One day goodbye will be farewell :c

«CDs and T-shirts, promos and God knows… you know I couldn’t last.
Someone, please take me home.» – Morrissey.







Ayer, mientras esperábamos que Julieta Venegas salga al escenario para dar un increíble concierto, le contaba a Dani que había ido con una amiga a buscar a Morrissey y pretendíamos hacerlo nuevamente el domingo, o sea, hoy. Daniel me dijo con cariñoso sarcasmo que fuera al cine. Such shade. La verdad, para mí no tiene nada de excepcional ir a buscar a alguien que quiero ver. I’ve done it before. Creo que todos lo saben. Pero en esta ocasión, tengo mis razones.

Si bien estoy relajado con el tema porque ya lo conocí el año pasado y colgué la foto de cuando me autografió el Greatest Hits como la más pesada, esta vez quiero verlo solo por verlo. No quiero pedirle nada (aunque si puedo actualizar mi foto no me negaré). Solo quiero despedirme porque tengo el oscuro presentimiento de que nunca más lo volveré a ver. Honestamente se me hace demasiado sospechoso que alguien que hace no mucho canceló decenas de fechas en Estados Unidos por terribles problemas de salud regrese a Perú después de solo quince meses de haber tocado aquí para ofrecer no uno, ni dos, sino aparentemente tres conciertos (aunque Conciertos Perú ya haya borrado la nota). Igual, así sean dos, ya es bastante.

Morrissey no es ajeno al drama. De hecho, pocas personas han ordeñado la miseria con tanta belleza, éxito y de manera tan histriónica como este hombre encantador, así que cabe la posibilidad de que cuando le dice a Somos (y a cuanto periodista le pregunta) que posiblemente se esté muriendo, sea solo the boy -with the thorn in his side- who cried wolf. Pero también es cierto que tiene 54 años y, en los últimos cuatro, ha colapsado en el escenario por lo menos una vez; ha sufrido cuatrocientos achaques juntos y ha tenido que cancelar la porción norteamericana de su gira, pese a haber dicho que -sea como sea- iba a cumplir con tal compromiso (en la nota más hermosa que un artista pueda haberle escrito a sus fans, btw). And yet here he is, and has been for over a week! En un país donde solo ha tocado una vez y cuyo show no fue sold out – que yo sepa.

Ahora, si alguno de ustedes estuvo en el concierto de marzo del año pasado, recordará que el rugido de la audiencia le volaba los tímpanos a cualquiera. Morrissey, one song into the show, se rió y nos dijo «let me sing, let ME sing!«. Evidentemente nadie le hizo caso y todos cantamos todo. Todo. Al menos en mi zona. El público estaba vivo, como pocas veces en Lima. Moz se fue feliz. Le pasa lo mismo con Chile, motivo por el cual les ha regalado siete fechas, una de ellas gratuita. Mi teoría es que Sudamérica, por alguna razón, vive atascada en los ochenta in more ways than one. ¿Y quién era un dios en los ochenta? This charming guy. Si estuvieran manteniendo a la Muerte a raya con poco éxito, ¿no querrían volver a un lugar donde fueron felices y venerados? Me queda claro que Moz está dispuesto a morir en el escenario, lo ha dicho, y creo que este bien podría ser el One day goodbye will be farewell tour. ¿Por qué creen que estoy yendo a ambas fechas (e iría a una tercera, si la hubiera)?

Tengo que despedirme de mi amigo. Porque si no lo voy a volver a ver, quiero darle un abrazo y decirle que lo quiero y lo voy a extrañar. Tengo que agradecerle estos años de apoyo incondicional, desconocido por él. Y si, de hecho, se mejora y vuelve a salir de gira y lo veo de nuevo, me alegraré como nadie. Moz ya no tiene intenciones de grabar nueva música, solo de hacer giras, así que no me llegarán cartas nuevas. Solo me queda esperar que esas giras no se acaben pronto, para tener noticias de él. Hoy no tuve suerte y no sé si pueda verlo después. Espero que sí. Espero además que se quede un rato más in this unhappy planet, with all the carnivores and the destructors of it. Por Godney que es así. Sino, qué remedio. Deprimido, compraré mi Ouija y esperaré que deletree S T E V E N, porque no estoy listo para perder su amistad. Más le vale que venga a jalarme las patas and kick the shit out of my board.
So, Ouija Board, would you work for me?

 


Update: As foretold by this blog, Morrissey -cuyo nombre, según él mismo, es «sinónimo de cancelación en muchos diccionarios»- postergó toda la gira latinoamericana por «una intoxicación sufrida en Lima». Evidentemente mis sentimientos al respecto son de preocupación, porque no creo en las respuestas oficiales, y en consecuencia, de empinchamiento porque mi querido amigo decidió decirle al mundo que mi ciudad es la culpable de la cancelación del tour (un tour que los médicos le dijeron que no emprenda y del que muchos -incluído él- sospechábamos que no saldría bien parado). Esta nota se vuelve terriblemente hermosa. Así como sus declaraciones de querer morir sobre un escenario. Le agradezco que haya llegado hasta acá y espero que se recupere y el tour se recomponga, but I can’t help but feel like a This Is It ticket-holder.

Tomorrow, will it really come?

A rant

Yo no creo en los arrepentimientos, sépanlo desde ya. Todo lo que he hecho, para bien o para mal, me han traído al punto en el que estoy y no hay nada que lamente. Mi vida resultó bastante mejor de lo pronosticado. Sí, obvio, he dicho y hecho sendas cojudeces en mi juventud, ¿pero y? Haven’t you? Son cosas que pasan y, sí, a veces recuerdo algunas y me tapo la cara avergonzadísimo diciendo «¡en qué mierda estaba pensando!», pero ya, ya está. Nadie se ha muerto por eso. No me arrepiento de las decisiones que he tomado o las opiniones que he dado (incluso si hoy las he cambiado/madurado). Tampoco lamento las veces que me he peleado, he sido irresponsable, ingenuo o hijo de puta. Podría decir que lamento haber lastimado gente, sí, pero en el fondo… meh. Tampoco es como que lo hice a propósito. Si lo hice fue por ignorante, por chibolo o por huevón. Neither of which I am today. Además, ay, la vida es dura, grow a pair. A mí también me ha caído durísimo en algún momento y sigo vivo. Con suerte todos hemos madurado y aprendido a perdonar y ser perdonados, ¿no? Look at these hot bitches, they did alright.

Dicho esto, hay dos cosas que me generan similar escozor al que el arrepentimiento despierta en la mayoría de personas. Uno, quedar como un idiota. Dos, que me decepcionen. Cuando ambas se combinan, mi incomodidad existencial alcanza magnitudes telúricas. En este momento, me siento así. Intranquilo, molesto y exhausto. No tiene sentido entrar en detalles, este no es el lugar. Pero necesito expresar mi malestar, así que lo haré con toda la vaguedad del caso, to protect the innocent and the not-quite-so. Esto probablemente sea otro rant of hot-headed opinions, de los que muchos me advertirían no tener, pero, como ya dije, I don’t do regrets. Todos podemos aprender una lección de madurez y humildad, aunque sea dura o de la persona menos madura y/o humilde (a.k.a, me).

Cuando algo, a todas luces, no anda bien, promoverlo es tan difícil como inútil. Además, uno queda como el más ingenuo del mundo, por no decir como un pelotudo que sigue tomando el kool-aid against all evidence. Hay un momento en el que, si la situación no mejora, «mantenerse positivo» es hacerse el huevón (o peor, serlo). Me siento peligrosamente cerca de esa línea.  No me gusta. No lo acepto. Rechazo los chivos expiatorios, foul play and petty shit. Démonos una buena y larga mirada a nosotros mismos antes de apuntar el faro de Miraflores sobre las «deficiencias» de alguien más. Asumamos errores y responsabilidades, todos, en lugar de señalar a uno. ‘Cause nobody puts Baby in a corner. I won’t stand for it. Las cosas no están perdidas, pero si seguimos en este plan, bien podrían estarlo.

