Planeta Terra Lima, me cagué en todos y me fui a Chile a ver a Garbage. A mí NADIE me cancela. Y hablando de eso, ese año también vi a Metric en Miami. De hecho, convencí a la siempre super trooper Miryara para aventurarnos por la Florida y vimos también a Florence + the machine y Fiona Apple. Más tarde ese año nos volvimos a largar, esta vez con más amigos, para ver a Madge hacer sus pasos de viejita en el MDNA tour en Buenos Aires. Simplemente increíble.

Para mi buena suerte, Lima hace ya un buen tiempo pasó a ser un destino musical importante y mis conversaciones con estos amigos se han hecho más frecuentes y menos costosas. Pero, evidentemente, aún estamos lejos de ser parada obligatoria para muchos de mis mejores amigos, así que a ellos todavía salgo a cazarlos. En lo que va del año, como ya saben, asistí a mi primer festival europeo y me reecontré con viejos amigos e hice algunos nuevos (I’m looking at you, Nelly!). No puedo ni quiero parar, así que mi siguiente festival is already in the works y, de acuerdo a su sitio web, en este preciso instante, estoy a solo 109 días, 16 horas, 14 minutos y 26 segundos de toda esa felicidad… Summer in Montreal? Trust me, I’m counting. Esa es la historia, amigos. Al menos hasta el día de hoy. Quién diría que sería mi hermana la que empezaría todo esto. ¡Si la concieran, dirían #KHA…!

 

Let’s just be human and mind our own damn business!

Una vez escuché, no sin reírme internamente, que «gay is the new black«. Estoy casi seguro que era una especie de afirmación positiva que muchas cabras se repetían a sí mismas para sentirse bien consigo mismas y de toda moda. Algo así como cuando ponen Born this way en cualquier antro gay (¿en el 2013, really?). Pero para alguien un poco más cínico como yours truly, también podía referirse a que somos de hecho los nuevos negros, los oprimidos del siglo XXI. Tal vez algún día tengamos a una Rosa Parks de ambiente que arme un escándalo en el Metropolitano, abra la puerta hacia una vida maravillosa de derechos y cositas, y la opresión pase a la siguiente minoría du jour. ¿Quién está en cola? Los mormones, creo, ¿no? He visto un culo de anuncios suyos en Facebook. Asumo que están súper cerca a su big break en el Minority Idol.

But anyway, independientemente de lo que signifique realmente esa frase, quien tome partido por una u otra lectura tendrá la razón. ‘Cause gay really is the new black. Tanto por la estereotipada popularidad como por la discriminación y ahí yace mi problema, lo que me impulsa a escribir esta entrada. ¡Estoy podrido de lo gay! No puedo escuchar más sobre el matrimonio gay; si veo ese fucking signo igual en Facebook una vez más, me va a estallar el cerebro; si veo otra pareja gay esforzándose absurdamente por ser una pareja straight de 60 años, voy a perder el norte; y si escucho a otro hetero autoproclamado de mente abierta preguntar «¿quién es la mujer?», me haré bolita en el suelo y esperaré la muerte.

Enough! Gays are people, too! No los miren y ya está. Creo que ningún gay les dirá que quiere sentirse estudiado todo el tiempo o que exige un trato especial. En mi caso, por ejemplo, su opinión me vale gorro, no quiero su atención ni vivo para satisfacer su ignorante curiosidad (nunca falta la zancuda que quiere llamar la atención y corre gritando con la tiara en la cabeza, pero ese es su problema). ¿Por qué les cuesta tanto dejar el tema en paz? «Why can’t they back up off me, why can’t they let me live?» (Only Lindsay knows my pain, tbh). No hay nada peor que tener al mundo entero diciéndote lo que opina de tu vida amorosa/sexual, ¡o si deberías tener una, siquiera! No es tan interesante o diferente de la suya como para que se rompan el cerebro tratando de disecarla, amigos straight. Tipo, basta. We’re all human. We’re only human.

And If I’m completely honest, el matrimonio gay me hincha las bolas. Yo vivo en Perú y aquí aún no se va a dar. Incluso si lo proponen, no se dará. Incluso si hubiera un referéndum al respecto, no se daría. O sea, hasta yo votaría en contra. ¡De qué coño sirve que se reconozca en el papel, si te siguen viendo raro cuando eres hombre y dices «mi esposo»! Una ley aprobada no vale nada en una sociedad que no está lista para acatarla. Supongamos que me caso (say, with astronaut Mike Dexter) y estamos paseando en la calle, lindos y enamorados como los newlywed que somos, ¿ustedes creen que la sociedad peruana nos mirará, sonreirá y celebrará nuestro amor? Bitches, get real. En el futuro, cuando toda la generación del ’50 esté muerta y solo queden algunos animales de feria de mi generación, las cosas serán más prometedoras. Porque incluso si los haters no han sido erradicados al 100%, por lo menos serán una minoría y les dará roche admitirlo. Sus hijos son la clave, espero que lo sepan.

