Archivo de la categoría: Growing up

Buenas noches, Gabo

El día inició lento. No work, no nothing. Solo mis planes de ir a la playa a disfrutar del fin de semana largo. Hice mi maleta, me bañé, me tomé una cerveza. Business as usual. Me subí a un taxi rumbo a San Borja solo para descubrir que Gabriel García Márquez se había ido. Toda la magia del día se hizo humo. Qué oscuro se me puso el cielo de pronto. Mi adulto seguía fidgeting con el celular, escuchando las noticias, haciendo planes; mi niño, el que amó a Gabo, se sentó en un rincón de mi cerebro, mudo. No se levantó hasta mucho después. Nos abrazamos y soltamos unas lágrimas por nuestro favorito.

Aunque no había escrito nada en años y probablemente no lo haría jamás, no me gusta la certeza de saberlo. Es otro más. Uno más de mis héroes que se va. Cada vez son menos los que aún están aquí y me da tanta pena como pánico. Me entristece saber que no estarán más aquí para cargar el peso del mundo sobre su espalda, mi peso muerto. No estarán aquí para iluminarnos, para señalar el camino en la distancia, el que ellos ya vieron hace mucho. Me da miedo saber que cada vez son menos los que sostienen el fuerte, que su partida significa que ahora somos nosotros los que tenemos que alzar las manos y cargar el techo del mundo. Ahora soy yo el que tiene que hacer algo para que la sociedad no colapse bajo el insoportable tonelaje de su propia ignorancia y oscuridad. Ya no puedo ocultarme detrás de mis héroes porque todos están muriendo. Todos han envejecido y están encontrando, uno a uno, el descanso que se merecen por luchar contra toda la mierda que implica vivir en sociedad. Ay, cómo se lo merecen.

Pero qué cómodo estaba yo, aprendiendo de ellos, leyendo bajo la sombra que me daban. Cada vez son menos y la sombra es más estrecha. Cada vez estoy más consciente de mi papel, de mi deber. «El deber revolucionario de un escritor es escribir bien», dijo mi héroe caído. Me parte el corazón leerlo ahora, porque es cierto y él lo cumplió a cabalidad. Yo, sin embargo, he sido caprichoso en mis trabajos, he tomado a la ligera mi deber. Te debo más que eso.

Es tan raro que gente que nunca conocí pueda haberme conmovido tanto. Ese es el poder del arte. Ahora no me queda duda. Por eso me da tanta pena tu partida, Gabo. Y sé que todo el mundo lo va a comentar y saldrán los fans de última hora y a todos les llegará al pincho leer «esos» status de Facebook o tuits descorazonados, pero para mí el mundo es menos mágico desde hoy. De chico odiaba leer, if you can believe that, hasta que mi hermana me prestó Doce Cuentos Peregrinos. Hasta el día de hoy, uno de los libros que más quiero (porque yo los quiero). No pasó mucho tiempo antes de que yo mismo empezara a escribir y se lo debo, en gran medida, a Gabriel García Márquez.

Gracias, Gabo, por no ser aburrido, por ser mágico, por ser diferente. No me importa que seas por siempre mejor que yo (as evidenced by this blog), lo que importa es que me encendiste. Me diste permiso para darle rienda suelta a mi mediocridad hasta que, un día, algo me salga bien. Espero que así sea y te lo agradeceré llegado el momento. Buenas noches, héroe. Que descanses.

 

Especial

Les voy a contar una tontería de mi infancia. Yo creí firmemente durante muchos años que era especial. Creí en el destino. Creí en una fuerza más grande que yo que sabía de antemano lo que pasaría, lo que yo haría. Creí que los Powers That Be tenían algo grande reservado para mí. En serio lo creí. No me pregunten por qué. Quizá porque de chico mis papás, consciente o inconscientemente, me hicieron sentir que yo era más inteligente que la mayoría. O porque mis padrinos me decían que yo no era un niño, que hablar conmigo era como hablar con un viejo. O de repente por las N veces que escuché «tenías 23 días de nacido y te tuvimos que operar porque no digerías», «tenías tres años y te tuvimos que llevar a Brasil para que te operen del corazón» (fun fact: este es mi primer recuerdo de estar vivo), «tenías 7 años y te tuvimos que internar porque el asma te fulminaba», «tenías 9 años y pensamos que una ola gigante en Santa María te iba a matar» (fun fact 2: era tan flaco que la ola me cargó en su cresta sin mayor problema hasta la orilla). Las innumerables ocasiones en las que pude haber muerto de chico y no morí —incluyendo un choque tontísimo en carretera donde terminé perfectamente a salvo debajo de un asiento—, ratificaban año tras año mi ingenua creencia de estar aquí para algo en especial. ¡Como si eso no le hubiera podido pasar a cualquiera!

Los primeros diez años de mi vida fueron más o menos así. Pensé que tenía una misión. No sabía cuál, pero tenía la certeza de que algún día la descubriría y sería gigante. Lo más curioso es que, ahora que hago memoria, me doy cuenta de que no solo pensaba que era especial sino que aparentemente también pensaba que, para ejercer/no perder ese privilegio, tenía que hacer todo perfecto. Por ejemplo, recuerdo hacer CON REGLA esos ejercicios de dibujar palitos. Planas y planas de rayitas muy derechitas que no me sirvieron de ni mierda porque nunca aprendí a coger bien el lápiz, que era el punto del ejercicio. Lol. Me acuerdo que mi mamá me decía que lo haga solo con la mano y yo me molestaba horrible. «¡Tienen que estar derechas, mamá!» (oh, the irony!)Me parece increíble que por tratar de hacer mi tarea a la perfección haya perdido por completo el punto de la lección. Qué tal huevón, jaja.

But, anyhoo, finalmente crecí y mi concepto de «especial» mutó dramáticamente. Ya nada tenía que ver con ser «elegido» para algo, sino más bien con naturaleza y capacidad. Que mi ever-elusive world-changing mission de la infancia jamás se manifestara no fue tan terrible. Aprendí lecciones importantes en el camino.

 

1. La perfección realmente es enemiga de lo bueno.

La obsesión por hacer todo bien, a fin de cuentas, no te deja hacer nada. Está bien tener estándares, pero ponerse la barra muy alto es sinónimo de rendirse antes de empezar por temor a fracasar… o volverse loca y que te salgan plumas.