A small thing can make a big impact. ¿Por qué no empezar por lo primero, lo más básico, lo que «el mundo» da por sentado pero nosotros sabemos que no es así? Stop acting big and start being big, con todo lo que conlleva. No quiero vivir en la casa modelo de los Bluth, no quiero que en cualquier momento se nos caiga el cartón. No sé. Ya no sé cómo hilar mi desencanto con todo el asunto. Las actitudes que he visto me han decepcionado, it all just keeps piling on. Se me muere el amor. Por negligencia, además, which makes it so much worse. Todavía hay cosas que se pueden hacer, pero parece que no queda quién las haga. Esto es todo lo que veo ahorita… and I’m truly disappointed. Truly, truly, truly, oh…

 

You know what really grinds my gears?

Para los que no son seguidores de Family Guy, You know what really grinds my gears era el segmento que Peter Griffin tuvo en algún momento en el noticiero de Quahog. Durante este bloque, cuya cortinilla era la imagen de un par de engranes girando (o sea, gears grinding), Peter se quejaba de todas las cosas que le molestaban sin ningún orden o propósito en particular. So, anyway, estaba sentado en mi computadora, frente al suculento recuadro vacío de mi WordPress (which looks kinda like this), con todas las ganas del mundo de escribir, pero… no se me ocurría de qué. Tenía muchas cosas en la cabeza, no podía decidir sobre cuál quería hablar, todas tenían algún componente que me obligaba a guardármelas, no lo sé. Están pasando muchas cosas, amigos. Demasiadas. I’m a bit overwhelmed. De hecho con esas líneas, empecé a escribir un post y lo borré, porque hubiese terminado hablando de chamba y no quiero ni debo (acuerdos de confidencialidad and whatnot). En ese momento, un tweet del OpusDei Today, también conocido como El Comercio, apareció en mi timeline… «VIDEO: así fue la infartante sesión de fotos de Vanessa Terkes para SoHo». Infartante.

Infartante.

Infartante.

Infartante.

 

Entonces me dije a mí mismo YOU KNOW WHAT REALLY GRINDS MY GEARS? Que la prensa siga describiendo sesiones de fotos de la calata de turno con la palabra «infartante». O sea, desde Susan León y Olenka Whatyumacaller (me da flojera googlear su apellido) hasta cualquier zorrón del calendario Castrol, es la misma huevada desde 1980. ¿No hay sinónimos? ¿No pueden reformular la frase, por último? Estoy empezando a pensar que infartante actually means «alusivo a cualquier mujer hambrienta de fama que posa para el primer editor pajero que la llame cubriéndose únicamente el pezón con variopinta utilería, esperando que luego algún productor le tire un pan». Phew! Qué bien se sintió eso. Y ya encaminado, evidentemente no me voy a detener, so…

YOU KNOW WHAT ALSO REALLY GRINDS MY GEARS? Los partidos de la selección. No entiendo cómo el país entero se paraliza para ver la misma película. O sea, sé cero de fútbol and even I know the score. Siempre ganan el primer partido, de lo que sea, la copa que sea, contra el país que sea. Basics and lessers alike se unen en un coro de «ooh, aah» y esperan impacientes el retorno de la gloriosa selección a un siguiente encuentro, donde, por supuesto, pierden. La gente grita, llora, se jala los pelos and I’m, like, did you honestly not see this coming? Luego vienen las calculadoras y la hinchada saca su Baldor para ver si es «matemáticamente posible» que aún lleguemos a lo que sea que tenemos que llegar. O sea, básicamente, rogamos que la incompetencia de los otros países sea tal que aún tengamos a fighting chance in hell. PS: ¿Empiezas a ver un patrón de comportamiento, peruano? En fin, luego salen, pierden de nuevo, algún tabloide publica una foto del Zorrito no-sé-qué chupando con una meretriz y la gente sufre y se queja de que «por eso pierden, para eso les pagan», etc, etc. Tipo, amigos, nueva cábala. Qué tal si la próxima vez NADIE los ve. Fácil si no los ven hasta el último segundo, la hacen.

YOU KNOW WHAT, TOO, REALLY GRINDS MY GEARS? Los putos #hashtags en Facebook. Facebook solía ser un lugar hermoso, ahora cambia cada tres segundos para incorporar cosas que funcionan en otras plataformas sin ningún criterio por temor a dejar de ser relevantes. Personalmente, espero que nunca lleguen a implementar las monstruosidades que se vocean, como poner publicidad en mi perfil o poner video ads con autoplay en mi página de inicio. Who are you, MySpace? Get it together, Zuckerberg. Aunque, NO, what really, really, really grinds my gears es la gente estúpida que todavía sigue invitándome a jugar Candy Crush o que se pone de status «si no comparten este mensaje, Facebook dejará de ser gratis». Have you ever heard of Google, bitches? GOOGLE THAT SHIT antes de compartirla y hacer el ridículo. En serio. I cannot at you.

Finalmente, YOU KNOW WHAT REALLY, TRULY GRINDS MY GEARS, THO? This bitch.

Back to you, Tom.

Sin título

Tres párrafos sueltos de momentos diferentes conversando.

 

No, realmente no lo recuerdo. Quizá algunos chispazos, pero no realmente. Tenía solo cuatro años. Recuerdo muchísimas personas, rodeándome como torres. Miraba hacia arriba y sus rostros deformes me decían que algo estaba mal. Sentí la gravedad de la muerte sin saberlo, estaba en el aire. Es mi primer recuerdo. La sirena de la ambulancia y la eficiente y agitada carrera de los paramédicos electrizaban el ambiente. No era normal. Alguien me abrazaba en una esquina, cubría todo mi cuerpo con el suyo y lloraba. Lloraba y me peinaba con sus lágrimas. A veces no sé si lo soñé, ya más grande, cuando me enteré de lo que hice. Encuentro difícil de creer que un niño tan pequeño pueda recordar  algo así, pero la forma en que todo oscureció de pronto marcaría a cualquiera, supongo. Si alguna vez tuviste un sueño que se transformó en pesadilla sabes a qué me refiero. Es… como una caída brusca en espiral en pleno eclipse. En un segundo, toda la luz se escurre y el corazón te late más y más fuerte, porque sabe que algo horrible está pasando, pero no puede ver qué es. Das vueltas y vueltas tratando de descubrir la maldad detrás de ti, hundiéndote más y más. Usualmente ahí es cuando despiertas, pero, en mi caso, fue allí donde me quedé dormido. Pronto lo olvidé, como un mal sueño. «Un único tiro en el pecho«, decían los reportes. Nadie había querido decírmelo.

A mi derecha, un grupo de hombre jóvenes hacen ejercicio en las barras públicas del parque. La energía que emanan es tan diferente a la del resto de personas en el parque. Son como animales, hermosos y ágiles, saltando unos encima de otros en espectacular sincronía. Son movimientos coreografiados y viriles, no una carrera desesperada por verse bien como los hombres que pasan a toda carrera con sus polos de maratonista y sus chips en la zapatilla. Ellos lo disfrutan y yo los disfruto. Es un espectáculo intenso. La belleza de la juventud es lo único que me distrae de la calma del mar. «No eres de las personas que pueden no hacer nada», me dijo. «Me temo que si dejas de hacer esto, no encontrarás algo nuevo que hacer. No lo buscarás siquiera, simplemente te dejarás ir». Me conoce bien. Sabe que soy de los que necesitan nadar para no hundirse. ¿Pero vale la pena seguir nadando cuando estoy tan cansado? ¿Y qué si quiero flotar, cómo sabe que no puedo?