Lo mejor de todo es que ni siquiera les tienen que decir «está bien, gay is good«. No se trata de reventarle bombos y platillos. Solo enséñenles a ser tolerantes. Basically teach them not give a fuck. Así de simple. Eso es algo que pueden hacer por sus amigos gay, no cambiar su puta foto de perfil «apoyando la causa». Changing your profile picture is not activism! ¿Cuántos perros callejeros han salvado sus posts de perros sin ojo y con tres patas? ¿Y cuántos autogolpes han detenido cada 5 de abril desde hace 20 años con sus estatus de «nunca más»? No sean ridículos y hagan algo útil por su vida, oye. Por último, no tienen que esperar que llegue la prole para iniciar el cambio de mentalidad. Pueden empezar con ustedes. Todo bien si dejan de decirle a sus patas «oe, no seas cabro» cada cuatro oraciones, por ejemplo. O si dejaran de reírse babosonamente con sus amigos cuando ven a alguien que parece gay. «Oye, mira, mira, ja, ja, uga, uga, yo hombre bestia». Además, estoy segurísimo de que tienen algún familiar homofóbico al que pueden ilustrar sobre cómo los gays no planean extinguir la humanidad ni acelerar el juicio final o resucitar a Hitler.

But it’s not all the breeders’ fault, hay unas zancudas que provoca estamparlas contra la pared, pero será materia de otra entrada. And on a completely unrelated matter, aprovecharé que estamos hablando de lo gay para brindar mis descargos sobre un ~temita~. Aparentemente ya le di la vuelta al círculo las suficientes veces como para que mis former significant (and not-so-significant) others están saliendo los unos con los otros. Let me set the record «straight»: todo súper bien conmigo, así que cálmense, cabras and fag hags. De hecho, no tenía nada que decir al respecto hasta que recibí una llamada telefónica que me hizo pensar que se estaba discutiendo cómo me habría «afectado la noticia» and I will not have that. I haven’t seen either one of these bitches in, like, a decade so it’s safe to say we’ve all moved on and remain friends. No tengo ninguna opinión al respecto porque no es asunto mío y no, no estoy histérico ni haciendo brujería en mi casa. Les deseo a todos mis ex salientes, crushes o lo que hayan sido, una vida plena en la que yo no tenga nada que ver, jajaja… sigan con sus vidas sin preocuparse por mí, por favor, ‘cause I’m certainly not worrying about you! Sé lo que dice Gretchen Weiners, partial Spring Fling Queen and Toaster Strudel heiress, y estoy de acuerdo hasta cierto grado… pero esto no es Mean Girls, estúpidas, grow up! jajaja #loveya #xoxo

Un gato

Hace algunos meses, conocí a un gato. Vivía en Miraflores, junto a una construcción. Como todo gato, era (y sigue siendo) ferozmente independiente. Evidentemente un gato callejero, techero, pero tan hermoso y bien cuidado que bien podría ser un príncipe felino autoexiliado. Los ojos celestes más lindos, la melena rubia, flaquito y elástico. Me encantó desde que lo vi. Pero ya saben cómo son los gatos. Les gusta que los acaricies, pero realmente no tienen dueño. They keep you around, nunca al revés. Además, este era un gato del mundo, le pertenecía a las calles y a sí mismo. Si hubiese querido llevarlo a casa, no me habría seguido. Si me hubiese seguido, no se habría quedado. So I made up my mind long before I approached him. I would pet him and let him be.

Los gatos me fascinan, siempre fue así. Tengo una conexión muy especial con ellos porque son un reflejo de mi propia personalidad. Pero yo soy un gato casero, me gusta que me quieran. Me gusta tener a alguien que me da lo que necesito y a quien ronronearle o ignorar olímpicamente cuando me da la gana. Así que, como gato que soy, sé perfectamente cómo aproximarme a uno. Me acerqué, me agaché y extendí una mano. Él se acercó sin dudar. Nunca duda, ni cuando cruza la pista. Lo acaricié un ratito y me fui. Para ese entonces ya no tenía a mi gato, así que necesitaba un poco de interacción felina. Esto ocurrió en varias ocasiones y poco a poco me fui encariñando con él. Pero siempre se iba. Desaparecía y regresaba semanas después, con cicatrices y marcas, pero siempre feliz. Una vez incluso volvió con los bigotes chamuscados, pero ronroneaba como si nada. Esa es la vida del gato techero and that’s how he rolled. I was fine with that. Es bueno no preocuparse demasiado.

Truly bonding with a cat, however, is a tricky business. Nunca sabes realmente lo que piensan o sienten por ti. Les gustas, claro, se divierten contigo, disfrutan tu compañía y reconocen que eres amigable y vale la pena quedarse un rato, sino no estarían allí. Pero no van a detener su camino por mucho tiempo. De hecho, este gato no lo hizo. Solo lo vi algunas veces más. Incluso me siguió a casa un par de veces. Jugamos, me mordía, yo lo acariciaba, juntábamos las cabezas, standard cat play. Su pelaje era tan cálido, siempre me sorprendía. ¿Hubiera querido conservarlo? No lo sé. Sí, quizá. Es, después de todo, el gato más lindo que he visto. Pero no creo que la transición a gato casero hubiese sido buena para él. No la habría aceptado, tampoco. Así que quizá ya no nos divertiríamos tanto. Me consideraría un carcelero más que un compañero gato y eso sería terrible para ambos. No me entendería (porque con los gatos no se puede razonar). No podría explicarle la diferencia entre una jaula y un hogar, que valgan verdades a veces la hay y a veces no.

Entonces, ¿qué? Apreciar al gato por lo que es, no por la mascota que yo quiero que sea. There are still wild, beautiful things out there and they will do what they’ll do. Te dejarán pasear con ellos, pero si lo tuyo no es lo suyo, eventualmente ambos tendrán que dejarse ir. Difícil, sobre todo con gatos tan lindos que solo te provoca acurrucarte en la cama y no salir jamás, pero no imposible. Por ahora extrañaré nuestros juegos hasta que lo vea de nuevo, porque con él nunca se sabe. Probablemente pasará un tiempo y regresará, con el pelo más corto o más largo, saltando feliz sobre sus patitas. I won’t hold my breath, pero si lo escucho maullar en mi puerta alguna vez, sin duda lo dejaré pasar. Además, imagínense si está lloviendo o algo.