 

Aunque, bueno, hacer mis palitos con regla sí me hizo un poco especial. «The other sister» special…
¡A mis casi 30 años, TODO EL MUNDO me mira como si me faltara un cromosoma por cómo agarro el lapicero!

I’m over it, tho. Stare all you want.

 

2. Hacer (relativamente) bien algo que te gusta siempre es bueno, even if it doesn’t rock the entire world. 

 

Una vez, cuando éramos chicos y yo llevaba Composición en el colegio (o sea, hace como 400 años), encontré a mi hermana leyendo mis cuadernos. Si bien me gustaba esa clase, no se me ocurrió que mis tareas fueran más que eso, algo que tenía que hacer. Tampoco se me cruzó por la cabeza que alguien se daría el trabajo de leerlas. Cuando la vi leyendo mi cuaderno forrado de papel lustre amarillo, entendí todo. No era solo algo que tenía que hacer sino algo que disfrutaba hacer y que, además, otros podrían disfrutar leer (no me acuerdo si me dijo qué le pareció, pero que entrara a mi cuarto y sacara mi cuaderno del estante es un buen review, imo).

So mission or no mission, turns out I AM a little special ‘cause I’m sort of good at this. Desde entonces he escrito en periódicos (bueno, uno), revistas (bueno, una) y este pequeño blog, que la crítica especializada ha llamado «¿Qué…? No lo conozco» y «¿El blog de quién?». A triumph!

 

3. Buffy Summers is my spirit animal.

A tale about the chosen one? I’m ALL over that shit!

 

Also, Teen Wolf.

For more reasons than one, obvs.

 

Bueno, suficiente divagación por una noche.
May you all have a very special day, dear readers!

#kthxbai!

LOVE? [huh… unexpected #JLoPromo]

Los treinta están a la vuelta de la esquina, acechándome, amenazando con ponerle fin a la década prodigiosa en la que, mal que bien, uno todavía puede salirse con la suya siendo algo inmaduro e irresponsable. A los treinta, es poco probable que me funcione el «boys will be boys«, aunque yo me sienta igual. Porque I don’t know about you, but I’m feeling 22! Pero siento que se espera más de mí and quite frankly es demasiado. To be an actual adult. Ugh. Paso, gracias.

But I digress… el punto es que los 30 me han hecho pensar (yet again), pero esta vez sobre las grandes, pequeñas, terribles o emocionantes relaciones que he tenido a lo largo de mi vida and how inclined I am to settle down. De momento no demasiado. Pero no necesariamente porque no lo quiera sino porque no se ha dado. No como yo lo quiero. No digo que tenga que ser perfecto, pero it has to feel right, right?

And so I wonder, qué onda, qué quiero. I think it’s pretty simple. En líneas generales…

Am I right or am I right, ladies?

Pero eso solo pasa en ficciones donde chibolos se casan después de conocerse tres días y terminan roleando con un cura y muertos al final. So I think I’ll pass on that. Creo que resultará más productivo aprender de mi priopia historia. Nos saltaremos los early years porque obviously. Así que fast-forward al periodo 2002-2004 que básicamente puede resumirse así:

Lección 1: No. Al. Closet.
(He wishes he was as hot as Slater, tho. Y pensándolo bien, ¡yo también!).

So that ended. De una forma particularmente terrible, además. Tenía 19 años. ¿Qué hacer?

Pero en el fondo seguía algo adolorido, así que hice lo que cualquier persona sensata hubiera hecho.

But I failed. Miserably.

Casi sin excepción terminé colgándome de todos y esperando más de lo que podía ser. Muchas amistades se fueron por el drenaje. Fue una época bastante desagradable and I was pretty pissed.

That actually went on for quite a while, hasta que dejé de buscar y empecé a divertirme más. Bastante más.
Lección 2: «Some love stories aren’t epic novels, some are short stories» (serving Carrie realness over here) y a veces está bien solo relajarse y divertirse.

Then there was a lot of this (#NSFW).

Hasta que llegó. La primera vez en mucho tiempo donde todo encajaba.

Ya saben cómo es. It’s all rainbows and butterflies six months in, right?

And it really was, tho.

Until it wasn’t… y no había forma en la tierra de estar preparado para esa conversación.

Y como vino, se fue.

Estuve algo entumecido por un buen rato. Encontrármelo y tratar de ser civilizado era lo peor.

Pero con el tiempo… lección 3: es cierto lo que dicen. If you love someone, you let them go.

(To this day I really, really do… y nadie se lo merece más).

En el camino a la recuperación hubieron algunos episodios bizarros de amistades que se confundieron.

Y que me confundieron a mí solo para terminar cambiando de opinión. LOL, right?

Lección 4: when you know, you know. Que nadie te confunda si sabes que no va.

So I went back to casual dating, pero con el beneficio de la edad, que te da la suficiente seguridad para que te chupe todo un huevo y seas a lot more aggressive about it.

But after a while, it gets kinda old, right?
Particularly when you encounter some extraordinary assholes along the way.

Y empiezas a preguntarte por qué ninguna de estas situaciones despega en lo absoluto.

Could it be? ¿Seré yo el problema?

Y en el momento en el que contemplas tu vida con 16 gatos, ugh, it starts all over again. Alguien nuevo.

Te vas acercando… quieres saber más, descubrir más, todo es tan nuevo. Te dan pie, sigues adelante.

No sabes si hay futuro, no importa, conocerse está bien. Todo parece indicar que la cosa podría caminar.

But nope. Not happening.

Tipo…

Lección 5: silly rabbit… games, like Trix, are for kids.

Ya estamos en otra cosa. No podemos seguir con «no lo puedes llamar inmediatamente después, no le digas que te gusta, hazte el ocupado, etc». Bitches, I’m exhausted. No quiero seguir jugando.

Prefiero ser upfront about shit. Si te parece, bien; sino, también. Prefiero no perder mucho tiempo y pasar a lo que sigue.
No harm, no foul.

 

Bueno, debo decir que cuando empecé esto no tenía ni idea de lo que había aprendido o lo que quería decir, así que me siento bastante aliviado de encontrar al menos cinco lecciones en todo el asunto. No todo ha sido en vano, jajaja. Además, escúchenme, es un triunfo personal notar la paz interior y cariño que hoy siento por el único ex en mi vida que ha valido un sol. Algo de madurez tenía.