Al regresar a mi piso, siento que todo está resuelto. La decisión está tomada. Lo dejaría todo por la oportunidad de liberarme, de sacarte de mí, de olvidar la muerte de mi padre. Siempre lo supe. Eventualmente tendría que escribir un primer libro y terminaría siendo sobre ti. Qué numerito has montado. Qué largos y robustos son los hilos que has tejido alrededor de nuestras vidas. Te llevo como un tatuaje en la nuca, sólo otros pueden decirme que aún estás ahí. Como anoche, cuando mis amigos me hablaron de ti. O hace un momento, en el parque, cuando ella me preguntó si sabía algo de ti, si te había vuelto a ver, si me había enterado de tus deudas. Debo confesar que tengo miedo. Me aterra que todas estas charlas sean la antesala de la guerra que nos debemos tú y yo. Te siento, como un animal que palpa el peligro que vibra en la tierra. He dicho demasiado, me he reído muy fuerte y quizá haya traído de regreso al monstruo que hace tantos años dejé atrás. Esta noche no podré dormir, así que mejor será empezar desde el comienzo. Y si no lo termino, si me hundo antes… pues, qué suerte la tuya, ¿no?

El riesgo de ahogarse por la oportunidad de respirar… yo lo tomaría.

 

Hombres de verdad

A quick thought en los últimos minutos del día internacional contra la homofobia. Hace no mucho tuiteé lo siguiente: «Oigan, tengo algo que decir sobre la santidad del matrimonio, pero creo que un hombre casado puede decirlo mejor». Acompañando ese tweet, una captura de pantalla de Grindr (si no saben qué es, yo no se los voy a decir) donde un fulano me decía que era bi, closet y casado y que quería conversar. Probablemente lo peor que haya escuchado en la vida. No solo por lo que decía sino por el desparpajo con el que lo decía. Evidentemente, lo bloqueé.

Mañana asistiré a la boda de una amiga de la universidad, como he asistido ya a muchas otras (porque cuando se llega a cierta edad, las bodas son los nuevos «quince»). Conozco al novio lo suficiente para saber que mi amiga no sufrirá un percance similar. Pero, ¿saben qué? Tengo ya varias amigas casadas y las apariencias engañan, ¡así que no pondría las manos al fuego por ninguno de sus maridos! En poco más de un mes mi propia hermana se casará y no puedo evitar pensar lo indignante que sería enterarme que su esposo está en Grindr tratando de levantarse alguna zancuda with low morale. Probablemente lo atropellaría. Así como le sacaría la mierda a cualquiera que engañara así a alguna de mis amigas. Maridos en Grindr, pues. What the actual fuck.

Pero ahí está, pues. Eso es justamente lo que consigue la homofobia. Eso y una ruma de cadáveres de chibolos que prefirieron matarse a sufrir abusos injustos por el resto de sus días (sin saber, probablemente, que esa mierda no dura toda la vida). So there, sigan diciéndole a sus hijos que «no pueden ser gays», que «está mal». Si ese hijo resulta ser gay, crecerá traumado, aterrado, pretendiendo ser un hombre heterosexual y se casará con alguna hija de alguien en una conmovedora boda religiosa, que no significará una mierda, y esto nunca acabará. ¿»Lo que dios ha unido que no lo separe el hombre», dices? No te preocupes, lo separará el otro hombre que el primer hombre se come on the side.

Pero enough about breeders, porque ahora voy por ti, zancuda. Lo peor de todo este episodio, para mí, es que este sujeto pretendía que yo lo comprendiera. Que dijera «pucha, pobre, qué duro debe ser» y me compadeciera. Bueno, verga. Me parece un maricón de cuarta y no le tengo una onza de simpatía. Pero me hizo pensar en cuánta estúpida sí debe pensar «ay, bueno, le voy a hablar hasta que me enseñe foto y si está bueno, a la mierda». Cabras, have some self respect! Meterse con estos douches, por más buenos que estén, es igual de (o incluso más) homofóbico. ¡Es darles la razón! Es decirles «sí, tienes motivos para esconderte». Es apoyar esa conducta cobarde y cruel, es darles excusas para quedarse en el closet, mentirle a su mujer y seguir con esa doble vida que encuentro repugnante. Si ustedes creen que no tenemos de qué avergonzarnos, ¿por qué le permiten esconderse? We can’t let them have their cake and eat it too. Así no funciona.

Ahora me dirán «but what about bisexuals?» y yo responderé hold. My fucking. Unicorn. Pero en fin, aceptaré la premisa de su existencia, solo por no caer en discriminaciones and for the sake of argument. De acuerdo, hay bisexuales. Ya, todo muy bien, ¿pero saben qué? Si ya decidieron por el sexo opuesto y se casaron, ¡piña, pues! Ya está. You made your conyugal bed, now fuck in it. Esto en realidad se aplica a cualquiera que haya asumido el compromiso de ser fiel, independientemente de su orientación sexual. Si ya le prometieron fidelidad a su pareja, no pueden estar en fuckin’ Grindr o prowling around the office viendo qué ejecutiva o interno se van a tirar. Ya decidieron, ya le prometieron algo a alguien y si quieren romper su promesa y empezar de nuevo, bravazo, existe el divorcio. Pero no engañen a la otra persona, that’s just messed up.

Bueno, nada, piénsenlo seriamente porque así está la situación hoy en día. Ahí están sus hijos, sus maridos. En Grindr. Y no faltará la zancuda con cero autoestima que les atraque. Ahí está, el teatro de la represión unfolding before our very eyes. Eso es lo que sus colegios religiosos y sus temores injustificados han logrado, criar hombres de mentira (y seguramente mujeres también). Bet you wish society was a LOT more liberal now, huh? Bad people, bad people!

 

Dios es peruano

Esta mañana recibí un correo de Universal Assistance, la aseguradora «amiga» del Centro de Solicitud de Visados para España con la que puedes contratar (por default) el seguro de viaje obligatorio para obtener la visa Schengen. El subject: «Viajá a conocer al Papa con un 25% de descuento en tu asistencia al viajero». Mi primera reacción fue ir hacia el final del correo para anular mi suscripción porque evidentemente no me conocían en lo absoluto, pero no encontré el enlace en la pantallita roñosa de mi iPhone. Luego, ya sentado en mi oficina, me di con un triste retweet que anunciaba el fin de la cruzada de Gisella Orjeda, presidenta del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec), contra la presencia abusiva de parafernalia católica en lo que debería ser la casa nacional de la Ciencia. Si lo es o no, ese es otro rollo. Anyhoo, el ‘tuit’ (odio la castellanización de esta palabra, btw…) iba acompañado de la fantástica columna de Pedro Salinas, la cual devoré en dos segundos y me recordó lo mucho que me molesta este tema y cuánto tengo que decir al respecto. So here goes.

Ah, para el beneplácito de cierto lector que siempre me reclama que mis posts son muy largos, voy a poner subtítulos y cositas. You know who you are.

Génesis

Vamos al principio, así si no lo leyeron los pongo al día. Hace algunos días, la presidenta del Concytec envió un correo masivo a sus trabajadores pidiéndoles de la forma más políticamente correcta del mundo, y esto hay que aplaudirlo porque se deslizó por el campo minado de la fe con la más notable destreza, que dejen de llenar un recinto dedicado a la Ciencia y el pensamiento analítico de altares y figuritas que indican todo lo contrario. En mi opinión, el único error de la doña fue revelar que el detonante de ese correo fue recibir socarrones comentarios de visitantes extranjeros que encontraban divertidísimo que la casa de la Ciencia le rindiera culto a una deidad (¡que lo es!). Porque, además de estar dotado de una fe irracional, el peruano común es xenofóbico. No porque sea racista (que también lo es), sino porque tiene un complejo de inferioridad tan pendejo frente al extranjero que cualquier observación que venga de afuera, que «no sea peruana», es recibida con golpe (o revistazos o jaladas de pelo o demás salvajadas que ya vimos en el caso del embajador ecuatoriano). PS: about that, you might wanna read este increíble post de mi siempre ocurrente amigo RUF. Now back to ME.