PS: I was never talking about an actual cat.

Something somewhere [part 1]

Pues, aquí me tienen. Una vez más en un aeropuerto. Esta noche en Barajas. «Ay, me voy otra vez. Ahí te dejo, Madrid». Un destino que, a decir verdad, no me es muy difícil dejar. De no haber sido porque mi mejor amiga vive aquí (y es el punto más barato para volar de Lima), I would’ve skipped it entirely. O quizá no, pero definitivamente hubiera pasado rapidito.

Pero aquí estoy y me cuesta. Again, no por Madrid, sino por Europa en general y los amigos que dejo aquí. Sé que he sido muy irregular en mi publicación durante estas semanas, lo siento. Estuve muy ocupado viviendo intensamente cada segundo, tomando fotos, bailando, muriéndome por mis amigos y, por qué no, equivocándome con todos los hombres correctos. Ahora, en el gate R14, el retorno a la normalidad es inminente y mi rechazo me impulsa a escribir.

Hace tres semanas que no muevo un dedo (de hecho, los he movido todos, pero no para trabajar y si representó algún esfuerzo, les aseguro que sarna con gusto no pica) y la sola idea de volver a la oficina deforma mi espíritu a palos, cual Rihanna y Chris Brown. Mi travesía europea ha durado bastante, pero siento que se ha pasado en un parpadeo, as it so often happens with larger-than-life adventures.

Si creen que voy a decir que me gustaría que esto no acabase nunca, les diré que no soy ningún huevón. Nunca tan iluso. Sé qué hay que volver. Sé que hay que trabajar (¡para pagar todo lo que he comprado!). Pero quería un día más. Sólo uno. Estuve muy cansado de mi vuelo París-Madrid para disfrutar mi última noche en la capital española. Si pudiera volar mañana en lugar de hoy, me quedaría esta noche para desmadrarme por última vez en Europa. Y, para lo que me espera, vaya que lo necesito.

He pensado poco en este viaje, para ser sincero. No tuve muchos momentos solitarios y meditabundos. Incluso paseándome solo por Père-Lachaise, Morrissey estuvo conmigo, cantando Cemetery Gates. Wilde on our side. Pero lo poco que pensé fue un láser que atravesó mi vida en Lima de extremo a extremo. Aunque no había que cavar muy profundo para encontrar la insatisfacción que siento por no hacer lo que amo.

Don’t get me wrong, I absolutely despise working. Probablemente, odiaría todo tipo de trabajo solo por el hecho de que… es trabajo. De hecho, la chamba en la que estoy ahora es la que menos he odiado y en la que más me he divertido (y durado). Para sorpresa de propios y extraños, I’m actually good at what I do y realmente puedo decir que quiero a la gente con la que trabajo. ¿Cuántas personas pueden decir que quieren, aprenden de y admiran a su jefe? Yo puedo. No es un tipo perfecto, pero está varios pasos delante mío y aún me enseña muchísimas cosas. No sólo para el trabajo, sino para la vida. Me ha hecho más humano y menos huevón. Le debo mucho. Pero eso no quiere decir que esté tan invested in our work como él. A mí la publicidad no me hace feliz, la verdad.

Por mucho tiempo no pude encontrar lo que me haría feliz. Lo pensaba y lo re-pensaba y no llegaba a ninguna conclusión. Intuía que tenía que ver con escribir porque nada me da más placer que venirme en una página en blanco. Nada. Pero eso era muy gaseoso. Podía ser cualquier cosa. Desde la nueva gran novela de la literatura peruana hasta una columna frivolona en alguna publicación. Cualquiera me haría feliz, tbh. Luego, de pronto, mientras cruzaba el puente Alexander III en París, la tuve más clara. La belleza romántica del Sena no tuvo nada que ver, creo. Fue puramente incidental. Mi cerebro, every bit as dramatic as its owner, seguramente pensó «este es un buen lugar para decir que tuvimos una Epifanía». And so, we did.

No lo voy a contar porque a) quiero que se cumpla, b) no sé cómo ni cuándo lo abordaré, y c) ha sido un destello luminoso en la oscuridad de París (¡mal llamada «ciudad de la luz», porque está pésimamente iluminada!) y todavía no la tengo 100% clara. Seguiré por ahora con mi chamba habitual, porque aún no he terminado de construir lo que quiero y me gustaría entregarles a quienes me han dado mucho. Pero ya vislumbro lo que puede venir… y podría ser hermoso. Como ver la torre Eiffel aparecer por primera vez desde un ventanal del metro 6.

Something somewhere [part 2]

Bueno, aquí estoy, aún en Madrid. Sentado en el tren, regresando al depa de mi mejor amiga quien, sin duda, se sorprenderá de verme. «Guess whose plane never left the ground«, diré y seguramente luego reiremos sobre mis verdaderos y sobrenaturales poderes de joven bruja. Did I accidentally call the corners on my flight? I must have! Deseé tanto una noche más que la tuve. Debí ser más específico. ¡Quería una noche de juerga, Manón! Not a hostage situation at Barajas.

No se pierdan en este largo y turbulento recuento, ¿ok? Here we go. Un abordaje, una partida hacia la pista, un retorno al terminal, una revisión técnica no programada que me alcanzó para ver casi una hora de «Hitchcock» (buenaaaaaaza, qué pena que la cortaron), una evacuación del avión, una hora y cuarto de espera para saber si volaba o no, otra hora para salir del aeropuerto cuando la respuesta fue no y 30 minutos esperando el Renfe después, here I am, still in Madrid.