Sin embargo, quite sadly, solo puedo concluir dos cosas de esta revisión:

1. Esto, básicamente.

2. I won’t go down quietly.

Drinks > gaybies

So, una súper amiga mía tuvo un pregnancy scare esta semanaTengo la impresión de que lo tomamos con más calma de la que ambos hubiéramos podido anticipar. Ciertamente fue una discusión más level-headed que la última vez que hablamos del tema, way, way long ago, cuando no había un embarazo de por medio, solo hipótesis y precedentes. La racionalidad y serenidad con la que repasamos las opciones fue verdaderamente sorprendente. I could be wrong, tho, todo esto fue por whatsapp. She could’ve been freaking the fuck out y yo no me habría enterado. Pero no me dio esa impresión. Yo ciertamente estaba muy tranquilo. Obviamente not my baby, not my problem, right? Pero no me sentía no-responsable. Tampoco me pareció un problema. Ya no somos chibolos. No estaría fuera del reino de lo posible tener (y mantener) un hijo ahora. It would suck, sure; no estamos enteramente listos para dejar de ser egoístas, you bet; pero no es impensable como lo era hace diez años, cuando tuvimos esa conversación. Esta vez, no tenía que terminar inevitablemente en pro-choice territory. This time, it could actually happen.

Mi amiga ha estado bastante… digamos, ocupada últimamente (let’s keep it classy). Así que no estaba enteramente seguro de quién podría ser el padre. Tenía una idea y esperaba que fuera él porque es churro and he’d surely produce beautiful babies. Le pregunté si sería suyo y me dijo que sí, que no se había hecho a nadie más (que calzara con la fecha… I’m not covering for you, you big ho!). La verdad el chico me daba buena espina como padre, if not como novio. Pensé que no sería un douchebag que la llevaría a la clínica más cercana ni un idiota que le pediría matrimonio. He stroke me (not literally, I wish!) as the kind of guy who’d step up. Además tenía cara de llevarse bien con los niños. Again, could be wrong, I don’t even know him. No sé, por un segundo me emocioné. And let’s keep it real, si esta huevona no se embaraza por accidente, jamás será madre.

Anyway, repasamos las opciones con tranquilidad. Históricamente, la reacción de mi amiga ante la maternidad siempre ha sido un sólido «um, pass«, así que empezamos por el escenario con la menor cantidad de bebé posible. There’s obviously plan A, which is pretty self-explanatory. Plan B, aka dárselo al padre, olvidarse del asunto y que la fuerza lo acompañe (can you even do that? Like, legally?). El plan C, to actually keep it (para lo cual le aseguré que el chico tenía cero cara de ser un deadbeat father); y el siempre popular plan G: give it to the gays! O sea, a mí. De hecho fue medio en broma y cagándonos de risa, but for a second there, fue una alternativa real. Después de todo, somos tal para cual. Si yo no quedo embarazado por accidente, tampoco seré padre… y las probabilidades de que mi anticonceptivo falle son literalmente nulas. Condoms may fail, but biology is motherfucking shockproof! Lo más gracioso de todo es que yo me ofrecí. Con la condición de que el bebé fuera lindo, obvio. It was really for funsies, no se me ocurrió que podría suceder.

Al día siguiente me escribió a Facebook y me dijo que aún no había heavy flow para su wide-set vagina, así que se haría la prueba. Le deseé suerte y no volví a escuchar de ella en todo el día. Ya en casa, tarde, le pregunté qué fue. Estaba seguro de que si no me había enterado de nada hasta ese momento era porque a) no la había hecho, o b) la hizo y salió positiva. O sea, si se la hubiera hecho y hubiese salido negativa, me lo habría dicho al segundo. Me habría enterado before the pee had even dried and that had not been the case. No hubo respuesta y me fui a dormir. A la mañana siguiente tenía un mensaje esperando en whatsapp. Negativo. And there went my unborn gayby.

Evidentemente, estoy consciente de que era una pésima idea. Nobody has a baby as a favor. Pero igual fue divertido pensar que lo haríamos. It’s all for the best, ninguno estaba listo para la paternidad. Además, call me old-fashioned, pero primero viene el marido y luego el bebé, jajaja. No querría ser padre soltero de ninguna manera. I ain’t going through that shit alone! Y así como van las cosas, ese día aún está lejos. Además, turns out I already had a few babies last year. Man-children, anyway. Y esas experiencias me han dejado como lección que no estoy para juegos de niños. I say what I mean, do as I feel and don’t play fucking games. Cuando aparezca alguien del mismo perfil y hayan pasado muchos, muchos años, podremos pensar en el futuro y en adoptar los hijos que mis amigas no quieran (y cantarles My Baby, aka Tiny Hands, obvio). Pero por ahora, no gracias. Así que, amigas, cuídense, puta madre. ‘Cause I’ve only just begun (having my fun).

 

Pep talk to myself

Esto es realmente para mí (and all extraordinary machines).
Pero si quieren, pueden leerlo.





Todo parecía indicar que 2013 terminaría en desastre. Los últimos meses del año palidecieron en comparación al primer semestre, que fue francamente espectacular. Tenía claro que poco o nada superaría un reencuentro con viejos amigos al otro lado del charco, pero no pensé que a mi regreso las cosas se irían deteriorando tan terriblemente tan rápido. Europa me hizo demasiado feliz. Estar físicamente presente cuando mi mejor amiga, Jo, recibió su primer baby ultrasound; juerguear con Ani y Bebé en Barcelona; babear por la hermosura de París con citizen-of-the-world, Stijn; vivir cinco días de música con amigos en Crans-Montana; reírme con Tori (Amos, sí) en los alpes suizos. Tipo, ¿qué? La vida no podía ser tan fantástica. It surely couldn’t last.