Anyway, si bien el común de los mortales de este país no la iba a apoyar, con ese faux pas terminó de sellar su destino. Si solo hubiera dicho que no tenía sentido que hubiesen imágenes religiosas en un lugar de Ciencia, sin mencionar la burla foránea, QUIZÁ (and that’s a big ass ‘if’) podría haber apelado al ápice de raciocinio que tiene todo ser humano y los hubiera hecho pensar «bueno, sí, pues, tiene sentido». Pero no, tuvo que decir eso y arruinar cualquier posibilidad de ser entendida. El fervor acalorado y el nacionalismo patriotero (que ha creado presidentes, amigos, no se olviden) del peruano promedio se le concentró en algún apéndice (que yo no debo tener porque no lo entiendo) y toda razón abandonó el edificio. Calculo que es como cuando toda la sangre se te va al pene, así tal cual. En fin, como era de esperarse, salieron todos los anormales a llorar por sus libertades supuestamente vulneradas, por su dios vilipendiado y su profunda honra católica herida.

Bueno, señores, son todos ustedes unos salvajes. No se han detenido ni medio segundo a entender lo que se les estaba pidiendo realmente. Nadie les ha dicho que no pueden expresar su fe, pero no hay necesidad de transformar todo lo que tocan en una capilla. Es su lugar de trabajo, por favor, ¡que además es del Estado! Un Estado que es laico, aunque les joda. Y que no es laico porque sea ateo u odie las manifestaciones religiosas, sino porque está obligado a ser justo con todos, a respetar todos los credos y la falta de ellos por igual. Eso quiere decir que o TODOS cuelgan sus figuritas en todas partes o NADIE lo hace. Para llevar la fiesta en paz y no ofender a nadie, lo lógico es que sea política nacional que nadie lo haga. Eso no promueve el ateismo ni mucho menos, ¿a qué le tienen miedo? Por último háganlo en su casa, vayan a misa todos los días si tanta falta les hace ver sus dolorosas estatuas, pero no intenten forzar la presencia del catolicismo en todas partes. Mucho menos en una entidad estatal. Eso es una falta de respeto, una presunción abusiva de que a todos nos importa su religión. No es así.

La Santa Imposición

No pasó mucho tiempo antes de que la Iglesia Católica — a través del atroz Cipriani, asumo —, metiera su cuchara y presionara a la cabeza del Concytec a retractarse y dejar sin efecto la única ordenanza (al menos que yo recuerde en mis 28 años de vida) que defiende abiertamente la laicidad del Estado. Efectivamente, el viernes salió la pobre mujer a decir que lamentaba haber sido malinterpretada y que «Concytec, en ningún caso, interferirá con el ejercicio individual de la libertad religiosa de sus trabajadores». Me pregunto qué habrá pensado realmente la señora Orjeda, sabiendo tan bien que esa jamás fue la intención del pedido. ¡Además lo había pedido con tal elegancia! Se había cuidado de todos los pitfalls (excepto el que les dije hace un rato). Pero no contaba con el real alcance que tiene el músculo de la Iglesia Católica en este país. Probablemente se haya sentido muy desilusionada slash asombrada. I know I am. «Peor de lo que pensé», debe haber dicho. I know I did.

Señores, la influencia que tiene esta gente sobre todo lo que acontece en el país debería darnos miedo, no aliviarnos. Yo entiendo la necesidad espiritual de sentirnos acompañados, vigilados, cuidados por un poder superior. Sobre todo cuando se tiene muy poco. Porque no es ninguna coincidencia que los más pobres sean de los más fieles (sino de dónde creen que salió la palabra «por-dios-ero»). Qué horrible sería la vida de tanta gente si tuvieran que vivirla en la más absoluta miseria y sin consuelo alguno, sin ninguna esperanza de que haya algo más, alguien más que velará por su alma cuando termine el suplicio y pasen «a una mejor vida». Eso lo entiendo, se siente bien. También lo entiendo de quienes no viven en situación de pobreza, son personas inteligentes y simplemente anhelan una conexión espiritual con algo que los rebasa, algo más grande que ellos mismos. Lo entiendo. Incluso a mí me gusta pensar que Godney me está cuidando desde su palacio marciano de Oops, I did it again! y espero que entiendan y respeten mi fe, no que la compartan. Por eso no voy llevando estatuas de cera de Britney ni juzgando a quienes no escuchan su santa palabra. Well, I secretly do, but I keep it secret! Ese es el punto. Es algo suyo, personal, y por más que lo compartan con millones de personas, no lo comparten con toda la nación. Hay espacios para rezarle a cuanto dios tengan, pero no pueden invadirlos todos. No pueden imponer el criterio de su religión a todos los aspectos de la sociedad. We, the people, will not stand for it.

¿Gracioso, no? Un amigo tuiteó las diferencias entre las primeras líneas de nuestra constitución y la de Estados Unidos. «We, the people«. Me encanta. Podrán ser unos psicópatas pero practican una democracia más ceñida a la verdad. ¿Saben qué dice la nuestra? «EL CONGRESO CONSTITUYENTE DEMOCRÁTICO, INVOCANDO A DIOS TODOPODEROSO…». Así, en mayúsculas, además. Después dice algo del mandato del pueblo y las generaciones sacrificadas de la patria, but I’m gonna stop you right there, Constitution. Quiero dirigir la atención de todos hacia esas ocho primeras palabras para que quede clarísimo, en blanco y negro, cuánto pesa realmente la Iglesia (ojo, la Iglesia Católica, la única Iglesia según este país de mierda) en el Perú. Ni siquiera voy a empezar con el tema del aborto, que al fin y al cabo es un tema delicado y no tengo una posición fuerte ante el tema, ni con el matrimonio gay (tema que ya traté, además) porque me da flojera y es muy controversial para la hora del almuerzo. Solo quiero que vean eso y piensen. Qué derecho tiene esta gente sobre otras religiones o sobre gente que no profesa religión. ¿Quién les dio la autioridad, Dios? A ver, me lo traen y le preguntamos. Debe ser un tipazo además, en teoría me cae muy bien. No, señores, no está bien.

Saved!

Así que el Concytec se hinca y regresa el status quo donde un único grupo religioso impone sus visiones arcaicas sobre todo un país. Ya ni siquiera podemos decir que es de forma soterrada. Ahora ha sido más claro que el agua. Concytec called you out, loud and clear. Intentó ejecutar la teoría de un Estado laico y la respuesta fue un rechazo ensordecedor. Claro, así sí te gusta, ¿no, católico de mierda? Y si alguien amenaza tu hegemonía, llorarás nuevamente que te imponen un ambiente laboral hostil donde no puedes expresarte libremente. Oh, how deliciously fiendish! Por estas cosas y no por tus creencias es que el mundo se ríe de ti. Yo me río de ti. Te lo mereces. No me río de los católicos que guardan la fe donde debe estar, en su espíritu, y la sacan donde corresponde. No rechazo a un católico que vive su credo sin imponerlo, que entiende, que escucha. No podría, ¡qué gente tan noble es la que puede reconciliar una religión tan cavernaria con la vida moderna y sentirse bien, sin juzgar o herir a quienes no la comparten! Pero del extremista, del homofóbico, del animal de mierda que pretende dictar la vida de todos sin justificar sus argumentos, de ese me cago de risa. Porque si no puedes retroceder sobre tus pasos más atrás de la Biblia en una discusión, eres una bestia peluda. El mundo seguirá avanzando y tú te seguirás quejando. Da lo mismo si avanzas con nosotros o no, igual no nos queda otra que arrastrarte como el yunque social que eres.