Seis horas, amigos. Son las 5:58 de la mañana y estoy varado en España. LAN, el espanto de volar, dispuso buses para llevarnos a un hotel cerca al aeropuerto llamado Auditorium o algo así (según la aeromoza era cuatro estrellas y muy lindo). Pero los buses iban llegando, con toda la paciencia del mundo, uno por uno para los buenos cientos que éramos y la gente se tiraba encima de cada vehículo cual holocausto caníbal. Finalmente, luego del tercer bus, aún unable to climb on any of them, decidí que el Apocalipsis zombie era demasiado para mí y prefería pasar estas horas robadas al destino desayunando con Johanna. Después de todo, recién al mediodía me van a avisar en qué fucking vuelo voy a volver a Lima y me aseguraron que no sería, de ninguna manera, antes de la una de la tarde. Plenty of time to get back to Barajas.

Mi equipaje, sin embargo, vive un futuro incierto. Todo se quedó en el avión fallado, supuestamente. No sé si aún está aquí, si ya está rumbo a Lima, si volará conmigo, si me esperará allá. Todo lo que tengo es mi maletín, el cual contiene el 60% de mis compras europeas, mi estuche de los lentes de contacto y mi cargador de iPhone. Nada de lo que está aquí conmigo, btw, abriga un pincho. ¡Todo lo abrigador, o sea lo que pesa, lo chequeé con la maleta! Así como los líquidos grandes (a.k.a todas mis cosas de aseo, incluido mi cepillo de dientes). Basically, I’m left to catch pneumonia while unfathomably gross.

Lo que sucederá este día en Madrid, no lo sé. Lo que sucederá en Lima, sí. Mis compañeros me maldecirán por ocho generaciones pasadas y futuras, pues me esperaban para una reunión importante. Me pregunto cómo chucha me compensará LAN por este severo inconveniente laboral. La reunión que me acaban de hacer perder era tan necesaria que yo pretendía llegar jetlaggeado y sin dormir. Calculen. Me compensará cero, asumo. Me agradecerá mi comprensión y se dará media vuelta. That’s fine, LAN. Espérate que tenga acceso a mi Facebook y te voy a DESTRUIR.

Anyway, dentro de todo tuve suerte. Olvidé que mi visa era de una sola entrada e hice todo el trámite para salir del aeropuerto, entiéndase reingresar al país, como todos los demás pasajeros (españoles). Cuando llegué a Aduanas me dijeron «su visa es de una sola entrada» y yo, mátenme. Les dije que esto era una cagada de la aerolínea y que yo no estaba reingresando por mi voluntad. La tipa, que era medio antipática pero buena samaritana a la vez, me dijo «te voy a anular el sello de salida, pero como favor. La próxima vez saca una visa con dos entradas para que esto no te pase». Yo la miré a lo you gotta be fuckin’ kidding me. So, anyway, ya estoy en casa de Johanna, que me mira esperando que le cuente so… keep wishing and watch out for those weirdos. Con suerte, I’ll be coming home one day.


Escala gigante

No, no me refiero a la vieja tienda Scala de mi niñez, me refiero a una puta escala de 12 horas que me he visto forzado a tolerar. Cuando viajen con escala, amiguitos, vean bien las horas de los vuelos. Yo, como el tacaño que soy, sólo vi el precio y hoy estoy pagando uno muy diferente. Es una condena, realmente. Pero, nuevamente mi tacaño interior se opone a pagar 71 cocos para salir del aeropuerto. Me parece una usura, así que le doy la razón. At least there’s free wifi, así que no todo ha sido un suplicio. Me imagino que así se debe sentir ser un marca preso con acceso a celular.

Anyhoo, ya que tenía acceso a internet y otras tres horas que matar, thought I’d share a little something. Ahora, no sé si publicaré esto inmediatamente o lo guardaré para la próxima semana, cuando aún estaré dando vueltas por el mundo. Después de todo, acabo de lanzar una entrada hace unas horas (no sé cuántas porque la zona horaria me traiciona) y no quiero canibalizar mi propio blog. Trataré de que sea ligeramente atemporal y aún relevante cuando lo lean. Esperen, hay un pinche bebé llorando en el aeropuerto y debo ajustar mis audífonos a rather-bleed-through-the-ears-than-listen-to-this-asshole-kid volume.

Now playing: «Manos al aire». So relevant! jajaja… para quienes no lo saben, estoy en Sao Paulo, cumpliendo una sentencia de 12 horas impuesta por LAN camino a Madrid. Será mi primera vez en el viejo continente y no podría estar más emocionado. Voy a visitar a amigos peruanos que amo con locura en diversas ciudades y, además, encontrarme con mis amigos neoyorquinos en Suiza para el festival Caprices, donde veré a Nelly Furtado, entre otros (que me emocionan 590 veces más, tbh! jajaja). De hecho, los que me conozcan y se tomen dos segundos para ver el lineup, descubrirán que del 10 al 15 de marzo, los artistas son calcados de mi iPod. ¿Tori, Björk, PORTISHEAD, The Killers y Mika? Yes, please. Ah, pero si Nelly toca «Manos al aire», gritaré y moriré (e inmediatamente tuitearé el épico momento a otrodaniel).