Los siguientes meses fueron extraños. Había una especie de afterglow que me protegía de la monotonía de las cosas. Sin embargo rápidamente me fui decepcionando de mi rutina. Las cosas estaban «bien». En el trabajo, con los amigos, incluso con la familia. Just fine. Pero eso me inquitaba más. No estaba cómodo con el curso de las cosas, el piloto automático. Reconectarme con un old flame y planear otro viaje fue mi manera de «dinamizar» mi vida, pero no funcionó. No abordé (y en cierta forma aún no lo hago) ninguno de los «grandes problemas», solo escapé. Busqué soluciones fuera de mí mismo, which is always an embarrassing mistake. Osheaga fue mi wake-up call. Me recordó que debía hacer las cosas por mí y no por alguien más. Nadie me iba a hacer más feliz que yo mismo. My old flame certainly lived by this and, for him, I didn’t live up to the hype. I was let go. Luego de eso, el año se fue un poco a la mierda.

Una serie de errores plagaron los últimos meses de mi 2013. Hice cosas de las que no me arrepiento, pero que quizá hubiera sido mejor evitar. Una suerte de segunda adolescencia, que se sintió tan absurda como suena. A seemingly never-ending dancing drunken haze. En algún momento cumplí 29 y básicamente lo ignoré. Estaba contento nuevamente, but then again, I was drunk most of the time. Cuando no tenía un trago en la mano, no era tan feliz. On a particularly low night, escribí un post sobre mi insatisfacción (mayormente laboral), que de hecho acabo de releer, pero nunca vio la luz. Por un segundo consideré publicarlo hoy, pero ya lo pasado, pasado. El destino intervino sabiamente e impidió que lo publique, so I shall leave it well alone. Además, no mucho después de esa terrible noche las cosas mejoraron. Nació mi sobrino, renovando automáticamente mi relación con mi hermana. Llegó la época de fiestas, donde todos nos queremos más y trabajamos bastante menos. Pude ver más a mis amigos. De hecho, me divertí mucho el día previo a la nochebuena con una incursión random a Miraflores y al underbelly de Lince. I’m not even kidding. Año nuevo fue relajadísimo, una celebración brutal el 30, una más sosegada el 31 (porque estaba resaqueadísimo del 30) y un delicioso día de tragos y parrilla el 1 de enero. De pronto el 2013 me dejaba un buen sabor de boca, a chilcano de maracuyá.

Aún me siento un poco on beach mode. Los días de playa tienen un poder particular. El mar renueva, no lo sé. Incluso sentado en la oficina, I feel as if I’m not here. Avanzo mis pendientes a paso ligero, sin mucha presión. El ojo de la tormenta, supongo. It’s kinda nice. Sé que la próxima semana el huracán me azotará de nuevo y no tendré tiempo ni para pensar, but for the time being, I’m enjoying it. Sé que el 3 de enero de 2014 no dista mucho (nada, in fact) de un día X de diciembre de 2013 y nada ha cambiado realmente; pero estos primeros días siempre se sienten distinto. Como si hubieran muchas más posibilidades de las que habían hace seis días, como se siente la mañana después de la peor noche. I can do this. I can turn shit around.


Girl interrupted

Como ya es costumbre, este post empezó siendo sobre una cosa y terminó concentrándose en otra. Últimamente, cada vez que quiero escribir algo, la historia se me escabulle. Se pasea por los corredores de mi mente, abre puertas, se encuentra con gente, conversa. Al final, reaparece del otro lado del pasillo, cambiada. No tiene tantos bolsillos para cargar sus pormenores y las reflexiones que me despertó, así que sacrifica algunas cosas en favor de otras. Así, con menos detalle, llega este post sobre una chica de dieciséis años que conocí en un bar de Barranco. Estaba escoltada por otra, algunos años mayor, y compartía con ella un par de Coronas y una familiaridad que lucía ligeramente diferente. Una hermandad que no podía describir. Cuando nos dijeron sus nombres, les preguntamos cómo conocían a la cumpleañera. «Somos amigas de rehab«, sonrieron.

Así, sin aspavientos, sin miedo a ser juzgadas, con sonrisas francas y resignadas que me decían cuán condenadas habían sido ya y cuán poco les importaba eso ahora. La conversación continuó con naturalidad y nos alejamos del tema. Nadie parecía querer profundizar mucho más. Not in public, anyway. Excepto yo. Me sentí inmediatamente atraído a su historia y, cuando salieron a fumar con mi amiga Natalíe, salí con ellas. Odio el olor a cigarro, pero no hay nada que no haré por escuchar una buena historia.

Hablamos un poco de todo. De las razones por las cuales habían ido a rehabilitación, de si fueron voluntariamente o llevadas por sus papás, de sus terapeutas que eran amigos y trabajaban en conjunto, etcétera. No entraré en detalles porque no es my story to tell, pero sí puedo decirles que me fue mucho más sencillo hablar honesta y cómodamente con ellas cuando les dije con la misma apertura que yo también había tenido un desorden alimenticio cuando tenía catorce y con el que, hasta cierto punto, aún tengo que lidiar hoy. Ambas parecieron muy contentas de escuchar mi revelación, de estar en igualdad de condiciones, de encontrar una parte de sí mismas bajo mi superficie. De hecho, nunca he tenido problema en admitir mis body issues adolescentes y jamás he recibido una sola palabra negativa al respecto, pero nadie me había mirado así, con tal conocimiento de causa, tanto mayor que el míoIt was a first and it was absolutely endearing.

La conversación se vio interrumpida por la enfermera de una de ellas, la menor, que llamó por teléfono exigiéndole que regrese a casa. «Ay, es que me escapé de mi casa para venir acá», sonrió, como si nada. En ese momento, y quizá porque estoy más cerca a la edad de sus papás que de ella, me pregunté qué pensarían ellos. Cómo probablemente creían que se les acabaron las opciones, que solo les quedaba amarrarla a la cama para protegerla del mundo y de sí misma y cuán equivocados estaban. ¿Pero qué haría si fuera mi hija? How scary it must be for parents to helplessly watch their children unwittingly surrender to invisible forces that tear them apart. No sé lo que haría en su lugar, pero algo sé muy bien: la restricción por miedo engendra rebeldía sin causa. Si, por miedo a lo que pueda pasar, la encierran, ella solo querrá salir for the hell of it. Ese será su nuevo fin, breaking free, y la distraerá del que debería ser su objetivo: entender qué pasa en su cabeza.