Ooh, so angry! No quiero terminar con el hígado en la mano, so riddle me this, amigos (y con esto entenderán mi posición). La crianza católica que hemos tenido la gran mayoría de peruanos por los siglos de los siglos ha generado en muchos de nosotros una clarísima y cuadriculada noción del bien y del mal, ¿verdad? ¡Muy bien! Pero no todo lo que nos dijeron que estaba mal lo está, ¿no? Para muestra, un botón. Ser gay (c’mon, you knew it was coming!). Nos dijeron que era una abominación, ¿verdad? Bueno, yo no me siento abominable, la verdad. No he matado a nadie. No he robado (bueno, I went a little Winona in my youth, but it was just a phase!). No he cometido ninguna atrocidad, al contrario. Me he enamorado. He sido muy feliz con un chico a mi lado. Nos hemos preocupado el uno por el otro, hemos celebrado nuestros cumpleaños, yo le hice compras alguna vez, él me regaló un clavel un día cualquiera. ¿Qué parte de eso está mal? ¿La parte en que hacemos el amor? ‘Cause it felt pretty damn good, let me tell ya!

Sin toda la innecesaria carga negativa que esa gente obtusa le puso a ser gay, mucha más gente se sentiría tranquila de vivir su vida como le nace. Godney knows I wouldn’t have had to endure the crippling fear of being rejected just for being my-fucking-self! No tenía por qué pasar por eso, la verdad. No tienen ningún derecho de hacer sentir tan mal, tan alienado, tan maligno a un pinche niño. Al final me chupó un huevo y desarrollé la coraza de fierro que tengo hoy (que no necesariamente me hizo bien), pero mucha gente no lo logró. Cuánto huevonazo se quedó en el closet por miedo. O dan pasitos tímidos adentro y afuera. O, peor, se casan (con chicas que podrían ser SUS hijas, hermanas o amigas, amables lectores), pasa algún tiempo, se instalan Grindr y me preguntan si quiero «conocerlos». ¿Para eso criaron a sus hijos así? ¿Para eso los metieron al colegio religioso carísimo, para infundirles terror de ser ellos mismos? I got news for you, fue por las huevas. La gente es lo que es and you can’t pray it away.  Por favor, piensen. Están criando muñones, gente incompleta, aterrada de vivir. Yo no tengo hijos y por ahora me interesa poco tenerlos, pero si los tuviera, me gustaría que fueran felices. Déjenlos ser quienes son, quiéranlos por lo que son, enséñenles a ser gente, tolerantes, considerados. Créanme, that’s how you really save their soul.

 

#Top15: Cosas que aprendí de Clueless

Amigos, he tenido unas semanas THRILLER. So dramatic and emotional! Me he visto obligado a aceptar que estoy en un punto crítico en mi vida, in an actual make-or-break scenario. Hay mucho por hacer y para todo habrá tiempo, pero todo este soulsearch me está desgastando. I’m, like, over it. Así que voy a romper la densidad de mi vida con banalidades divertidas, como quien hace hora antes de lo inevitable.

No sé si saben, pero tengo una terrible debilidad por las películas protagonizadas por mujeres fabulosas. Si son fabulosas desde la secundaria, mejor. Puntos extra si, además, son películas noventeras y por ende de mis formative years. Efectivamente, Heathers (no es noventas pero casi), The Craft, Empire Records, Cruel Intentions, Jawbreaker, 10 things I hate about you y decenas más han sido parte de mi formación, pero pocas me han marcado tanto como la más épica película adolescente de los 90, Clueless.

Juro que Clueless me enseñó todo lo que necesitaba saber de la vida. I’m not even kidding. Me preparó perfectamente para lo que vendría después de la pubertad (que en 1995 aún no había alcanzado). No sé ustedes, pero yo aún cumplo a cabalidad algunas lecciones del impecable guión de Amy Heckerling to this very day. Con ustedes, mis 15 lecciones favoritas, las que todavía cumplo o jugaron un papel importante en mi vida, de la mano de la nunca tan fantástica y blonda Alicia Silverstone y compañía. Hope you enjoy!

 

#15. Educación vial: saber manejar is about the coolest thing ever, pero hay que hacerlo bien.

#15.1. Aunque solo necesitas aprender a estacionar para dar el examen, tbh.

#14. Política: The government SHOULD get to the kitchen. El mundo es libre.

#13 Cultura general: Hay muchas joyas acá, pero tres se me quedaron por siempre. ¡Y kudos a la película porque me hizo buscarlas!

#13.1. Literatura: «To thy own self be true» (y que hay mucho pseudo intelectual pretencioso).

#13.2. Arte: la obra de Monet.

#13.3. Latín: «Carpe Diem, ok?» (no había gif :c)

#12. Tecnología: El futuro es digital (y también estaba escrito para Alicia Silverstone).

#11. Persuasión: TODO es negociable, hay que saber cómo.

#10. Autoestima: A veces un cambio de look sí ayuda (and it makes Di so happy!).

#9. Anatomía: Miren la mano de Tai. Cambió mi vida.

#8. Seguridad: No puedes sacar el celular en cualquier parte.

#8.1. Y si ya estás en esa situación, caballero. It’s not worth it.

#7. Orientación sexual: Existen los gays.

#7.1. I was SO gay.

# 7.2. But gay is ok! We have the coolest car, the witty catchphrases (hagsville!) and are the life of the party.

#6. Drogas: «It is one thing to spark up a dubie and get laced at parties, but it is quite another to be fried all day».

#5. Relaciones interpersonales: Three lessons that will stand the test of time.

#5.1 El lenguaje corporal es importante.

#5.2. And it goes both ways…

#5.3. Cuando te dicen que llamarán al día siguiente y no lo hacen, no desesperes. Their bio clocks are set to Boy Time.

#4. Crushes: We will all meet someone and have that ONE song…

#4.1. Que eventualmente se convertirá en esto.

#3. En general: This hand gesture. Multipropósitos.

#2. Amistad: we all need that ONE true friend that makes life fabulous. Keep them.

Y mi regla de oro, la más importante, la que nunca olvidé y siempre he cumplido…

#1. Fiestas: «Always make a lap before you commit to a location». 

‘K, love ya, bye!

Bubblegun

Antes de empezar: Escribí esto hace varios años, como parte de otro proyecto, y no he querido editarlo (demasiado). Podría haberlo recortado, es cierto, pero el exceso de detalles es lo que me gustó al releerlo. Me sorprende, me parece tierno (y no recuerdo la última vez que usé esa palabra para referirme a mí mismo). You may not find it as interesting, but you’re still welcome to it.

 

A Brian Molko por el título perfecto.

 

 

En ese momento no lo pensé, pero en realidad era algo importante. Estoy seguro que él tampoco lo pensó, simplemente lo hizo. Quizá luego, mientras caminaba a lo que podría ser un Denny’s o un Wendy’s o cualquier diner de carretera, se detuvo a pensar en ello, no le dio mucha importancia y siguió. Yo tampoco y seguí girando mi dedo sobre Madonna, las Spice Girls y La Macarena. «Tiene que ser», pensé. ¡Con ese playlist no había forma de que no lo fuera! Había algo en él, en nosotros. No iba a cambiar nuestras vidas, pero sería rico mientras durara. Estaba súper inquieto, esperando que volviera.

Cuando aterricé en Miami tuve esa sensación que siempre tengo cuando viajo. Posibilidad. Todo es una puerta abierta, todo me está esperando. Caminé por el aeropuerto con la cabeza en alto y respirándolo todo a mi alrededor, me sentía imparable… hasta que un policía de aeropuerto me detuvo. De pronto, the third degree. Por qué estoy solo, de dónde vengo, a dónde voy, a quién conozco, quién es Tori Amos, cuánta plata tengo, por qué tengo tantas tarjetas de crédito, en qué trabajo, por qué tengo brevete, qué edad tengo realmente, cuánto gano, de qué lado me cuelga. Needless to say, ese rent-a-cop me sacó de mis casillas y me puse tan atorrante como pude. En retrospectiva quizá no fue la mejor de mis ideas. Anyway, después de una larga y lograda imitación de la Paris Hilton peruana, finalmente pregunté, volteándole los ojos, «¿me puedo ir ya?». Me dejó ir.