So, anyway, este viaje me ha hecho pensar en algo, o mejor dicho, «alguien» y pese a mi better judgement, voy a explorar esos recuerdos para sacarles algún partido. No todo es choque-y-fuga en mi vida, amigos. ¡También tengo sentimientos! Even the baddest bitches will fall now and then. Ahora, no malinterpreten mi nostalgia por amor. Todo ha sido superado. Tipo, it’s been a while (I know I shouldn’t have kept you waiting, but I’m here now – ¡lo siento, tenía que hacerlo!). Pero hoy, que por fin estoy a míseras horas de tomar un avión a Europa, no puedo evitar pensar en el día en que nos sentamos a planear este viaje (para mí, ojo, no para los dos. Recién nos estábamos conociendo, nunca tanto). Cuando voy a La Mora siempre me acuerdo de eso y ahora mucho más.

I’m gonna go ahead and get one thing out of the way: no he tenido motivos, más allá de los primeros meses, para extrañarlo. I mourned for a certain period and moved on. De hecho, no pienso mucho en él. Ahora, con el viaje, lo recuerdo un poco más, pero eso es todo. Lo extraño en la medida en que uno extraña a una persona extraordinaria que ha sido parte de la vida de uno. Tengo cero quejas y cero resentimientos about it (me tomó mi tiempo llegar a esto, igual). Me encantó nuestro tiempo juntos. Lamento que haya sido tan corto, pero entiendo que el timing no era y quizá nunca sería el correcto para nosotros. That’s all fine now. O sea, tampoco es que me muera de ganas de verlo con otro y cantar Cool de Gwen Stefani, ah… pero, dentro de los límites del dumpeé, me va bastante bien.

Si nunca se lo dije (y me encargué de quemar todos los puentes digitales por los que podría haberse enterado), lo digo ahora: me parece un tipazo. Inteligente, sencillo, noble, generoso, guapo. Un gran chico. Lo quise mucho y whoever’s the following act, tiene harto zapato que llenar (no pun intended). Pero también fue un pelotudo conmigo y espero que lo sepa y aprenda de ello. Puse mucho de mi parte, pero no era una batalla que yo podía ganar (creo que ni siquiera era conmigo la cosa). No tuve armas para enfrentarte, puse mis manos, manos al aire (lol). Espero que esté bien, la verdad. El otro día lo vi de lejos. Lindo todavía, pero no sé si feliz. Yo la he pasado bastante bien desde que terminamos, aunque superficialmente. Pero está bien. El otro día, cuando Joc me preguntó si estaba completamente tranquilo solo, lo evalué rápidamente y me sorprendí a mí mismo con un sincero «sí». Still have some freaky tendencies in my system jajajaja…

Como en realidad no hablamos, esta es mi forma de decirle que todas estas semanas he pensado mucho en él y me han entrado muchas ganas de contarle que por fin me voy, que estoy emocionado, que veré a muchos amigos, que espero juerguearme como una perra y finalmente encontrar uno igualito a él… con menos issues, jajaja. Also, espero que haya leído el libro que jamás me devolvió, porque yo sí escucho el disco que me regaló. Fácil en algún otro momento, más adelante, te cuento cómo me fue, ¿no? Esta parte es la escala. Una escala gigante. En gran parte por mí, lo admito. Pero, bueno, ya nos llamarán para abordar. C-cool.


The real world

Para Madrí.





Dediqué mi última entrada semanal a un artículo que escribí para Galería por dos razones: 1. No tuve tiempo de terminar ninguno de los borradores que tengo dando vueltas en mi dashboard. 2. Quería escribir sobre la vez que inundé la cocina de mi departamento, pero sentí que esa historia daba para más, quizá para una guía y entonces recordé la guía para independizarse que escribí el año pasado. No obstante, escribir una guía estructurada y proper me da flojera. Voy a empezar contándoles un par de cosas y a ver qué sale, ¿ya? Ok, here we go.

La última vez que tocamos este tema, dijimos que el último paso para alcanzar la independencia era mudarse. ¡Qué poco sabíamos entonces, amigos! Mudarse, as it turns out, es solo el comienzo y Godney sabe que es mucho más trabajoso de lo que pensé. Don’t get me wrong, en balance, he amado cada uno de los nueve meses que he pasado en mi hermoso departamento miraflorino y espero que se conviertan en años. ¡Por fin me empiezo a sentir realmente «adulto»! Despierto; me preparo el desayuno, a veces lavo inmediatamente lo que uso, a veces no; me alisto y voy a la oficina; a veces vuelvo a casa para almorzar, a veces le gorreo a mis papás; termino de trabajar y regreso a Miraflores, a veces salgo a correr por el malecón, a veces veo a mis amigos, a veces hueveo solo; finalmente duermo y vuelvo a empezar. Gotta love it.

Sin embargo, fuera de dónde como, dónde duermo y por dónde corro, esta rutina se diferencia en poco o nada de la que mantenía cuando vivía con mis papás. La verdad es que mi rutina es, esencialmente, la misma. Sigo trabajando como si Ramón Castilla nunca hubiera nacido y sigo intentando hacer ejercicio compulsivamente/comer lo mínimo indispensable como DJ Tanner en ese capítulo de Full House (¡su dramática caída de la elíptica marcó mi vida y no acepto que no la recuerden!). Ambas actividades continúan ocupando la porción más grande de mi día a día. La diferencia es que antes todos los insumos necesarios para el correcto desarrollo de esa rutina ya estaban ahí: la comida, la ropa limpia, los toiletries, ¡todo! Es ahí donde se siente la pegada de vivir solo. No es necesariamente tener que hacer las cosas, ¡sino tener que ir a comprarlas!