Pero qué tendrá esta chiquita en la cabeza, me pregunto. En un momento, por no hacerla sentir incómoda ante una confesión muy personal sobre por qué terminó en rehab, le dije «bueno, shit happens» y no indagué más. «Exacto», me dijo. «Shit happens«. ¿Y saben qué? Shit really does happen. Or it doesn’t but feels like it does. Eso me ha pasado a mí también, en cierto modo. No podría juzgarla, la entiendo perfectamente. Pero, con el tiempo, uno aprende a no ser eterna víctima de las circunstancias y ser responsable de sí mismo. Esta niña menor de edad, recién salida de rehab, tomando en un bar, estaba tantos años tan lejos de aprender esa lección que me aterraba pensar que quizá se pierda en el camino antes de hacerlo. Me sentí ligeramente responsable. Quería hablarle más, decirle algo que le sirva, pero llegó su taxi y se fue. A casa, espero.

En el camino de regreso a mi casa, solo podía pensar en cuán diferentes se veían del resto de chicas en la reunión, incluso desde antes de identificarse como «amigas de rehab«. Tenían algo, una vivacidad que el resto no. Era como si todos estuviésemos en blanco y negro y ellas, a color. They outshined everyone in a way that was interesting to watch, beautiful even, but not quite right. «Me sentí en un capítulo de esas series de MTV», me dijo Majo, y de hecho fue un poco así. Era una de esas situaciones que ninguno de nosotros, o al menos yo no, había vivido en carne propia cuando fuimos teens.

De chico yo no hice mucho más que encerrarme a escuchar música, escribir en mis cuadernos y sentirme muy mal por muchas cosas. Tenía amigos, but not really. Salía poco. Nunca fui el chibolo drogadicto o el que se emborrachaba on a daily basis (eso lo hago ahora, con cierta responsabilidad). Tampoco intenté suicidarme; incluso si lo pensé, soy muy terco para rendirme. Creo que en ese sentido nunca fui demasiado problemático para mis papás. I was quiet, I wasn’t really there. Me imagino que solo les preocupaba cuánto me había encerrado en mí mismo (o sea, cuando se dieron cuenta). Lamentablemente para ellos, yo resolví mis issues solo. Eso me hizo salvajemente independiente y ya no sentía gran necesidad de incluir a mucha gente en mis decisiones, mis problemas o mi vida. I guess they would’ve wanted in, but that didn’t feel natural to me anymore.

Cuando veía series de chibolos en la tele, que salían y juergueaban y les pasaba de todo, me preguntaba por qué mi adolescencia no era así, tan dramática, tan llena de amigos, amores y actividades, tan larger than life. Hasta que escuché que la idea detrás del video de 1979 de Smashing Pumpkins era «recrear la adolescencia que Billy Corgan jamás vivió». Ahí entendí que, efectivamente, la vida de la mayoría no era así. No todo podía ser épico todo el tiempo, no tenía por qué. A veces la vida solo era normal y ya. La verdad, no me hubiera gustado ser un chico de dieciséis años que pasó por rehab e inspiró el blog de un desconocido. Hoy encuentro cierto confort en mi adolescencia tela. Además anoche me botaron de una piscina vacía por casi, casi lanzar con amigos cuando llegó la dueña de casa. ¡Así que supongo que nunca es tarde para hacer cojudeces!
PS: sorry about that.

 

Les Amours Imaginaires

«I’m thirteen again, am I thirteen for good?»
Alanis Morissette, So unsexy.

 

 

Supuestamente es imposible pararse dos veces en el mismo río, pero a veces me pregunto si esa ley me rehuye. Han pasado más de diez años y siento que me encuentro en una situación jodídamente similar, sino la misma. Like, really? REALLY? Me preocupa envejecer sin crecer, porque eso sencillamente no vale la pena. Si se me va a pudrir el colágeno, espero que la glicación me traiga un mínimo de sabiduría. ¿Es que no he aprendido nada? No es posible que siga metiendo la rueda en el mismo bache. Qué onda, en serio. Y si no estoy tropezando con la misma piedra, estoy inaugurando nuevos agujeros con el mismo pie. Y casi siempre tengo un segundo de lucidez donde me digo «ok, detente» y siento la disposición y entereza para alejarme, pero así como viene se va. De repente estoy otra vez donde empecé y no puedo detenerme.

No siempre he sabido distinguir las verdaderas intenciones de quienes expresan algo por mí, sea lo que sea. Entiendo que algunos han querido quererme, otros han querido ser mis amigos, el resto ha querido comerme y seguir su camino. En más de una ocasión, me equivoqué en mi apreciación de la situación, no supe evaluarla, entenderla o enfrentarla. Probablemente porque las confrontaciones terminarían aclarando un panorama que me sería adverso — o eso temía. En lugar de todo aquello, me dediqué a buscarle sentido unilateralmente, teniendo conversaciones completas y emotivas con gente que no estaba ahí.

Tipo, no gente muerta or anything. Tampoco imaginaria. Gente real. Solo que no está físicamente conmigo, respondiendo. Aún me pasa. Casi a diario, ahora que lo pienso. Así reviso las cosas en mi mente. Ensayo. Ensayo lo que voy a decir, calculo cuándo decirlo, exploro todas las reacciones y posibles giros. Es una conducta extraña, sí, pero solo ataca cuando tengo algo que decir y no sé cómo decirlo. Que esto me suceda más de la cuenta últimamente es coyuntural (creo). Pero nunca me pasa más frecuentemente que cuando alguien (pre)ocupa mi mente. Cuando termino con un ex, muero en silencio por un equis o algún one night stand asume cosas que no son, se vuelve pan de cada día. Todas las cosas que siempre quise decir y no pude se desarrollan en imparables unipersonales en el teatro de mi habitación. Aunque últimamente mis monólogos se han vuelto portátiles. El autoplay empieza a correr cuando camino (y ahora camino mucho).

En mis 29 años de vida me he encontrado con todo tipo de amores. Incondicionales, románticos, estúpidos against-all-better-judgement, amicales and those which rest somewhere in between. He sentido algunos, otros no me han tocado en realidad. Están los que brillan fuerte y se queman rápido, los que se transforman con los años en algo duradero pero diferente, los que he idealizado y no han llegado a mí o no he sabido reconocer o aceptar por lo que son (for those I’m truly sorry). Mis expectativas pueden haber estado siempre all over the place, pero creo que siempre he sido sincero. Sé que los años no han pasado en vano y me alivia. If anything, al menos ahora soy más comprensivo. Puedo no pensar en mí mismo y ponerme en los zapatos del otro. Antes eso hubiera sido impensable. Si me lastiman, qué deberían importarme sus razones, right? Wrong. A veces hay razones para todo y uno simplemente se cruza en el momento equivocado.