Fuera del aeropuerto, caí en cuenta de que no tenía la menor idea de por dónde empezar. Había pasado más de una hora, había perdido el bus que pensaba tomar, no tenía los horarios de los que le seguían ni un teléfono al cual llamar. En la calle, llovía. Empecé a sentir un poco de pánico en mi soledad. Llamé a José Carlos, que estaba trabajando en Miami desde hacía unos meses. Su voz, profunda y aguda a la vez, fue una cosquilla en el corazón, un temblorcito en la estructura de mis recuerdos. Cómo me alegró escucharla. Casi podía verlo entrecerrar los ojos y sonreír al caer en cuenta de quién lo llamaba, el amigo gay que se pasó buena parte de la amistad enamorado de él. Conversamos un rato, tenía que irse a trabajar. Le pregunté dónde y me dijo «Pizza Hut», pero con José Carlos nunca se sabe. Encontraba un placer exasperante en decirme mentiras tontas. Con el paso de los años, dejé de preocuparme en si creerle o no. Me daba risa no saber. Le dije que debía tomar un bus a Orlando y que lo vería cuando vuelva. Creo que nunca lo vi.

La lluvia terminó tan intempestivamente como empezó. Me calmó en algo. «Al menos no me voy a mojar», pensé. «A la mierda, iré a casa de mi tía», me dije y tomé la J, que un par de inviernos antes conocí tan bien. Maletín en mano, mirando la ruta con atención. Al llegar a casa de mi tía, dejé la paranoia y me recompuse. Descansé, comí algo, llamé a la estación de buses, al hostal al que llegaría en Orlando y al taxi que debía llevarme a él. Volví a sentir la Posibilidad soplándome la cara, la aventura haciéndome cosquillas, todo estaba listo. Salí a cenar con mi tía y en un abrir y cerrar de ojos estaba sentado en la estación del Greyhound esperando mi autobus.

Miré a la gente a mi alrededor. Harta minoría. Uno que otro redneck me miraba, sacudiendo los bigotes. No estaba preocupado, pero sí aburrido y supuse que lo estaría por varias horas. De pronto entró una pareja mayor, ligeramente obesa (aunque este no es un atributo que resalte en Miami), mirando para todos lados. Detrás de ellos entró su hijo. Mis ojos se abrieron como un par de vinilos. Era un chico flaquito, sonriente, de cabello castaño oscuro y unos preciosos ojos café, tan enormes como sus pestañas. Se le veía bastante joven con su jean pitillo, la camiseta blanca y una mochila a cuadritos pintarrajeada. Un look ligeramente hipster, en una época donde ser hipster era RECONTRA hipster porque aún no existían. Pero él era irrespetuosamente guapo, so I didn’t hold it against him.

De pronto reparé en lo que estaba pintado en su morral. Era una imagen de Regina Spektor, del video «Us«. Mi corazón se saltó un par de beats. ¡Tenía de qué hablarle! Acto seguido empecé a pedirle a Godney que por favor lo pusiera en mi bus. Que se suba a mi bus, que se suba a mi bus, que se suba a mi bus, que se suba a mi bus, que se suba a mi bus, que se suba a mi bus… «The 11:45 bus to…  Orlando… is now boarding at gate 2«. ¡Que se suba a mi bus, que se suba a mi bus, que se suba a mi bus! En todo ese tiempo, mientras pateaba mi maletín hacia la puerta de embarque, no le había quitado la vista ni un segundo. Sus padres me miraban. No me importaba, yo lo miraba a él. El mocoso bello seguía su camino hacia la terminal y sí, se dirigía hacia mi bus.

Cuando nos acercamos al bus, me puse detrás de él. Subimos y todos se fueron hacia el fondo (algo que yo jamás haría porque lo odio; además quería estar cerca del chofer, por si acaso). Él no se sentó de inmediato. Estaba evaluando los asientos delanteros buscando el mejor. Yo hice lo mismo. Mientras nos acomodábamos hice todo lo que pude por hacerle notar que veía su mochila. Finalmente me miró mirarlo. «Is that… Regina Spektor on your bag?», pregunté. El niño arqueó las cejas con sorpresa y sonrió, se le veía más lindo aún. En ese momento noté sus labios, en los que no había reparado antes. Súper lindos, rojos y carnosos. «Yeah! You like?», me dijo. «I love!», respondí. «I’m actually on my way to Atlanta to see her live». «Ha! I’m on my way to Orlando to see Tori Amos». La coincidencia nos acercó, pero no nos habíamos animado a sentarnos juntos. «I’m Jake, by the way».

Luego de una parada – en la que se subió una camionada de X-Zibit lookalikes -, se hizo evidente que conversar de asiento a asiento sería bastante incómodo y eventualmente imposible, pues el bus se llenaría. Le hice una seña con la cabeza, un deseo desesperado disfrazado de un sutil «ven». Me sonrió y se sentó a mi lado. Yo me derretí y así empezó el viaje. Conversamos de música, conciertos, videos, de Regina, de Tori, de mi viaje, del suyo. Le dije que acaba de ver a Björk en mi país y que había sido espectacular. Le enseñé videos que tenía en mi celular, se asombró del rugido de la gente, que se comía la potente voz de la islandesa. No podía dejar de verlo. Era demasiado lindo el csm. Lo más cute era su manía. Cada vez que me sorprendía mirándolo – que, no point denying it, era seguido -, hacía la cabeza un poquito hacia atrás y me guiñaba un ojo, todo en un rápido movimiento. Me babeaba jo-di-do cada vez.

Sacó su iPod y vimos un concierto completo de Regina Spektor. Me iba hablando de cada canción, de por qué le gustaba, de cuántas veces la tocaba, de que él tocaba el piano y yo me comía cada palabra como chocolates que se deshacían en mi cerebro. Hablamos de mi país, de si alguna vez había ido, de cuántas veces había ido yo al suyo, de si conocía a alguien en Orlando, todo lo que una persona le preguntaría a otra en nuestra situación. De pronto, un tipo que estaba, aparentemente, muy aburrido atrás se sentó delante de nosotros y nos empezó a hablar. LO ODIÉ. Cada vez que abría el hocico y me robaba su atención, lo odiaba más. Cada vez que Jake me miraba mirarlo y me guiñaba el ojo moviendo la cabeza, volvía a ser feliz. Diecinueve años, ¡mi karma de la época!

Después de un largo rato de ser interrumpidos por el tipejo ese, apagaron las luces y todos dejamos de hablar. El tipo se acomodó para dormir, pero continuaba hablando de rato en rato. Jake escuchaba su iPod; yo, mi cel. Habían pasado varios minutos, quizá una hora, no lo sé, cuando el bus paró intempestivamente y subió un oficial de Homeland Security. «I need to see some ID’s«, nos ordenó, con ese tono de tombo gringo, que aguanta la respiración y escupe ruidos cortos, aglutinados. Yo saqué mi pasaporte y sonreí. Me miró. Me volvió a mirar. «Pe-ruh«, sonrió. «What brings you to America?«, indagó. «I’m going to a concert in Orlando the day after tomorrow«, le dije entusiasmado. Me devolvió el pasaporte sin mucha ceremonia y siguió su recorrido por el bus, que terminó con el arresto de dos jamaiquinos. So dramatic. Jake me guiñaba el ojo moviendo la cabeza.