Hablando de comprar cosas, la economía del hogar es un mundo aparte. Entre el alquiler, los servicios, las compras quincenales, la gasolina y demás necesidades, los lujos están pasando rápidamente al olvido. O sea, nunca tan Les Misérables, sigo saliendo y dándome mis gustitos, pero cada vez son menos frecuentes y cada uno viene acompañado de un discreto pero furioso cálculo mental. «A ver, si la cena cuesta X soles y estamos 24 del mes y tengo que pagar mi tarjeta de crédito y tengo Y soles en mi cuenta, pero ya separé Z para el alquiler, entonces puedo gastar en la cena pero tengo que medirme en lo demás hasta que paguen la próxima semana». Más o menos así es mi vida ahora. Excepto por esos terribles arranques donde me alucino Gwyneth y emprendo viajes a diestra y siniestra. A la fecha, he respetado mi lema personal de  «no hagas nada que no puedas pagar» y mis viajes a EE.UU, Chile y Argentina del año pasado estuvieron todos well within budget. Pero ahora que me voy a Europa, «el plástico aguanta todo» es mi nuevo motto. So irresponsible, I know! Pero «lo vivido y lo bebido no me lo quita nadie», amigos.

Entonces, ¿qué he aprendido so far en mi vida independiente?

1. Roommate > todo lo demás. No puedo decirles CUÁN importante es elegir al compañero de piso correcto. Creo que lo puse en mi artículo, pero ahora que lo vivo en el día a día, veo cuán en lo cierto estaba. Es, sin lugar a dudas, lo más importante y confieso con orgullo que yo me saqué la fuckin’ Tinka con la mía. Debo ser el hombre más envidiado de Lima por vivir con esta mujer. Paloma, es LA MEJOR del mercado. No tienen una peregrina idea. Tiene sus cosas, como verán en el punto tres (¡expuesta, jaja!), pero son un económico precio a pagar por su amistad, generosidad y, obvio, sus sobrenaturales talentos culinarios. Palo (o Cups, como yo le digo) es el tipo de roommate ideal: tiene sentidos casi arácnidos para saber cuándo necesito espacio y cuándo necesito su compañía. Hace su vida tranquila y yo hago la mía y nos encontramos con frecuencia en el camino, en felices intersecciones donde nos dedicamos a comer y reír con amigos. Nunca podría haber imaginado una situación más idónea. Además, es el tipo de roommie que no se hace problemas y me deja el depa solo para hacer mis cositas jajaja… ¡ay, Cups, qué linda eres! Sépanlo todos.

2. ¡Encuentra tiempo! Como verán, tengo una rutina bastante común. El problema se da cuando, en el ejercicio de mi rutina, voy consumiendo mis recursos y de pronto me encuentro sin insumos para vivir. Pasan los días y hay cada vez menos comida en mi departamento. Pasan más días y se termina el desodorante, el shampoo, el lavavajillas, el desinfectante. Pasan MÁS días y solo queda una caja de Cosecha Roja Kellogs. De pronto me veo obligado a detenerme y decirme «amiga, un ratito. ¿Puedes ir al pinche supermercado? ¡No tienes un carajo!». Pero no deberíamos tener que llegar a esos puntos extremos. Ir al supermercado, he descubierto, es como ir al gimnasio. You dread it, but you have to go! Así que aplico la misma lógica: todo lo que tienes que hacer… es llegar. Una vez que estás ahí, no tienes más remedio que cumplir la tarea. Así que eso hago, pero solo cuando la refrigeradora está absoluta y totalmente vacía. Quiero establecer una nueva rutina donde estas tareas domésticas sean parte de mi vida y no una excepción esporádica. I’m currently struggling, but I shall prevail.

3. Presta atención a los detalles. Les cuento cómo es mi lavandería. Hay un pequeño lavadero, donde ocasionalmente ponemos la bolsa de hielo en reuniones, cuyos caños están conectados a la lavadora. Al lado, lógicamente, está la lavadora que desagua en este pequeño lavadero. Todo esto está en el extremo derecho de mi cocina, junto a un mini baño de servicio. Para una persona que presta atención a los detalles, esto no representa ningún problema. Para mí, que olvidé una de las bolsas plásticas del hielo en el lavadero, representa un desastre que me tuvo con los pantalones remangados por 45 minutos. Así es, la bolsa tapó el lavadero, la lavadora rebalsó el lavadero de agua y el agua se desbordó e inundó buena parte de mi cocina. Cut to me, balde y trapeador en mano, tratando de secar todo antes de que llegue Cups. Al final, su suscripción al Comercio resultó súper útil. Empapelé todo y secó en dos patadas. Pero, como ven, no prestar atención a los detalles puede ser fatal… o en el caso de Cupcakes, puede ser costoso. Amiga, apagar las luces cuando sales o acordarte de cuándo vencen los recibos nos sería súper útil. Just FYI, jajaja.

4. Paga lo que debes. Esta se cae de madura. Separa la plata que necesites para pagar las cuentas y págalas puntual. No tanto por ser la espesa chancona que hace todo a tiempo, sino porque, créanlo o no, el pago puntual y consistente durante un buen periodo de tiempo es un arma de negociación. No en vano ser «buen pagador» es algo de mucho peso en los historiales crediticios de todas las instituciones bancarias. Hace más difícil cualquier incremento injustificado en tus pagos (o al menos te compra un poquito de tiempo). En mi caso, Cups y yo nos hemos dividido la responsabilidad de las cuentas a pagar. Esto funciona muy bien cuando ambas partes se acuerdan de hacerlo (cough, cough… jajaja). He escuchado de otros casos donde una de las partes se encarga de todo para asegurarse que se dé sin contratiempos y luego pasa la cuenta general. That can also work. Es cuestión de estar cómodos con el manejo de las cuentas. Después de todo, «cuentas claras, amistades largas», ¿no?