There is something, however, that needs to be said y tiene un poco que ver con el tema y a la vez no, porque ya ha pasado algún tiempo y fue insignificante. Fue whatever it needed to be at the time and meant nothing, but I am NOT nothing. Me debes la cortesía de decirme ciertas cosas a la cara y no dejar que me entere por terceros y pretender que no existo. Hubiera sido más que comprensivo, but I guess you don’t know me all that well. Hubiéramos podido seguir siendo conocidos y todo súper bien, pero asumiste de más y te portaste como el peor cobarde, y solo por eso (y no por ninguna otra razón) ya no puedo decir que me caigas muy bien. It might’ve meant nothing, but I am NOT no one. You don’t get to ignore me or erase me. Me debes más que eso, por educación. Man the fuck up. En fin, de verdad espero que estés muy bien, pero solo porque me da igual y suena mejor.

Dicho esto, volvamos al presente. Ahora caminaba a casa, as I so often do, pensando en el placer que me produce esta situación, the longing and the yearning for something I don’t even know to be true or right. Porque algo de placentero debe tener, ¿no? Pues bien, mi lado racional decidió que no lo tiene. Que el balance final siempre me deja en negativo. Que nada ha sido comprobado y todo es una proyección de lo que yo quiero que sea. That it’s better to be actually alone than mendaciously involved. Sin embargo, muy a mi pesar, todo este know-how no me detiene. Mi lado irracional se inventa y se divierte y no me deja en paz. Dudo que lleguemos a un acuerdo any time soon. Reconozco las situaciones. Las veo venir. Puedo escuchar el «uh-oh» de mi propia voz en mi cabeza y aún así caigo redondito cada vez. It’s almost funny. Almost.

 

Here’s to never growing up

«Es como si fuera domingo», le dije a Mateo, curiosamente, un domingo. Así me sentía con respecto a mi cumpleaños número 29, el cual acaba de terminar hace unas horas. «El día antes va a ser como un domingo y todo el resto del año será como un domingo. No lo podré disfrutar porque sé que se viene mi lunes». El tan odiado lunes que, en esta situación en particular, representa mis treinta, hoy no me parece tan tétrico. I’m kind of looking forward to it.

Esta noche, sentado a la mesa con mis amigos, me sentí con suerte. Había recibido mi cumpleaños trabajando, sí, pero con gente que hace mi trabajo divertido, gente muy pilas, gente admirable. Me sorprendieron con una torta, me cantaron y luego volvimos a trabajar. Yo hasta las dos, algunos mucho más tarde. Pero, bueno, he llegado lejos en el trabajo. Me ha costado, nadie me ha regalado nada, pero ahí estoy. Nada mal, actually. Aunque casualmente me enteré que I could clearly do better, pero bueno… espero la solución a ese problema within the next couple of months (cough, cough). El punto es que, como quien no quiere, me hice una carrera y un nombre y todo bien con eso. Ya no es «el comienzo» de nada, I’m well in it. No es el tope del éxito, pero ya tengo varias cimas conquistadas. No me di cuenta, la verdad. Adulthood kinda creeps up on you like that.

Y mis amigos. Ay, mis amigos. Aunque siempre sería lindo ver a más y más gente (y pensé en muchísima gente hoy), siento que la muestra de esta noche fue perfecta. Amistades que han pasado la prueba del tiempo (I’m lookin’ at you, hoe! Godney knows we’ve been tested!); otras que con cada año me comprueban que some things are just meant to be (#Madrí & friends, obvio); otras que son tan cómodas y honestas que me alegran la vida de formas que no puedo describir (Cuquis y único Daniel, porque no hay otro para mí); y las más nuevas, que están llenas de sorpresas, que me dejan contarme de nuevo y a la vez son un libro sin leer (hi, kid). No sé, me sentí con suerte. Las celebraciones son bien monses si no hay gente con que celebrar. No soy particularmente extrovertido o easy going. Pero mis afectos run deep cuando te los ganas (y no son muy difíciles de ganar, mis paredes se caen solas si las empujas un poquito).

Ya llegué hasta acá y, por primera vez, siento que he hecho un montón de cosas, lo que me dio  la pinche gana, y si bien no ha sido perfecto, de hecho ha sido bueno, ha sido divertido, and I don’t feel like stopping at all. Los treinta. It’s a new chapter, pero todo bien con eso. Este año que viene puedo cerrar mis veintes y sentirme (relativamente) satisfecho con toda la mierda que he hecho, todo lo que he aprendido, por las buenas y las malas. No sé, me siento con suerte. Y en doce horas tengo una presentación súper importante so I’m gonna need it. Y luego me quiero embriagar horrible, so I hope you’ll join me ‘cause I may be growing older but I’m. Never. Growing. Up.

 

Carta abierta a los clósets

Querido clóset,

Acabo de ver una película llamada «Gayby». In case you’re wondering, it stands for «gay baby», as in el bebé de una pareja gay (o en este caso de una mujer horrible y su mejor amigo gay). Es como El Objeto De Mi Afecto pero más real, I guess. No estuvo mal, hubieron un par de escenas que me hicieron reír. Las busqué en YouTube, pero no encontré, so you’ll just have to take my word for it. El punto es que vi esta película sobre gays y hags y bebés y monogamia y promiscuidad y familias y divorcios y ex novios y amigos y estereotipos y anti-estereotipos y finales felices y todo me resultó muy normal. Era, básicamente, well… life. Todo lo que pasa en la vida, supongo. Todo dentro de un contexto. Todo bien. Ahora podemos ver este tipo de películas todo el tiempo -bueno, quizá no esta en particular, que es un poco D-lister, pero me entienden-. They’re out there. Tipo, hay chibolos viendo «The Kids Are All Right»Movies are here, they’re queer and now we’re kinda used to it.