Volvimos a conversar, ya sin las interrupciones del tipo de adelante. Me dio un audífono de su iPod y me enseñó lo nuevo en su colección. Luego me dejó buscar lo que yo quería. Se puso un hoodie azul, se echó la capucha encima y, ya que yo seguía antento todos sus movimientos, me miró y me sonrió. ¡Qué lindo era! Estaba hechizado. Seguimos escuchando música hasta la siguiente parada. El anciano chofer anunció que teníamos 15 minutos para ir al baño, comer, caminar o fumar. Acto seguido, se bajó. «I’m gonna get something to eat, want anything?«. «I’m good, thanks«. «Oh, you can keep it ‘til I get back«, me dijo, señalando el iPod. Asentí, guiñó el ojo y se bajó. Lo miré por la ventana. ¡Tan flaquito!

Le di la vuelta olímpica a su iPod y encontré literalmente de todo. El gusto musical no revela la orientación sexual de una persona… pero se acerca un huevo. Madonna, las Spice Girls y… ¿La macarena? ¿En el iPod de un chico straight? Highly unlikely! Le di cien vueltas en mi cabeza como un lornaza. De pronto volvió, con unas grasientas papitas y una sonrisa. Se sentó bruscamente y me miró, apretando los labios, como un chiquito. «I’m not gonna finish this whole thing so you can have some if you like«. Piqué. Más porque me lo había pedido que por hambre. Volvimos a escuchar música, con breves diálogos entre canciones. «Si fuera gay, ya habría hecho algo», pensé. Súper pavo, yo tampoco hacía nada.

Estaba mirando por la ventana cuando sentí un golpecito en el hombro. «You want?», me dijo, poniendo un paquete de chicles en mi nariz. «Sure«. Al cabo de un ratito, pop. Silencio. Pop. Volteé a verlo, estaba haciendo globitos y mirándome. Morí. Empecé a hacer globitos yo también. No paré en todo el camino, incluso cuando él dejó de hacerlo. Cada vez que reventaba uno, él se reía, ¿por qué iba a parar? «So, listen, we’re gonna be in Orlando soon and, um, do you have a phone number or…?«, le dije. «Yeah! I was gonna say!«, me interrumpió riendo. Me dio su e-mail, teléfono y myspace (calculen qué vieja es esta historia). Antes de darnos cuenta, habíamos llegado a Orlando. Nos despedimos sin pena ni gloria.

En el taxi no podía dejar de pensar en lo churro que era. En lo straight que quizá era. En lo gay que era su iPod. En lo ricas que estaban esas papitas. En lo mucho que me gustó ese demi gileillo. En el papel con sus datos que tenía en el bolsillo. En la inocencia casi escolar que me contagiaba. En lo mucho que marcaba el taximetro. En muchas cosas, pero no reparé en la confianza y naturalidad con la que un completo extraño me había dejado todas sus cosas mientras bajaba a comprar comida.

En ese momento no lo pensé, pero en realidad era algo importante. Estoy seguro que él tampoco lo pensó, simplemente lo hizo. Quizá luego, mientras caminaba a lo que podría ser un Denny’s o un Wendy’s o cualquier diner de carretera, se detuvo a pensar en ello, no le dio mucha importancia y siguió. Yo tampoco y seguí girando mi dedo sobre Madonna, las Spice Girls y La Macarena. Pero esa confianza inexplicable que a veces te despierta un total extraño, tan fuerte como involuntaria, ahora me sorprende. Como dije, muy rico mientras duró, aunque fuera lamentablemente platónico. Por varios días, cuando comía un chicle y lo reventaba, sonreía como un idiota porque tenía su risa en mi cabeza. Pop, Pop, Pop, como una balacera sabor a plátano.

No hay calamidad sin Lima

Hoy me pasó una cosa que considero en extremo desagradable. Hice una buena acción. No, espérense, eso no me resulta desagradable, let me finish. Hice algo que todos deberíamos hacer, nada extraordinario, nada sorprendente. De hecho, sería exactamente lo que se esperaría de mí como ciudadano responsable y considerado, parte de una sociedad civilizada y primermundista. ¿Saben qué hice? Manejando a casa, pasé por el cruce de Salaverry con Alberto del Campo. La camioneta que iba frente a mí volteó a la izquierda con dirección al Golf de San Isidro, misma ruta que yo debía tomar. Para ir en esa dirección hay que cruzar la ciclovía de Salaverry. Ya que la persona que estaba delante mío ocupaba un buen chunk del camino, yo decidí quedarme más atrás, manteniendo libre una de las pocas vías para ciclistas que tiene esta ciudad. Un ciclista pasó frente a mí con total comodidad, el pequeño strip verde destinado para él estaba, in fact, desocupado. Luego tuvo que sortear a los otros cinco animales que esperaban del otro lado. No bien cruzó el ciclista frente a mi auto, un taxista que venía en sentido contrario me hizo señas. Quería que ocupe el metro cuadrado verde que estaba frente a mí. Dibujé con el dedo índice una línea horizontal imaginaria que iba y venía de izquierda a derecha, indicándole al taxista que había una ciclovía que no pensaba ocupar. Él me hizo la misma línea, pero hacia atrás, perpendicular a la mía. Entonces volteé. Aparentemente toda la avenida Salaverry me estaba tocando el claxon por no puntear a la camioneta que estaba delante mío. Yo no los escuchaba, Ellie Goulding me estaba susurrando Explosions al oído y nada más me importaba. Tuve que avanzar, se había generado un tumulto porque la gente que quería voltear no supo ubicarse a mi lado o mantener su carril detrás de mí y esperar su fuckin’ turno. No, todos tenían que doblar. Al mismo tiempo, además, así que ocuparon todo el espacio que pudieron y los que querían seguir de frente no podían pasar. Me llegó al pincho. Con crudeza me recordaron cuán lejos estaba de las sociedades civilizadas y primermundistas.

Mientras escribo esto, además, escucho a un enfermo mental gritando fuera de la ventana de mi sala «¡recontra chivo, rosquete!» y me sumerjo aún más en la desesperanza. La sala de mi depa no es ajena al griterío alcoholizado del mamado local. La ventana da a una callecita conocida de Miraflores donde hay un par de bares de exagerado décor. Pero hay que aplaudir el timing de este simio para lanzar su homofóbico repertorio. Justo cuando estoy reflexionando sobre la sociedad retrasada en la que vivimos. Pensando «quizá estoy siendo muy duro con Lima». BOOM! Homophobic slur slaps sense back into me. No, no estoy siendo duro con Lima. Vivo en una ciudad donde hay (¿dos?) ciclovías que imponen cero respeto para el conductor promedio y donde alguien que está borracho un martes le grita a Godney sabrá quién de «marica» para abajo. Pero to each their own, right? No es mi problema, ¿no? Aunque debo reconocer que me sentí tentado a responder «¿sí, diga?» desde mi ventana. However, estoy en pijama y si voy a ponerme mi confrontational weave tengo que verme fabuloso, como para recordarle a esa pobre criatura salvaje exactamente who runs this motha.

Yo no soy un conductor modelo y lo admito. De hecho, si estoy apurado, soy una bestia y me cago en la vida. No obstante, mi resolución de año nuevo para este 2013 fue precisamente ser less of an asshole con los peatones. Ahora, he extendido mi resolución para que acoja a ciclistas. De hecho, cuando salgo a correr por el malecón, hago mi mejor esfuerzo por nunca pisar la franja roja separada para ellos. O sea, hago un esfuerzo consciente por no cagarlos ni cuando voy a pie (aunque, amigos ciclistas, es difícil no usar la franja roja cuando hay tanta vieja cojinova que se arrastra por donde uno quiere correr, you’ll have to excuse me if I step out from time to time). Me cuesta, pero lo estoy logrando. Si veo un cruce que no tiene semáforo, dejo pasar a quienes estén en él (ojo, si hay semáforo lo respeto y espero lo mismo del peatón). Lo peor de todo es que cruzan con miedo, corriendo, «aguantándote» con la mano, mirándote de reojo o peor, con odio porque les acabas de recordar a todos los hijos de puta que nunca les dan pase. Me llega al pincho. Algunos te agradecen con una sonrisa o un ligero asentimiento de cabeza. Eso me encanta. Es absolutamente innecesario, porque ellos tienen la prioridad y yo solo estoy haciendo the decent thing to do. Pero igual me gusta mucho porque me hace pensar que mi mamá estaría orgullosa si los viera.