5. Un vecino de confianza es vital. ¡Les cuento que tengo la gran suerte y alegría de vivir como en F.R.I.E.N.D.S! Amigos muy queridos viven cruzando la calle. Estamos tan cerca que reciben nuestro wifi en su sala, calculen. No puedo contar la cantidad de veces que me ha salvado la vida que estén allí. Vivir solo es exponerse a muchas cosas, entre ellas y quizá la más popular, es olvidar las putas llaves. You haven’t truly lived ‘til you’ve locked yourself out of the apartment. Ahí es donde entran los vecinos de confianza, a quienes les entregaste un juego de llaves de emergencia. En mi caso, además, ¡sirven de refugio para mi rommie cuando quiero hacer mis cositas! jajaja… truly appreciate it. Además, es genial tener gente que uno quiere tan cerca. Te pueden ayudar con cualquier cosa, incluso cuando todo lo que necesitas es simplemente to have a drink and a laugh. El hecho de que sean los hombres más fantásticos del mundo es un bono.

Eso, básicamente. Me gustaría ahondar más en el tema, pero tengo un compromiso tan fabuloso como impostergable. Mi roommie, mi amiga Miry y estos hombres fantásticos que viven al frente me están esperando para el Oscar party de este año. Vamos a comer cupcakes confeccionados especialmente para la ocasión y tomar unos traguillos. You jelly! Anyhoo, espero que les sirva de algo ese breve recuento de mi vida independiente. Si aún no viven solos, espero que se animen. Si ya lo hacen, espero que se rían. Sé que es difícil esto de valerse por uno mismo, pero también es increíble. #xoxo!

Guía para emanciparse [de Galería No. 13]

Este artículo fue escrito en mayo de 2012, cuando buscaba depa,
y publicado en junio, ¡cuando me mudé!

 

 

Probablemente, en países más desarrollados esto es cosa de nada. Es, como, claro, tengo 18 años, voy a ir a la universidad, voy a empezar mi vida, soy todo un adulto. Es el paso más lógico. Pero aquí, en el Perú, donde la lógica no significa nada, las universidades no tienen dormitorios y los trabajos no pagan un cuerno, la gente no se emancipa hasta los 30. Todo un tema, creo yo.

¿Por qué es un tema? Porque realmente, y pongo la cabeza al fuego por esto, vivir eternamente en el hogar paterno nos ha vuelto una sociedad traumada, inmadura, de juguete. Vivir con tus papás nunca te permite crecer del todo, experimentar todo lo que la vida ofrece, ser un adulto a carta cabal.

Por más chéveres que sean tus viejos, siempre habrá algo que te estarás perdiendo (y probablemente sea todo lo malo, lo difícil, lo que te forma). Además, tus padres siempre te verán como “un chico” y, por ende, pensarán que aún pueden decidir por ti, que tienen que hacer todo por ti, que “ellos saben más” y todas esas cosas que a uno, como adulto, lo desquician.

Pero, ¡obvio! Piénsalo: no es tu casa; no mueves un dedo si no es estrictamente necesario; si tus papás son generosos, no gastas un sol; ya no pides permiso, pero sabes que hay cosas que no puedes hacer; no gozas de todas las libertades que quisieras sin, al menos, un poco de remordimiento. No eres un adulto, eres un adolescente de treinta años. Estoy seguro de que por eso hay tantos infantes mentales en este país (y, en ciertos aspectos, me incluyo).

No sé ustedes, pero yo me siento un poco tarado quedándome en mi casa. Desde que puedo recordar, quiero salir corriendo. Esa costumbre (y me enloquece que sea una “costumbre”) de no dejar la casa hasta “empezar una familia” no va conmigo. Me parece arcaico e inconcebible. Lamentablemente, basta con ingresar al mercado laboral peruano para entenderlo todo. Al inicio de mi carrera, me explotaron como quisieron por un sueldo de tercer mundo que no me hubiese dejado mudarme ni al set de Slumdog Millionaire.

Sabiendo que por mis propios medios jamás podría mantener el estilo de vida que mis papás me dieron, dediqué mis primeros años de vida adulta (y todos mis ahorros) a viajar y divertirme. Hice lo que me dio la gana y no me arrepiento de nada, que les quede súper claro, pero… ya basta. Cada día, mes, año que transcurre, me siento más culpable. Cada vez que mis papás hacen algo que yo debería hacer (como sacar citas con el médico), me siento más inútil. Así que se acabó la fiesta, “jovencito”, es hora de partir.

¿Qué necesitas para independizarte?

Primero, aclaremos las definiciones. Emanciparte implica que tus papás no te paguen la renta (cough, cough, ¡baby Jane!, jaja). Una “ayudita” por ahí, de vez en cuando, puede ser, pero la idea es que, al independizarte, pases a cubrir todas tus necesidades el 99% del tiempo.

Si es así, entonces, verdaderamente, serás independiente y, por lo tanto, desde ese día en adelante, estarás jodido. Tendrás que aprender a mantener un presupuesto y limitar tus caprichitos al mínimo, pero también saborearás las mieles de la autosuficiencia. Si no es así y eres de los afortunados que vivirán solos a costa de papá y mamá, bueno, pues, nada… qué suerte (inserte mirada fulminante aquí).

Paso 1: moldea tus expectativas a tu realidad.

Hay gente que vive con muy poco, así que sabemos que es posible. Sin embargo, la mayoría de personas leyendo este artículo (sino todas) han tenido la suerte de no tener que pasar por situaciones similares. Todos queremos mantener el estilo de vida al cual estamos acostumbrados, obvio, nadie quiere retroceder ni privarse de nada, pero si tu ingreso mensual es de 1500 soles*, evidentemente vas a tener que ajustar.