No siempre fue así. Cuando era más chico y veía esas series «familiares» o comedias adolescentes, los gays no existían. Fácil no tuve la menor conciencia de ello (o sea, yo sí, pero no en la tele) hasta los 14, cuando salió «No Se Lo Digas A Nadie», que además creo que solo la ponían de madrugada en el 4. Espan. Luego, un par de años más tarde, Jack McPhee llevó a ese douchebag Peter-Gallagher-lookalike a la prom en «Dawson’s Creek». Y creo que ese mismo año se estrenó «Young Americans», donde un Ian Somerhalder súper chibolo interpretaba a un chico sexualmente confundido por su amigo Jake, que en realidad era Jackeline, una chica que se hacía pasar por chico para ir a una mejor escuela o algo así. BOO, btw! Siempre odié que al final fuera straight, pero kudos por agarrarse a Jake en el baño pensando que era hombre. Anyway, el punto es que, de pronto, empezábamos a ver más de esto. Había, hasta cierto punto, teen gay role models, donde antes no los había: prime time tv.

Es una mierda, sobre todo en este país temeroso de dios, crecer siendo gay. Creo que tú y yo lo sabemos bien. Y de alguna manera ver estas cosas en la tele, así como personajes públicos que lo dicen abiertamente y les chupa un huevo, nos ayudan a darnos cuenta que there’s more to being gay que la peluquera que se araña en un talk show con otro travesti (con el respeto que las peluqueras y travestis se merecen). Puedes ser tú mismo, no tienes que calzar en el estereotipo. O puedes calzar exactamente en el estereotipo y aún así tener tu propio estilo. No sé. En mi opinión ayuda, te da valor. De hecho creo que esta mayor aceptación del mainstream media ha hecho que las nuevas generaciones salgan del clóset a los 10 años porque vieron a Kurt chapar con Blaine y les parece lo más natural del mundo. No vivieron el oscurantismo que generaciones pasadas (y la mía en menor medida) atravesaron. Ya ni siquiera se les ocurre que, not so long ago, éramos invisibles. Qué suerte la suya, ¿no?

Por eso entiendo cuando hay gente mayor o de mi generación que sufre para salir del clóset. Lo entiendo, I swear, I feel for you. Pero la verdad, ya estamos 2013 and there’s nowhere left to go but out, bitch. Lo que no entiendo, jamás entenderé y me molesta sobremanera es la gente que miente sobre su orientación sexual. Hay omisión y flat-out lying. Cuando eres el introvertido que se ríe incómodo si le preguntan por qué no tiene novia y sufre en silencio y no sabe qué hacer y cambia el tema y es «reservado» y bla, bla, bla, puedo entenderlo. You’re processing. Quieres salir, pero te cagas de miedo and you don’t know how. Ok, puedo respetarlo. Pero ser un tipo que se la pasa hablando en voz alta (o poniéndolo en redes sociales, which is kind of the same) sobre sus miles de juergas, sus «wow, estoy tan ebrio», sus «qué rica esa flaquita» y similares, tratando de convencer al mundo entero de su heterosexualidad, entonces no lo entiendo y tampoco lo respeto porque, mi amor, eres un imbécil.

Este tipo de actitudes me resultan intolerables. ¿Sabes por qué? Porque yo también en algún momento estuve en el clóset y también me cagaba de miedo, pero salí. Tuve tanto que perder como cualquiera, sin embargo, al final me di cuenta de que no tenía sentido ser algo que no soy y dije «bueno, a la mierda». Primero se lo dije a una amiga, luego a otro y a otra hasta que, de pronto, I was out. Luego a mi mamá, cuando la internaron para operarla, y me puse a llorar de pena porque no me salían las palabras y ella me dijo, literalmente, «¿por qué lloras? Yo ya sé lo que me quieres decir. Una madre siempre sabe» y me sonrió y that was it. El punto es que yo también pasé por el trauma y decidí ser yo mismo, por más que estuviera scared shitless. Jamás traté activamente de convencer a nadie de lo contrario, simplemente me callé la boca for the longest time. Cuando era más chibolo traté de tener novias, pero por mí, para «probar», no para probarle nada a nadie. Ver a alguien de mi edad que aún hace o dice estas cojudeces me hace hervir la sangre. Porque sus acciones me están diciendo que, para ellos, ser gay está mal. Está tan mal que no podrían serlo ni en un millón de años. Aunque tengan decenas de amigos gay y griten «gay is ok!» a todo pulmón, desde su supuesta posición heterosexual, realmente están demostrando que, para ellos, gay is not ok. Me jode. Terriblemente. Se cagan en todas las huevadas por las que uno tiene que pasar by coming out and being out, que no es nada fácil. Esa cobardía disfrazada de bravura me juzga y me ofende, a un nivel personal.

Yo creo en el derecho de cada uno de tomarse su tiempo, que cada quien tiene sus propias velocidades y etcétera, etcétera, etcétera; pero si todos tus amigos ya piensan que eres gay y te aceptan tal cual eres,  no entiendo qué haces aún colgado de la percha. ¿Tu familia no lo va a aceptar? That’s harsh and I’m truly sorry, but fuck them, you’re better off. Para eso tienes amigos que te quieren y quieren verte feliz. Los amigos, por último, son la familia que uno elige, así que al menos tienes eso. Y si estás realmente decidido a quedarte en el clóset, bueno, asúmelo. No quieras tener beneficios adicionales, ‘cause you can’t have your cake and eat it too. No vayas por ahí emborrachándote y aprovechándote de tus amigos gay ebrios, chapándotelos dizque de broma a lo «uy, uy, mira cómo chapamos, qué avezado soy». Gurl, that only applies to actual girls! Eso no te hace open mind ni liberal ni absolutamente nada, cariño. Te hace un poco una cabra frustrada y eso, in this day and age, is no good. Espero que no creas que estoy siendo mala onda, porque realmente deseo que encuentres el camino y seas feliz. Pero en esta película «Gayby» que te mencionaba había una escena de tough love que resultó súper bien, así que la estoy implementando. So, don’t be a drag, just be a queen, ok? Bitches gotta stick together.

xx,

Alguien que quiere que seas más tú mismo.

 

PS: ¿Ves lo que me haces hacer? Citar a Lady fuckin’ Gaga. That shit ain’t right. Voy a terminar esto con un gif de Godney for good measure que grafica lo que espero que hagas pronto.