Si se dan cuenta, lo que estoy intentando hacer no es nada extraordinario. Es lo que se espera o debería esperarse de mí y de todos los demás. No entiendo por qué las ciclovías solo parecen ser visibles para los ciclistas. ¡No es el andén de Harry Potter, hijos de puta, está ahí, pintada de un color diferente al resto de la pista! ¿Qué les cuesta no ocuparla? ¿Van a llegar diez segundos más tarde al próximo semáforo? Gimme a fuckin’ break. Me siento tan impotente y decepcionado cuando veo este tipo de cosas. No porque sea particularmente sensible a las necesidades de los transeúntes y ciclistas, I could care less, sino porque es sintomático de algo inmensamente peor y de mayor repercusión. Piénsenlo bien. Detrás de la salvajada, en la mayoría de los casos, hay una absoluta y total ignorancia sobre lo que están haciendo mal. O sea, ¿ustedes creen que el conductor, taxista o microbusero que se caga en los peatones PIENSA siquiera en lo que está haciendo? Solo lo hace, es parte de cómo funcionan las cosas, es lo que es. Debo asumir que, en teoría, sabe que está mal. O sea, tendría que haberlo paporreteado para dar el examen escrito, aunque sea. Sino no le habrían dado el brevete o eso quiero creer. Pero si lo supo alguna vez, ya lo olvidó. Hoy ni siquiera repara en ello y si intentaras hacerle entender, no podría. La ignorancia ha echado raíces tan profundas en el cerebro colectivo de esta sociedad que ya no puede ni razonar. Ha comprometido el nervio óptico, la ha dejado literalmente ciega al error. Y esto se aplica a tantas otras cosas que sí me afectan y sí me importan, como que se fume todavía en lugares públicos o que las mujeres no puedan caminar tranquilas por la calle o que haya un imbécil gritando «rosquete» debajo de mi ventana. Nadie piensa en nada, nadie cuestiona nada, nadie puede retroceder en sus argumentos más allá de la Biblia. Sin huevadas, es desolador. Lima presta sus cuatro letras a la calamidad, enteritas… y en noches como esta me parece casi imposible que cambie de mentalidad. Pero, ¿saben qué? No hay de otra. A los animales salvajes se les doma a golpes, a la mala, y si las bestias quieren guerra, guerra les voy a dar. Pero con baile. Súper marica.

Encore une fois, WHO RUN THIS MOTHA!!!!!!

 

Joy

«I think of dying all the time, but I’ve got joy to take my side».
Joy – Ellie Goulding

 

 

Desde que tengo uso de razón he sido muy consciente de mi propia muerte. No la he buscado y muy pocas veces la he deseado, pero siempre he sabido que está ahí, caminando a mi lado, esperando que me descuide para llevarme al otro lado. Quizá mi mamá no debió hacerme sentir tan frágil, no lo sé. Creo que yo era el único niño que conocía que llevaba siempre una muda de ropa por si sudaba, «me daba el aire», se desataba mi asma y moría (la cadena de hechos tal cual me fue indicada). Tal hiperconsciencia de mi precario estado de salud hoy me parece innecesaria. Dudo que me haya salvado la vida. Aunque recuerdo algunas madrugadas desesperadas y las carreras al hospital, así que quizá mi asma sí era kind of a big deal y yo sencillamente lo he reprimido u olvidado. No lo sé. Tampoco sé qué tan útil era para mi niñez saber que ya me habían operado del estómago y del corazón antes de los cuatro años. Siempre me hizo sentir extraño. No me preocupaba (porque no lo entendía del todo), pero ya no me sentía infinito. Los niños llevan la fecha de caducidad en la nuca. No tienen como descubrirla a menos que alguien se las diga. Creo que lo mejor de ser niño es precisamente no tener conciencia del tiempo o el peligro, jugar a los superhéroes y creérselo. Me pregunto si habría sido una persona completamente diferente de haber sido (o creído ser) un niño sano.

Igual, ¿cómo podría culpar a mi mamá si se la puse difícil desde el día uno? Para empezar, mi cumpleaños debió haber sido el 4 de setiembre (quienes sepan cuándo es realmente deben estar boquiabiertos ahora). Pero por algún motivo, me rehusaba a nacer. No contento con eso, busqué prevenir cualquier intento de desalojo enrollándome el cordón umbilical alrededor del cuello. So dramatic, right? Según yo, súper profético, hasta que lo googleé y descubrí que la tercera parte de los fetos que vienen al mundo tienen este problema. However, a diferencia de varios de esos mocosos, cuenta la leyenda que mi cordón daba tres vueltas completas y no tenía pinta de querer ceder. So, basically, un parto natural hubiera sido mi marcha al cadalso y hubiese salido performing the Hungarian disappearing act. Pero mi mamá tenía otros planes para mí, así que después de varias semanas  y con ayuda de la ciencia, me sacó a la fuerza un 19 de setiembre. Casi tres décadas más tarde, mis cirugías y variopintos accidentes han sido superados; mis huesos rotos, enmendados; mis partes falladas, corregidas y mi asma, desterrada. Podríamos decir que soy un adulto casi funcional. Sin embargo, a veces creo que nunca pude sacudirme la soga imaginaria del cuello.

Siempre pensé que tenía que haber alguna razón para salir victorioso ante tanta adversidad. Algo o alguien quería que me quede. Claramente mis papás jugaron un papel importante al no dejarme morir en sendas ocasiones, pero eso no podía ser todo. Tampoco podía ser mi hermana, que una vez me sacó del mar cuando me estaba ahogando (estúpidamente, además, porque no estaba that far in, solo que no me podía levantar). No, tenía que haber algo más. Cuando era un buen niño de colegio religioso pensaba que «Dios debía tener un plan para mí». Ahora que la religión y yo nos hemos separado por diferencias irreconciliables, no me preocupo tanto por planes divinos. Pero sigo pensando que, incluso si estoy acá de pura casualidad, debería hacer algo «más», algo que valga la pena, ¿no? La pregunta es… qué. Claramente, no lo estoy haciendo, sino me sentiría más satisfecho, ¡¿no?! Hoy alguien a quien quiero mucho (y me apena terriblemente que no sepa cuánto) me hablaba sobre un tema que «le apasiona». Yo no siento lo mismo sobre ese tema. Or any other subject for that matter, ¡¿por qué?! Otra vez siento el cordón umbilical enrollado en el cuello y la presión por encontrar una pasión antes de caminar hacia la luz. But being in perpetual ennui is very time consuming! No me deja tiempo para mucho más. ¡¿Entonces, qué hago?!

I. BITCHSLAP. MYSELF. ACROSS. THE FUCKING. FACE.

A veces uno tiene que obligarse a dejarse de huevadas y estar bien en donde está. Es, como, ya basta, cállate and just let go. Quizá soy el peor del universo y no me apasiona nada y solo veo negro, pero tengo que confiar en que algún día encontraré mi «true calling«, if I just chill the fuck out. No quiero ni puedo estar pensando todo el tiempo en lo que vendrá o «debería venir» después. Estar vivo hoy en día it’s a miracle in itself y es suficiente para estar contento. Con todo lo que he hecho, todo lo que he visto, todas las veces que me reí hasta las lágrimas o que grité de felicidad en algún festival, toda la gente que me ha querido y me quiere aún… ¿de qué me preocupo? Ya hice algo, estoy haciendo algo. No sé por qué me enredo pensando en lo que «debería» hacer. I already got joy, aunque a veces lo olvide. El resto se ocupará de sí mismo si tengo un poco de paciencia y dejo de cagarla en el camino.