Escala tu estilo de vida a tus posibilidades económicas y no te esponjes. Escalar no es recortar. Al final, puede ser la misma chola pero más flaquita. Hazte la idea de que no vas a poder salir todos los fines de semana, pero saldrás igual. Asume que las comiditas en la calle serán menos frecuentes, pero igual te puedes dar algún gustillo. Puede parecer ridículo, pero es algo que te golpea si no lo ves venir. Asimílalo y empezarás con el pie derecho.

* Este es el mínimo indispensable que yo considero necesario para mudarte y tener cierta calidad de vida. Estoy seguro que puede lograrse con menos, pero yo no lo recomendaría.

Paso 2: encuentra un/a compañer@

Lo más probable es que, cuando hayas concluido el paso uno, te des cuenta de las cosas que no quieres perder y para las cuales necesitarás destinar una porción considerable de tu presupuesto total. Eso limitará la cantidad de dinero que estás dispuesto a ceder para el alquiler de tu primer departamento. Es en ese momento en el que concluirás: solo no la hago, necesito un roommate.

La elección del compañero de departamento o roommate es básica, pero no limitante. Hay decenas de factores a considerar parar vivir con un amigo, si quieres que siga siendo tu amigo al final de la jornada. Pero si no lo encuentras, no te detengas, también puedes vivir cordialmente con un extraño. En algunos casos, me han contado, hasta es mejor.

¿Qué tener en cuenta? Tres grandes campos: compatibilidad, consideración y detallitos.

Si es tu amig@, la compatibilidad se da por sentada. Se llevan bien, se quieren mucho, todo bien. Pasa inmediatamente a lo siguiente, la consideración (o la falta de) y tu reacción a ello.

¿Crees que va a dejar las áreas comunes limpias? ¿Te molestaría si no lo hace? ¿Crees que va a llegar borrach@ a romper toda la vajilla? ¿Te reirías si pasara? ¿Crees que va a meter extrañ@s en una noche de pasión y vas a despertar sin muebles? ¿Te sentarías en el piso a consolarl@? Hay gente súper tolerante, pero también hay gente súper conchuda. Por eso hay que preguntarse “dónde está mi límite” y evaluar si esa persona podría cruzarlo.

Finalmente, los detallitos. Todo es negociable, pero hay ciertas cosas en las que uno podría no estar dispuesto a ceder y es bueno discutirlas de antemano. Por ejemplo, a mí no me gustaría que se fume tabaco en mi depa. Ergo, no podría vivir con un fumador. Ni aunque me diga que saldrá al balcón, porque, en algún momento, no lo hará. O quizá mi roommate quiere tener un perro o alojar parientes o fumar marihuana. ¡Las posibilidades son tan coloridas e infinitas como la propia gente! Es vital conocer tus dealbreakers y discutirlos.

Si luego de todo esto aún consideras que quieres vivir con esta persona, ¡felicitaciones, te has hecho de un roommate!

Paso 3: encuentra un depa

¿Por qué el roommate antes del depa? Porque el departamento tiene que agradarle a todos. Si alguien queda mínimamente insatisfecho con la elección del lugar, créanme, fermentará en su interior hasta que explote en un baño de sangre, verbal o literal, más adelante. Nadie quiere eso.

Además, en este asunto de cazar departamentos, no hay tiempo que perder. Todos tienen que estar a bordo, ver el depa juntos y, si les gusta y está dentro de su presupuesto, tomarlo de inmediato. Al día siguiente, puede que ya no esté. Parece mentira, pero no duran mucho en el mercado.

¿Cómo encontrar el depa? Hay tres formas (y yo atacaría las tres en paralelo): periódico, porque la gente aún confía en ellos para anunciar y suelen tener variedad; internet, porque hay fotos y es más rápido; y recorrido de las calles, porque puedes tener la suerte del año. ¡Solo necesitas un celular que no se quede sin dinero y muchas ganas!

¿Qué mirarle al depa? Iluminación, tuberías y enchufes. El resto se puede arreglar, pintar, decorar. Ojo, ¡lo de los tomacorrientes va súper en serio! Sino, te mudas y ves que todo el depa tiene, tipo, cuatro. Ténganlo en cuenta.

Paso 4: múdate

Obvio. Llévate todo lo que puedas y empieza a vivir ya. No te preocupes por las cosas que no sabes o no tienes, todo llegará. Mientras más rápido empieces, más rápido te equivocarás y aprenderás. Además, los errores son la parte más divertida. Cuando te das cuenta de que te falta todo, que no sabes lavar ni comprar comida y mucho menos cocinarla.

Independizarse es un trámite, no les voy a mentir. Estoy en esto, con seriedad, desde hace unos meses y todavía no consigo lo que quiero. Claro, al principio hice todo en desorden y no llegué a ningún lado (¡debí hacer esta guía antes!). Ahora, estoy haciendo las cosas bien. Lamentablemente, se me cayeron las roommates ideales y debo volver a empezar, pero me siento más encaminado.

Lo importante, como con todo en la vida, es tomar la decisión y no parar hasta lograrlo. Y créanlo o no, independizarse también es bueno para tu familia. Menos peleas, los extrañas más, comprendes muchas cosas que antes no entendías e, inevitablemente, sientes una mayor gratitud hacia tus padres. ¡El 2012 es un año de cambios! Anímense a crecer, pero ahora sí, en serio.

PS: busco roommates.