One day this could be you (I mean, not really, but you know).

Versión 3.0 [almost]

Estas semanas me he visto inusualmente expuesto a chibolos de todo tipo y calibre. Desde adolescentes de 14 años que viven con la cara enterrada en el celular hasta oh-so-dramatic 25-year-olds que no quieren cumplir 26, pasando por silly 20-year-olds que no saben nada de la vida y endlessly entertaining 24-year-olds. ¿Por qué es algo inusitado, si paro con gente menor que yo una buena porción del tiempo? Porque casi nunca reparo en ello (conchudamente me siento su contemporáneo). Sin embargo, en estas semanas, todo ha parecido girar en torno al bendito número. ¿Mi número, you ask? Pues… lo cierto es que voy a cumplir 29 en dos meses, una semana y un día. Escúchenme, veintinueve. VEINTE Y NUEVE. No me siento así en lo absoluto. Tan… adulto. Para nada. PARA NA-DA. Me siento tan chibolo como siempre. Sigo percibiéndome tan inmaduro, tan despreocupado, tan improvisado y tan not-in-control of my emotions as I’ve ever been. Ahora, nunca he tenido 29, así que no sé cómo se siente. Quizá precisamente esa es la forma en que un 29-year-old se debe sentir, pero nos han vendido otro cuento.

Debo admitir que, a veces, sí me siento «grande», pero se me pasa rápido. Usualmente pasa cuando estoy en la chamba, donde no puedo ser exageradamente inmaduro, despreocupado, improvisado o out of control. Por ejemplo, me pasa cuando tengo una reunión como la que tuve hoy, donde tengo que revisar el trabajo de mi equipo y darles direcciones y pedir cambios y corregir y explicar por qué es lo correcto y demás. En esos momentos me siento automática y particularmente más adulto. Me escucho hablar a mí mismo y me sorprende terriblemente la seguridad con la que digo las cosas y la certeza que siento. Tipo, wtf, ¡sé de lo que estoy hablando! (contra todo pronóstico). ¿En qué momento aprendí a hacer estas huevadas?, I wonder. Cuando me pesco en estos momentos me digo a mí mismo «¿quién era esa? ¿era yo?«, como Lulú De Cartón, jaja. Pero es como un sueño. Apenas sabes que estás en él, se te escapa inevitablemente. Vuelvo a ser no-adulto apenas cruzo la puerta. O al menos a sentirme así.

¿Qué carajo implica ser adulto, entonces? ¿Solo eso, lo de la chamba? Me puse a pensar en eso, sin darle mucha vuelta, como quien huevea, y le encontré un par de cosas más que conforman una idea de madurez que nos ha sido vendida toda la vida y que, creo, está mal enfocada. O, para no ser judgmental, que cuando menos no puede aplicarse del todo a mí. Un factor biológico que no lo es tanto. Mejor dicho, una construcción cultural basada en un hecho natural. I’m rambling, but bear with me, I may be onto something.

¿Han escuchado eso de que las mujeres maduran más rápido que los hombres? Es una verdad absoluta hoy en día, se da por sentado. Olvidemos eso y preguntémonos en base a qué criterios podría juzgarse que una mujer es más madura que un hombre a cierta edad. Seguramente empezó como algo anatómico, obvio. Tipo, la chibola, full hormonas, ya está lista para salir en bola antes de que su contemporáneo del sexo opuesto produzca esperma. Pero, so what? Eso no significa nada. La carga cultural terminó de perfilar esa noción y no sé cómo me siento al respecto. Me parece que, culturalmente, la madurez se determina por cuán cómodo está uno con la idea de reproducirse, de settle down. Si es así, es medio injusto. La chibola está programada para casarse desde la cuna y a los doce años ya está pensando en que quiero enamorarme y qué lindos son los chicos y mi vestido será corte princesa y mis hijos se llamarán Naru y Franu y vamos a vivir en La Molina y voy a llevar a mis nietos a Disney. Meanwhile, el chibolo solo quiere jugar Play. En mi caso, no me afana el Play, pero igual quiero seguir jugando, en general. ¿Por qué eso me haría inmaduro para mi edad? Además, mi madurez no puede medirse por mi disposición a casarme y formar una familia, ¡porque para empezar, la ley no me deja!

De cierta forma, me desarrollé pensando que eso no se daría para mí, que sería chévere pero no era seguro, y me convencí de que tampoco era taaaaan importante. No sé. A eso sumémosle esta pésima costumbre peruana de ir de la casa paterna a la casa de la familia propia sin pasar por un estado intermedio de independencia, de juventud. Cuando dejé la casa de mis papás ya era un anciano comparado con el promedio de edades de otros países, donde gente diez años menor que yo se va a «vivir sola», así sea a un dorm. Tipo, qué pena mi tema que teniendo 27 nunca hubiera hecho nada por mí mismo. Mis papás y mi empleada se encargaban de TODO. Esas son las cosas que te forman, otherwise, you’d be this (frase con la que me MEGA identifico, btw!). De hecho tengo la impresión de ya haber hablado de esto (oh, yes, I did!).

Entonces, no sé, conforme pasan los años me siento más y más raro al respecto, como desconectado de mi cuerpo, como que crezco por partes. Mi profesionalismo está en sus late 20’s; pero mi sentido del humor recién saca DNI; mi autoestima tiene 16; mi sex drive, 15 y mis rodillas, 75 (los dos últimos puntos no están relacionados, I swear). Sé que tengo X años y sé que me comporto con frecuencia como alguien de X años; pero cuando me voy a dormir, cuando me levanto, cuando me río, cuando juergueo, cuando hablo huevadas con mis amigos, no me siento de X años. Tampoco me siento un adolescente. Me siento a la mitad. Me siento ageless. ¿Entonces qué carajo soy? ¿Qué es un 29-year-old? Pensé que si empezaba a ponerlo por escrito lo descubriría… guess not! Sorry por arrastrarlos hasta acá y dejarlos sin conclusión alguna, pero pueden contarme ustedes qué sienten y vamos sacando ideas, jaja.

Algo que sí les puedo asegurar es que cuando me despierto, cada vez con más frecuencia, me miro la frente y siento esto: